Creo que estoy enamorado de un video de YouTube.

Esto es en parte por nostalgia, pero también por lo increíble que me parece que cada vez que lo veo, lo que ahí sucede me sigue impactando. 

Cuando quiero que se me ponga la “piel de gallina”, tecleo en la barra de búsqueda: “José José el triste en vivo”.

La presentación en vivo de esta canción –durante el II Festival de la Canción Latinoamericana– es para lo que se inventó la palabra épico. Lo siento Troya.

Esto y los goles de Pelé en el mundial son lo mejor que ha quedado registrado en video de la vida en México, en 1970.

Con cara de adolescente –pese a sus 22 años– y vestido con un saco verde que remite al Principito de Saint-Exupéry –quizá de allí venga su apodo–, José José domina.

Para el minuto tres del video, ya ha dejado a Angélica María emocionada, a Alberto Vázquez aplaudiendo sonriente, al público de pie y a “El Lujo de México”, Marco Antonio Muñiz, con la boca abierta. Literal. Así de impresionante es la pirotecnia vocal que muestra el artista.

Las rosas rojas caen en el escenario como tormenta, pese a que la canción no ha llegado aún a su clímax, en los diez segundos de potencia vocal (del 04:34 al 04:44) con las que el “Príncipe de la canción” remata la canción de Roberto Cantoral.

La presentación es tan emocionante que incluso a su salida del escenario, es felicitado por el panderista de la orquesta, quien agita más fuerte su instrumento mientras se despide visiblemente emocionado del cantante.

Nadie puede quedar impávido ante este video, aún los extranjeros. Lo he comprobado con un ex roomate noruego y con mis flatmates en Irlanda del Norte. La magia de esa presentación no conoce fronteras.

Incluso he visto a todos los comensales de un restaurante en Xilitla dejar sus platos y sus pláticas de lado cuando este video salió en una video rockola. Todos miraban al joven José demostrar, en 5 minutos, por qué la música es tan poderosa.

Es un video que tienes que ver.

Lo realmente triste de esta versión es que cuando acaba, te das cuenta que la mayor tragedia nacional no fue el “error de diciembre”, sino que José José haya perdido su voz.

Qué triste fue decirle adiós.