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Dos mil trece definitivamente ha sido el año de los regresos. Del couture pop de Justin Timberlake al misterioso David Bowie, y de los cascos de Daft Punk a los pedazos que aún quedan de Black Sabbath. Han sido tantos los regresos que no descarto que la segunda venida de Jesucristo se dé dentro de los próximos seis meses.

La artista más reciente en intentar regresar a sus glorias pasadas es la sueca 
Agnetha Fältskog.

El regreso de la reclusa Agnetha, la rubia voz al frente de ABBA, se da con “A”, su primer disco en 10 años, y el primero con canciones originales desde que intentó reconstruir su carrera solista en los ochenta tras la ruptura del grupo de pop sueco.

El sonido del disco cae firmemente bajo la poca riesgosa descripción de “adulto contemporáneo”, a sabiendas de que es poco probable que una multimillonaria artista de 63 años esté dispuesta a crear canciones fuera de su zona de confort.

La mayoría de los temas de “A” son baladas efectivas de baja intensidad como “When you really loved someone”, cuya mayor sorpresa, pese a sus breves coqueteos de electro, es descubrir lo bien conservada que se encuentra la voz de la cantante. Suena como si no hubiesen pasado tres décadas entre estas canciones y “The visitors”, el último y poco apreciado disco de ABBA.

El disco está lejos de ser un clásico. Los productores Jörgen Elofsson y Peter Nordhal –responsables de crear canciones como “Crazy” de Britney Spears y los arreglos orquestales de Il Divo– definitivamente no son Benny y Björn, pero es un buen esfuerzo y una agradable sorpresa para los fans del grupo sueco.

Sin embargo, aún está por descubrirse si el lanzamiento de “A” causa mayor revuelo en el mundo de ABBA que la apertura de su museo oficial en Estocolmo.