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Reporte
Nacional
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POPOCATEPETL

El coloso impredecible

Eduardo Buendia

El incremento de la actividad volcánica del Popocatépetl durante las últimas semanas ha derivado en que autoridades de Protección Civil realicen labores para informar a la población de los riesgos, aunque algunas de las comunidades más cercanas confíen en que el coloso no atentará contra sus vidas


Abr 4, 2019
Lectura 7 min
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Las decenas de poblados que rodean al volcán Popocatépetl han sido testigos en las últimas semanas del latido de la Tierra.

A la rutina de miles de habitantes de al menos 24 comunidades poblanas que se encuentran entre 12 y 15 kilómetros a la redonda del cráter se ha sumado una actividad más: observar al coloso constantemente por si ocurre alguna explosión.

Cerca de ocho mil habitantes de San Pedro Benito Juárez, se vieron sorprendidos el jueves 28 de marzo. Un estallido nocturno cimbró el piso e hizo que de los hogares salieran familias enteras. A 9 kilómetros, el corazón del Popocatépetl había arrojado material incandescente. En segundos, la roca al rojo vivo provocó incendios en pastizales y un ambiente denso de cenizas que cubrió el aire, los pisos y los campos de esta comunidad.

Pese a la impresión, los pobladores siguieron con sus actividades cotidianas; el Comité Vecinal de Protección Civil no declaró ninguna alerta apegándose a las órdenes de las autoridades estatales y nacionales, por lo que después de la tormenta -de ceniza-, vino la tensa calma.

Después del evento del jueves, el Centro Nacional de Prevención de Desastres determinó elevar la alerta del volcán a amarillo fase 3. Aún con la explosión, el Comité Científico Asesor de esta instancia, integrado por vulcanólogos, sismólogos, personal de salud y protección civil, entre otros, determinaron no evacuar a las poblaciones, pero sí reforzar su tarea de informar a los habitantes de las faldas del volcán sobre una posible contingencia.

La razón del porqué el Cenapred consideró elevar la alerta fue debido a un cambio en el comportamiento del Popocatépetl.

El Cenapred mantiene la alerta en amarillo fase 3 después de la explosión que tuvo el volcán el 28 de marzo

“Durante las últimas décadas el volcán tenía la creación de un domo; después vino una explosión intensa, destruye el domo y después vimos la conformación de otro.

“Este comportamiento había sido cíclico, sin embargo con la pasada explosión (la del jueves) se detectó un cambio en este comportamiento: se destruye el domo y después vienen explosiones subsecuentes. Eso fue lo que detona que se haga un cambio en el semáforo de alerta”, explica Salvador Cervantes, subdirector de Atención a Emergencias de la Coordinación Nacional de Protección Civil.

+42 rutas de evacuación hay alrededor del Popocatéptl

Además de realizar los recorridos en las comunidades para difundir la información sobre los protocolos de seguridad en caso de una nueva explosión de mayor magnitud a la de la semana pasada, personal del Cenapred, de Protección Civil nacional y de los estados de México, Puebla, Morelos y Tlaxcala, realizan la revisión de las 42 rutas de evacuación y de los 607 refugios.

César Flores Sánchez, coordinador estatal de Protección Civil del estado de Puebla, afirma que el trabajo que se realiza para la seguridad de la población se ha llevado a cabo desde antes de que el Cenapred incrementara la fase de alerta.

+600 refugios se encuentran listos para atender a la población en caso de erupción

“No se está atendiendo porque se haya aumentado la fase, se está atendiendo desde antes. Inclusive el 22 de marzo tuvimos un ejercicio de gabinete que simulaba estar en (amarillo) fase 3 y empezamos a manejarnos así, una semana antes de que ocurriera (…) hay que decir que aún así sigue siendo una fase preventiva”, expone Flores Sánchez.

‘Siempre hemos vivido con él’

En las calles del municipio poblano de Tochimilco todavía se percibe en los adoquines de su kiosko principal parte de la ceniza que ha arrojado “El Popo” en los últimos días.

Sin embargo, las personas en este lugar que se caracteriza por producir aguacate, están más expectantes de la feria que se celebrará este fin de semana en el municipio.

“Feria del Aguacate. El 6 y 7 de abril”, dice un anuncio en una de las calles aledañas a la plaza principal de Tochimilco.

Petra González Dávila quien durante sus 48 años ha vivido en esta comunidad, asegura no tener miedo por alguna consecuencia que tenga la erupción del volcán.

“Siempre he sido de acá, nunca he tenido que migrar. A lo mejor unos días por necesidad económica hemos tenido que salir (de Tochimilco). Ya es algo normal para nosotros estar ahí con nuestro volcán.

“De hecho no nos da miedo, siempre hemos vivido con él aunque vemos que se baña de lumbre, pero no nos genera temor. Al contrario, estamos con él. La ceniza para nuestros campos es muy buena”, dice Petra a unos pasos de la puerta de una florería que atiende desde hace cinco años“De hecho no nos da miedo, siempre hemos vivido con él aunque vemos que se baña de lumbre, pero no nos genera temor. Al contrario, estamos con él. La ceniza para nuestros campos es muy buena”, dice Petra a unos pasos de la puerta de una florería que atiende desde hace cinco años

Ella recuerda que en la erupción volcánica de 1996 la autoridad instó a que su familia evacuara su hogar, con el propósito de que se protegiera. Pero, sus parientes consideraron no salir para evitar el saqueo de sus pertenencias.

“A la ciudad a lo mejor sí le afecta, pero a nosotros no”, agrega. La gente de los pueblos aledaños al coloso tiene un sentido de pertenencia hacia él.

Originario de San Pedro Benito Juárez, Andrés Romero Velázquez, relata que nunca ha sido testigo de una muerte por la erupción del Popocatéptl.

“Lo vemos cuando truena, salimos. Del 90 para acá sacó la lumbre (…) No hay temor, Dios está conmigo”, expresa Andrés de 82 años.

El hombre quien todos los días al salir de su casa ve la misma postal que le regala el volcán, dice que los temblores y la explosión del jueves pasado no le sorprendió.

“Que explote, o no, tenemos que morir. Somos pasajeros de este mundo, somos peregrinos”, sostiene Romero Velázquez.

Desde hace 20 años, Roberto Torres Flores es comandante de Protección Civil comunitario de San Pedro. Cuando ocurre una emergencia, él debe actuar llamando a los pobladores: repicando las campanas de la iglesia o mediante un sistema de altavoces que está distribuido en el lugar.

“Una parte de la gente está alarmada; y uno que otro que ya está acostumbrado (a las explosiones). Pero estos días que mandó mucha lava, mucho material incandescente como que ya se pusieron a pensar. Vienen a preguntar a Protección Civil y yo les digo si va a haber evacuación pero que no le crean a otras personas”, comenta Torres de 70 años.

Ricardo añade que durante las dos décadas como encargado de la protección civil lo más difícil ha sido convencer a sus vecinos de la importancia de resguardarse en una contingencia.

“Nos han evacuado a Izúcar (de Matamoros), pero venían los militares y robaban. Entonces por eso muchos ya no quieren salir; los viejitos, principalmente. Pero les digo ‘no’; hay que obedecer lo que nos dicen porque hace bien a nuestra vida (…) hay que respetar al volcán”, apunta.

Sobre la cultura del resguardo de las personas, César Flores asegura que a las personas constantemente les preocupa dejar sus pertenencias y sus ganados, pero que como autoridad estatal no se debe dejar de lado la importancia de prevenir desastres.

“No podemos obligarlos a salir. Sabemos que es un impacto psicológico y social muy fuerte, pero es muy importante establecer que las personas deben seguir las únicas recomendaciones que emita el Cenapred y Protección Civil federal o estatal”, concluye el coordinador de PC de Puebla.


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