Los nutriólogos del Laboratorio de Datos Contra la Obesidad aseguran que un cambio hacia una alimentación saludable que cuide nuestra salud mental lleva tiempo.

“No estamos hablando de que por comer hoy sano, dejar de tomar refresco un día o dos días ya la depresión se me va a quitar o no voy a tener ansiedad. Este es un proceso donde poco a poco el cuerpo se va adecuando, se va equilibrando. Creo que si tú le prestas atención a tu cuerpo y a tu dieta, son como cariñitos o palmaditas que crean un círculo virtuoso de decir que me estoy cuidando, me quiero, me siento mejor”, afirma el doctor Guillermo Arteaga MacKinney.

El profesor universitario considera que un proceso de cambio de hábitos conlleva tiempo y constancia por parte de quien lo quiera lograr.

La maestra Arianna Omaña, en tanto, coincide en que es importante tener paciencia para hablar de resultados en nuestra salud mental con base en mejoras en nuestra alimentación.

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“Con un tratamiento que sea 100 por ciento apegado a la recomendación nutricional empezaríamos a tener resultados de una manera un poco más permanente al mes de haber iniciado.

Es evidente que no podemos tener resultados en el corto plazo, es decir, en una semana, porque incluso liberarnos de esos productos (chatarra o ultraprocesados) requiere de tiempo”, explica la especialista.

La ingesta de productos ricos en azúcares es lo que más trabajo cuesta dejar, ya que el cuerpo podríamos decir que se vuelve adicto a estos alimentos. 

“Al final del día respondemos al beneficio que te da. Es decir, al consumir un pastelito que disminuya esa sensación de estrés y ansiedad tu cuerpo no codifica la cantidad de grasa y de azúcar que está consumiendo, sino la conducta, que es lo que nos condiciona a que los sigamos consumiendo”, explica.

Es por esta razón que en una dieta los nutriólogos cambian el consumo de grasas para erradicar esta necesidad.

“Cuando tienes un tratamiento nutricional o una prescripción te dicen ‘vamos a cambiar el tipo de grasa’. En lugar de utilizar un pastelito vamos a consumir grasas buenas, que además de darte este beneficio a nivel emocional te van a dar un beneficio a nivel nutricional”, refiere.

Omaña recuerda que a las personas que caen en algún estado de ánimo relacionado con ansiedad o depresión se les restringen algunos alimentos ricos en azúcares y grasas saturadas.

“Incluso a los niños que sufren problemas neurológicos específicos o de conducta, como autismo, o ciertos tipos de neuropatías que se asocian con el estado nutricional y de ánimo, se les quitan estos alimentos”, considera.

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