Consuelo de miles

La lucha ante la apatía e indolencia en la búsqueda de desaparecidos en Nuevo León tiene un nombre: Consuelo Gloria Morales Elizondo, quien ayer fue reconocida por la CNDH.

La Hermana Consuelo, como todos la conocen en el noreste del país, fue galardonada con el Premio Nacional de Derechos Humanos 2015 que entrega la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

En entrevista para Reporte Indigo, la religiosa asegura que con éste se reconoce a sus colaboradores, pero principalmente a las víctimas del abuso y la violencia en Nuevo León y a sus familias.

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"Es un reconocimiento a todos los familiares, hombres y mujeres que venciendo el miedo (...) se ponen de pie y alzan la voz ”
Hermana Consuelo
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La lucha ante la apatía e indolencia en la búsqueda de desaparecidos en Nuevo León tiene un nombre: Consuelo Gloria Morales Elizondo, quien ayer fue reconocida por la CNDH.

La Hermana Consuelo, como todos la conocen en el noreste del país, fue galardonada con el Premio Nacional de Derechos Humanos 2015 que entrega la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

En entrevista para Reporte Indigo, la religiosa asegura que con éste se reconoce a sus colaboradores, pero principalmente a las víctimas del abuso y la violencia en Nuevo León y a sus familias.

“Este reconocimiento que me da la Comisión Nacional de los Derechos Humanos no es un reconocimiento a mi persona, es un reconocimiento a todos los familiares, hombres y mujeres que venciendo el miedo, el que dirán, y que han sido victimas de injusticias por parte de las autoridades, se ponen de pie y alzan la voz”, dice orgullosa y visiblemente feliz.

La Hermana Consuelo lleva consigo una historia de mil batallas, en las que ha tenido que enfrentar la opacidad, burocracia e indiferencia, defendiendo derechos básicos de la sociedad: de niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Nació en Monterrey, tiene una Licenciatura en Trabajo Social de la Escuela de Trabajo Social Vasco de Quiroga en la Ciudad de México y una Maestría en Derechos Humanos y Democracia por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

Como religiosa pertenece a la Congregación de Notre-Dame, Canónigas de San Agustín, ha sido elegida como presidenta de la Conferencia de Religiosas Mexicanas, con sede en la Arquidiócesis de Monterrey y miembro de diversos consejos ciudadanos.

La galardonada recuerda sus inicios, cuando en 1993 la red de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C (Cadhac) quedó conformado de manera oficial.

Desde ese momento, se han dedicado a atender principalmente a las víctimas de abuso policial y tortura, en su mayoría muchachos.

La Hermana Consuelo no titubea al detallar que, aunque en la Cadhac se preocuparon por aleccionar a los jóvenes en derechos humanos, eso de poco les servía cuando eran detenidos por elementos de la Policía de Guadalupe.

La respuesta era que ellos se pasaban sus derechos humanos por donde querían y los despojaban de sus pertenencias, asegura.

“Algo que nos orilló a trabajar con ellos es que, como usaban los gases (lacrimógenos), algunos jóvenes quedaron ciegos con eso. Y se nos hacían muy ruin”, agrega.

En los años 96 y 97,  Cadhac se metió hasta los penales, cuando las madres de familia acudieron llorando a pedir su ayuda, ante las malas condiciones en las que vivían sus hijos internos.

Pero para la Hermana Consuelo, no es que eso haya sido un acto de valentía. Pues después ella y su equipo se tuvieron que enfrentar a las intervenciones telefónicas y el hostigamiento constante por parte de ministeriales.

“A mi me temblaban los pies cuando venía manejando, yo me acuerdo que yo tenía un bochito amarillo que mi mamá me prestaba y que veo que me empezaban a perseguir de Guadalupe acá.

“Mi pierna izquierda temblaba así. Pero ¿por qué tienes miedo Consuelo? si ellos son los que están mal, no tú. Y hasta que me paré y les dije ‘¿qué quieren?’, y me dijeron, ‘es que venimos protegiéndola’”, cuenta la religiosa sin poder evitar una leve sonrisa.

Crecen junto con la violencia

En Monterrey, la capital de un estado como Nuevo León, considerado de los de mayor crecimiento en México, la búsqueda de la Hermana Consuelo y su equipo creció a la par de la urbe y la violencia.

Entonces, Cadhac pasó de ser un ente de apoyo moral y legal a los internos, mujeres y niños maltratados, a un organismo de investigación de desaparecidos, mediación y elaboración de iniciativas legales.

La religiosa reconoce que al principio no sabían ni a qué ni a quién se enfrentaban. Si se trataba de corrupción policial o delincuencia organizada, lo único que sabían es que tenían que seguir adelante.

Recuerda que fue en el 2009, cuando la violencia se recrudeció en la zona, cuando llegaron los 12 primeros casos de desaparecidos. Eran sobre unos policías de los que no sabían nada desde el 2007.

“Las familias mismas se organizaron, el Gobierno del Estado les había puesto una mesa de revisión de expedientes, y la verdad no habían llegado a gran cosa, cuando llegamos nosotros tampoco a nosotros nos hizo caso el gobierno en turno”, detalla.

Fue hasta el 2011 que durante una visita del poeta Javier Sicilia a Monterrey, cuando tocaron a la puerta del entonces Procurador, Adrián de la Garza, quien prometió encontrar a los desaparecidos.

“Yo la verdad no me la creía, ya tanto me habían dicho que sí y no pasaba nada, que entonces comenzamos a poner plazos para revisar acuerdos y eso es lo que nos ha dado resultados”, reconoce.

Cadhac implementó un método de búsqueda, en el que en lugar de que las familias primero pongan la denuncia ante el Ministerio Público, van a la asociación y mediante información con abogados, son empoderadas.

“Entonces cuando va la familia, ya está revisado el expediente por nosotros, pero además nos sentamos y hablamos con el Ministerio Público”, explica.

Dicho proceso ha sido reconocido por las Naciones Unidas en dos ocasiones, como una buena practica que se puede replicar en otros estados.

Orgullosa, la Hermana Consuelo recuerda que en marzo del 2014, la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León (PGJNL) inauguró el Grupo Especializado de Búsqueda Inmediata (GEBI), que investiga en las primeras 72 horas de haber ocurrido la desaparición, mismo que fue creado por Cadhac y la propia PGJNL.

“Son pequeños pasos que se hicieron, no fueron fáciles, tomaron tiempo de trabajo, de discusión, de reflexión.

“Imagínense ustedes bajar los prejuicios tanto de las autoridades hacia nosotros como de nosotros a las autoridades, o sea ellos decían, bueno y esta monja qué nos viene a pedir, con qué derecho, ni soy abogada”, asegura.

Sus logros, su orgullo

Dentro de los avances de la lucha de la Hermana Consuelo contra la apatía y burocracia, se puede mencionar la tipificación como delito a la desaparición forzada, en diciembre del 2012.

La aprobación de la Ley Estatal de Víctimas apegada a la Ley General de Víctimas, en octubre de 2013.

La elaboración del Protocolo de Búsqueda de personas, mismo que es utilizado por el GEBI.

Este año fue aprobada la Ley de Declaración de Ausencia por Desaparición, por el Congreso estatal.

Y aunque dice que quisiera poder asegurar que encontrarán hasta la última persona desaparecida, sabe que la manera en que los delincuentes desintegran los cuerpos, hace muy difícil la localización.

Próximamente se reunirá con la Cruz Roja Internacional y una asociación mundial especializada en la investigación de desaparecidos, con quienes pretenden afianzar conocimientos de genética.

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