Lejos de mantener una postura abierta en sus bases teóricas, tanto la izquierda como la derecha han guardado un profundo odio hacia los homosexuales, o cualquier otra orientación sexual. Pese a que muchas de sus doctrinas rescatan la esencia y filosofía de la Antigua Grecia, lo cierto es que poco o nada transmitieron de la concepción sexual de aquella civilización.

K.J. Dover, en su libro Homosexualidad griega, abordó de manera temeraria en 1978 el tema y cómo la homosexualidad era inaceptable en algunos periodos pero ampliamente recibida en otros.

Y no sólo esto, sino que el propio Dover estudia la pederastia en la Antigua Grecia, como una orientación más que estaba establecida en algunas ciudades como parte de la formación de sus adolescentes procedentes de la aristocracia.

Sin embargo, la admiración filosófica y ontológica de los griegos por parte de la izquierda y la derecha en la determinación de sus postulados ideológicos, económicos, sociales y políticos se queda limitada en la sexualidad.

Al punto que ambos extremos virtualmente separados por sus diferencias hallan un punto de encuentro en su rechazo a cualquier otra orientación sexual que no sea la tradicional.

Es de precisar, por supuesto, que durante los últimos 50 años la izquierda ha acogido al movimiento LGBT al punto que, como señala Focault (Foucault, Cit Halpering, 2004: 61), popularizó un término para identificarlos: GAY.

Pero quisiera dejar bien claro, antes de seguir adelante, que este artículo no va contra las personas homosexuales, a las que respeto con todos sus derechos y libertades individuales. Ni tampoco pretendo apologizar ningún ideología. Repasaré, únicamente, las posturas de los siguientes autores:

“Son peores que pederastas”, Karl Marx; “Es un vicio burgués patológico”, Iosif Stalin

Una carta escrita por Friedrich Engels en 1869 dirigida a Karl Marx ya mostraba los primeros indicios del comunismo despreciando a la homosexualidad: “Esto que me cuentas son revelaciones contra la naturaleza… Comienzan a multiplicarse y a darse cuenta de que ellos forman un poder dentro del Estado… Por suerte, nosotros somos demasiado viejos para ver su victoria…”.

Engels ya había señalado en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado que la homosexualidad era algo despreciable y degradante, mientras que Marx afirmaba que: “La relación de un hombre con una mujer es la relación más natural de un ser humano con un ser humano”.

Es extraño que, hoy en día, la izquierda haya abierto sus brazos al movimiento LGBT debido a que en sus bases, según Engels, los “principios morales naturales” florecerían en el futuro socialista, cuando “la monogamia finalmente se convierta en realidad —también para el hombre—, en lugar de la decadencia” y los homosexuales simplemente desaparecerían. De hecho, en los países donde el régimen comunista triunfó hubo severas legislaciones en contra de la homosexualidad.

Además, según Hubert Kennedy, tanto Engels como Marx despreciaban a Johann Baptist von Schweitzer, “el queer que Marx amaba odiar” (Kennedy, 1995).

Una carta fechada el 10 de marzo de 1854 (tres años después que Schweitzer fuera arrestado, en mayo de 1862, en un parque de Mannheim, por tener relaciones homosexuales con un adolescente), es la principal prueba que aduce el autor del artículo para acusar a Marx y Engels de homofobia. La misiva dice lo siguiente:

“El Urning que me enviaste es una cosa muy curiosa, son revelaciones extremadamente antinaturales; los pederastas comienzan a ponerse en contacto y descubren que son un poder en el estado. Sólo carecían de organización, pero según esta fuente, al parecer ya existe en secreto. Y puesto que tienen hombres tan importantes en todos los viejos partidos e incluso en los nuevos, de (Johannes) Rosing a Schweitzer, no pueden dejar de triunfar. Si Schweitzer sirviera para algo, podría extraer de este pequeño burgués peculiar los detalles de los pederastas en los ámbitos más altos, lo cual no le resultaría difícil como espíritus afines que son”.

Finalmente, hay que recodar que luego de la revolución comunista rusa de 1917 la homosexualidad fue tolerada a regañadientes por Lenin, aunque desconfiaba mucho de la misma. Inmediatamente, el Código Penal Soviético penó la homosexualidad en su artículo 121 con al menos cinco años de confinamiento en los Gulags. Entre 1934 y 1980, fueron condenados cerca de cincuenta mil homosexuales.

“Un homosexual no puede ser revolucionario”, Fidel Castro y “El trabajo los hará hombres”, Che Guevara

La documentación en torno al campo de concentración para castigo de sodomitas en la Península de Guanacahabibes supervisado por Fidel Castro y Ernesto ‘el Che’ Guevara no es muy difundida para mantener el mito revolucionario.

En entrevista con la BBC, el escritor y periodista cubano, exiliado en Francia, Jacobo Machover, autor de La cara oculta del Che (2008), explicó que en esos campos conocidos como Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP), fueron encerrados homosexuales, católicos, adeptos de las religiones afrocubanas, etcétera.

“La represión contra los homosexuales en Cuba fue una imitación de la que había en algunos países comunistas en Europa del este, como por ejemplo en Bulgaria. Parece que Raúl Castro trajo el concepto de la UMAP Bulgaria, en uno de los numerosos viajes que emprendió por el bloque comunista.

Hay algo inmanente a la personalidad de los Castro, una especie de orden moral contra los homosexuales, contra la gente a la que le gustaba la música pop y rock, contra los cabarets, contra esa forma de vivir que tenían el cubano antes de la revolución y que no se adaptaba a cierta moral que ellos querían implantar, del hombre nuevo comunista”, explica.

Las cartas entre ambos revolucionarios también muestran su desprecio hacia los homosexuales así como la frase de Fidel Castro en contra de las personas de diferente orientación sexual: “La revolución no necesita peluqueros”

“Es una perversión capitalista”, Mao Tse Tung

En la República Popular China, el otro gran santuario comunista nacido en 1949 tras la revolución de Mao Tse Tung, la homosexualidad fue igualmente objeto de persecución y castigo.

Los homosexuales eran condenados no sólo a penas de prisión y castración, sino a penas de muerte en casos de práctica reiterada. Se despenalizó en 1997 cuando China le comenzó a hacer guiños a la economía de mercado y a “occidentalizarse”.

Los nazis y su ‘cura’ para la homosexualidad

El pensamiento de la victoria nazi liderada por Adolf Hitler siempre ha estado presente en el ideario imaginario. En ese sentido, historiadores han apuntado que muchos de sus postulados conservadores se hubieran perpetuado. Uno de ellos, la persecución y presunta cura de la homosexualidad.

Y es que aún después de la derrota del fascismo en Alemania, la homosexualidad permaneció como un delito en la Alemania de Weimar bajo el Párrafo 175 del código penal.

Los nazis posaban como cruzados morales que querían eliminar de Alemania el “vicio” de la homosexualidad para ayudar a ganar la lucha racial. Una vez que tomaron el poder en 1933, los nazis intensificaron la persecución de los hombres homosexuales alemanes. La persecución variaba desde la disolución de las organizaciones homosexuales al internamiento de homosexuales en campos de concentración.

Creían, también que eran hombres débiles y, por ende, como afeminados que no podían luchar por la nación alemana. Veían a los homosexuales como gente que probablemente no produciría hijos y no contribuiría a aumentar la tasa de natalidad alemana. Los nazis sostenían que las razas inferiores producían mas hijos que los “arios”, de modo que cualquier cosa que disminuyera el potencial reproductivo alemana era considerada un peligro para la raza.

El jefe de las SS Heinrich Himmler dirigió la persecución en aumento de los homosexuales en el Tercer Reich. Y entre las curas que se proponían estaba desde llevar a cabo esterilizaciones en masa de judíos hasta extirpar el pene.

Finalmente, los guardias se burlaban de los prisioneros homosexuales y los pegaban al llegar al campo, muchas veces separándolos de otros prisioneros. Rudolf Hoess, comandante de Auschwitz, escribió en sus memorias que los homosexuales estaban separados para prevenir la propagación de la homosexualidad a otros prisioneros y guardias. Personal a cargo de los destacamentos de trabajo en la fábrica de cohetes de Dora-Mittelbau o en las canteras de Flossenbürg y Buchenwald a menudo daban tareas mortales a los homosexuales.

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