Un actor siempre ‘presente’

Robin Williams, el nombre, la mirada, la sonrisa y, sobre todo, las mil y una voces a las que daba vida el actor y comediante estadounidense, son sinónimo de talento al muy puro estilo de Hollywood.

Nacido en Chicago en 1951, Williams tuvo una trayectoria que hizo reír, llorar y volver a reír a varias generaciones. Su muerte a causa de suicidio, ha dejado un vacío en el cine y en los corazones de millones de espectadores de todo el mundo.

María Alesandra Pámanes María Alesandra Pámanes Publicado el
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películas de Robin Williams se estrenarán de manera póstuma entre 2014 y 2015
A lo largo de su vida apoyó organismos como UNICEF, Amnistía Internacional, la Dream Foundation y el St. Jude Research Hospital
“No importa lo que diga la gente, las palabras y las ideas pueden cambiar al mundo”
Robin WilliamsActor
https://www.youtube.com/watch?v=aR-5tekXm_A&list=UUCCjc1piE1mIrhcE3ejENeA

Robin Williams, el nombre, la mirada, la sonrisa y, sobre todo, las mil y una voces a las que daba vida el actor y comediante estadounidense, son sinónimo de talento al muy puro estilo de Hollywood.

Nacido en Chicago en 1951, Williams tuvo una trayectoria que hizo reír, llorar y volver a reír a varias generaciones. Su muerte a causa de suicidio, ha dejado un vacío en el cine y en los corazones de millones de espectadores de todo el mundo.

Y es que este genio de la improvisación tenía un carisma histriónico sin igual, seas o no fanático de su trabajo, es muy probable que hayas visto y disfrutado gran parte de su filmografía y, si te preguntan sobre la misma, lo más seguro es que mencionarás alguna de sus actuaciones con una sonrisa (o carcajada), en el rostro.

Pero, irónicamente, la vida de este actor era un claroscuro que escondía sombras entre cada personaje que interpretó con la luz que irradiaban sus expresivos ojos color celeste. Robin luchó contra adicciones al alcohol y la cocaína, y padecía una fuerte depresión que lo llevó a terminar con su vida, al ahorcarse con un cinturón el lunes 11 de agosto.

¿Por qué nos duele a todos?

Williams debutó en la pantalla chica con “Laugh-In” en 1977, le siguió la serie “Mork & Mindy”, pero sin duda su debut oficial fue en la cinta “Popeye”, de 1980.

A partir de ese año, Robin Williams siempre estuvo (y estará) presente, pues si no estaba en cartelera una película en la que participaba, estaba en la pantalla de tu casa porque simplemente es imposible no ver una y otra vez sus filmes. 

Como dice A.O. Scott de The New York Times, desde sus inicios, “estaba claro que el Sr. Williams fue uno de los más explosivamente, exhaustivamente, prodigiosamente comediantes verbales que hayan existido. Lo único más rápido que su boca era su mente, que era capaz de dar saltos impresionantes de lo absurdo a lo libre asociativo”.

Y es que su sentido del humor era inexplicablemente universal, el comediante provocaba que el público de todas las edades explotara en carcajadas. Ya sea con una de sus actuaciones o en las declaraciones que daba al público y los medios. 

Incluso en redes sociales tenía a los usuarios entretenidos. Cómo olvidar el tuit en el que publicó una imagen de Mrs. Doubtfire ataviada con un vestido floral y una fotografía de Kim Kardashian y su fatídico vestido de flores en la Gala del Met 2013. Todo con la insignia: “Creo que yo lo usé mejor”.

Así como su discurso de agradecimiento en los Oscares, cuando recibió la estatuilla en 1998 por “Good Will Hunting”: “Quiero agradecer a mi padre, ahí arriba, el hombre quien, cuando le dije que quería ser actor, me dijo: ‘Genial, solo ten una profesión de respaldo, como soldador’”.

Williams no solo era un maestro de la comedia y la improvisación, también tenía un alma caritativa, pues durante años apoyó campañas del St. Jude Research Hospital, a fin de recaudar fondos para los niños con cáncer. A su vez apoyó organismos como UNICEF, Dream Foundation, Comic Relief y Amnistía Internacional.

Además, a sus compañeros y amigos siempre los impregnó con una energía positiva, como al fallecido Christopher Reeve quien, tras sufrir el accidente que lo dejó paralizado, fue visitado por Williams caracterizado como el Dr. Kosevich (de la cinta “Nueve meses”, 1995). Esa fue la primera vez que Reeve pudo reír desde su accidente. Ambos actores fueron grandes amigos.

Robin fue de los pocos actores que podían llevar a cualquiera de la risa al llanto y viceversa. Prueba de ello están cintas como “Good morning Vietnam” (1987), que con mencionarla se dibuja una sonrisa, “Dead poets society” (1989), que ha dejado huella en todo estudiante (padre o maestro) que la ha visto,  “Awakenings” (1990), con la que cualquiera derramó lágrimas interminables, “Aladdin” (1992), cinta que no necesitó su rostro, sino solo su voz para enamorarse del Genio. Claro, “Mrs. Doubtfire” (1993), que marcó un parteaguas en el cine de los 90, y que hace reír hasta al ser humano más insensible.

Y qué decir de “Jumanji” (1995), con todo y los tambores es recordada como pocas en la cultura pop. “The birdcage”, de 1996, que es un homenaje a la comedia en el cine, “Good Will Hunting” (1997), que evoca todos los sentimientos a través de un extraordinario guión y una interpretación formidable de Williams.

Sin dejar de mencionar papeles icónicos como los que hizo en “Flubber”, “Patch Adams” y “What dreams may come”, las tres de 1998, así como en “Jakob the liar” (1999), “One hour photo” (2002), entre otros.

Su muerte nos duele a todos, cinéfilos y los no tan amantes del cine, porque si no eras aficionado de sus películas o del séptimo arte en general, de todos modos alguna vez te reíste “por su culpa”. Era inevitable no caer ante el encanto y el talento de un intérprete como Robin Williams. 

Los claroscuros de un comediante

Para muchos, el suicidio de Robin Williams fue un acto de egoísmo, con su familia, con el público, con él mismo. Pero, es imprescindible comprender que una persona adicta y depresiva, por muy querida y admirada que sea, necesita ayuda y su problema requiere de atención profesional.

En alguna ocasión, Williams dijo a The Guardian: “Un día de repente me encontré con miedo y empecé a tomar, a veces es algo tan simple como eso”. El actor fue un gran amigo de John Belushi, ambos se hundieron en la oscuridad de las adicciones y tras la muerte de Belushi, en 1982, Williams decidió dejar atrás las adicciones.

Pese a que estuvo sobrio por más de 20 años, el camino sinuoso de las adicciones lo llevó a varias recaídas, ingresos a centros de rehabilitación y problemas cardiacos. Dejó la cocaína porque “no quería convertirme en un paranoico que se movía como un vampiro durante el día”. 

Pero el alcohol lo acompañó durante los peores momentos de tristeza y ansiedad… momentos que dieron pie a una insuperable depresión. 

En julio de este año tuvo otra recaída y en algún momento de su vida manifestó: “siempre me sentí avergonzado por todo el daño que le ocasioné a mi familia, siento que de eso nunca voy a terminar de recuperarme, llegó un momento en el que tuve que decir ‘está bien no ser feliz’”.

El lunes 11, a las 11:55 de la mañana, el 911 recibió el reporte de un hombre adulto inconsciente dentro de una residencia. Policías y bomberos encontraron a Williams a las 12 del día, y a las 12:02 fue declarado muerto.

Williams tenía cortes en una muñeca, pero la causa de muerte fue ahorcamiento con un cinturón.

Su representante, Mara Buxbaum, confirmó el deceso de una de las sonrisas más contagiosas de Hollywood: “Robin Williams murió esta mañana. Él había estado combatiendo una severa depresión. Es una pérdida trágica y repentina. Respetuosamente, la familia pide privacidad durante el duelo mientras enfrenta este momento difícil”.

Por su parte, Susan Schneider, quien era su actual esposa, declaró que el lunes había perdido a su esposo, “y a mi mejor amigo, mientras el mundo perdió a uno de sus más queridos artistas y hermosos seres humanos. (…) Mientras es recordado, nuestra esperanza espera que la atención no se centre en su muerte, sino en los incontables momentos de alegría y risa que dio a millones”. 

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