"Estamos pensando en formar una familia. Lo que nos preocupa es cómo van a tratarla en Mexicali, en qué escuela la podemos poner"

Víctor Fernández

Víctor Fernando habla sin parar, mueve las manos para explicarse, da detalles, nombres, cifras. Usa una camisa a cuadros con un suéter encima. Cualquiera diría que es un profesor universitario.

Del otro lado de la mesa, Víctor Manuel no dice palabra alguna. Se limita a escuchar y a mirar su teléfono. Usa lentes de sol dentro del restaurante donde hacemos la entrevista, tiene tatuados los brazos y viste ropa informal. 

El día de este encuentro, Víctor y Víctor no sabían que pocas horas más tarde estarían vestidos igual, con sendas playeras blancas que tenían dibujado dos hombres de esmoquin con un corazón al centro. Mucho menos imaginaron que esos atuendos aparecerían en sus álbumes fotográficos familiares como el recuerdo del día de su boda. 

Este sábado cumplen una semana de haberse convertido en la primera pareja del mismo sexo que logra casarse en Baja California después de que ganaran su pelea legal en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La presión sobre el Ayuntamiento de Mexicali, su ciudad de residencia, que preside el panista Jaime Díaz Ochoa, arreció luego de que los jóvenes se presentaran ante las autoridades y los medios en la Ciudad de México para ventilar su caso, que fue el primero en que varias autoridades locales hicieron desacato a las órdenes de la Corte. 

Ya entonces Víctor Fernando tenía su mente en el siguiente paso: el inicio de los trámites para la adopción de un hijo, asunto común en una relación amorosa que ya suma una década. 

“Estamos pensando en formar una familia. Lo que nos preocupa es cómo van a tratarla en Mexicali, en qué escuela la podemos poner”, suelta el joven, estilista de profesión, mientras confiesa que ha soñado con tener una niña.

Al tiempo que relata los pormenores de su caso, Víctor Fernando ya planea presentar el testimonio sobre su propio padre, quien también fue un hijo adoptivo, como prueba de que está en capacidad de criar un bebé.

Su esposo prefiere un niño, añade, porque “yo fui criado entre puras niñas, con muchas primas, pero él solo con niños”.

Estas diferencias no cambiaron su preferencia sexual, que los llevó a convertirse en pareja y a buscar por vías legales poder constituirse como matrimonio sin dejar Baja California. 

El camino árido que tuvieron que recorrer marcó una pauta en el norte de México. 

Tuvo capítulos tan increíbles como que el ayuntamiento de Mexicali detuvo el trámite del matrimonio porque una persona los acusó de estar “locos” y no tener capacidad mental para decidir sobre una unión marital.

Una larga batalla legal

La foto de boda de Víctor y Víctor es de una ceremonia informal, abarrotada de prensa y manifestantes de la marcha #Misderechosnosonlocura, que reunió más de 3 mil personas, caso raro en esa ciudad del norte del país. 

Los jóvenes no tenían preparada una fiesta, ni ropa especial, ni luna de miel. Ya lo habían hecho en tres ocasiones, cuando pagaron el salón, la comida, la decoración, la música y tuvieron que cancelar todo. 

Mucho antes, cuando decidieron que querían casarse, habían pensado en venir a hacerlo en la Ciudad de México, donde se constituyó el matrimonio gay como legal en diciembre de 2009.

“No conocíamos a ninguna pareja gay en el DF ni sabíamos qué debíamos traer. Buscamos al actor Felipe Nájera para que nos orientara”, cuenta Víctor Fernando. 

Nájera había contraído matrimonio en abril de 2010 con el productor teatral Jaime Morales. También se habían convertido en la primera pareja del mismo sexo en América Latina en adoptar una hija.

El actor de TV y teatro les dijo que lo mejor era que dieran la batalla en su estado, porque así abrirían el camino a otras parejas del mismo sexo que también quisieran casarse. 

“Decidimos que lo haríamos en Mexicali. Sabíamos que sería difícil, pero jamás me imaginé que llegaríamos hasta la Corte”, confiesa el joven recién casado. 

El primer paso fue presentarse ante el registro civil municipal para solicitar una cita para el matrimonio civil. La persona que les recibió la documentación no se dio cuenta de que se trataba de dos hombres, así que les dieron la cita. 

“No esperábamos que nos la dieran. Pensábamos que la iban a negar y meteríamos un amparo, pero tuvimos que presentarnos”, cuenta Víctor Fernando. 

Y cuando debía realizarse el trámite los hicieron esperar tres horas, para después acusarlos de haber falsificado la documentación.

“Hicieron ver que los papeles eran de Víctor Manuel con una tal Lupita, pero ellos mismos lo habían hecho para decirnos que no”, relata el joven.

A partir de ese momento la prensa local comenzó a interesarse en el caso, que fue seguido con gran interés público. 

Su abogado, José Luis Marquez, presentó un amparo que perdió todas las instancias judiciales hasta llegar a la Suprema Corte.

El argumento de negativa, una y otra vez, fue que el matrimonio gay no estaba contemplado en el artículo séptimo de la constitución estatal de Baja California, el cual dice que “el Estado reconoce y protege la institución del matrimonio como un derecho de la sociedad orientado a garantizar y salvaguardar la perpetuación de la especie y ayuda mutua entre los cónyuges, satisfaciéndose éste solamente mediante la unión de un hombre con una mujer”.

En junio de 2014 la primera sala de la Corte aprobó un amparo en contra de este artículo, con el argumento de que era inconstitucional y cada persona decidía sobre su reproducción dentro o fuera del matrimonio.

Trabas en trámites

Después de haber ganado en la Corte su abogado en la capital, Alex Alí Méndez, quien ha logrado casos a favor del matrimonios gay en Oaxaca, Yucatán, Tabasco, Querétaro, Nuevo León, Sinaloa, Chihuahua, Baja California Sur, Guerrero, Estado de México, Veracruz, Nayarit, les dijo que esa “era la segura”. 

Contrataron un jardín, bebida, música, banquete. 

“El día antes de la boda, en la noche, nos dijeron que teníamos inconsistencias en las firmas de los testigos”, recuerda Víctor Fernando. 

Luego argumentaron que debían repetirse los exámenes para mostrar que estaban libres de enfermedades de transmisión sexual, que había un error en el número de su CURP. 

Uno de los momentos que recuerda como más significativos fue cuando “nos negamos a abandonar el edificio hasta que nos casaran, entonces nos desalojaron diciendo que había habido una amenaza de bomba”.

La última traba antes de que las manifestaciones, el pronunciamiento de la Corte de que estaba en desacato y la investigación que inició de oficio del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, lograran el matrimonio, fue la acusación de que “estamos locos por querer casarnos”.

Ahora la pareja recuerda esta etapa como un largo camino, el inicio de algo más. Una vez logrado este primer paso, Víctor y Víctor van por la adopción de su primer bebé y por la posibilidad de que la suma de varios casos logre que se modifique la constitución estatal.