Ya lo decía la propia poeta Anna Ajmátova: “aunque en mi nombre hay agua purificadora, en mis manos y en mi boca todo quema”. Y es que la artista rusa nunca imaginó los efectos que su poesía sutil y afilada causaría en tantas personas, menos, que despertara las pasiones de Stalin, el hombre más poderoso de la Unión Soviética, así como la admiración de la mujer encargada de vigilarla y delatarla.

La vida de Ajmátova fue de lucha y resistencia, sufrió el acoso del Partido Comunista y fue obligada a callar sus versos a lo largo de 10 años; ante ello, ahora, bajo la mirada y narrativa de Alberto Ruy-Sánchez, las palabras hacen justicia para sacar del silencio a la poeta en El expediente de Anna Ajmátova (Alfaguara, 2021).

“Ella es una enorme escritora que comencé a leer desde los años 70, y me interesó desde el principio porque trabajé sobre las vanguardias, los cineastas, músicos, escritores que eran los grandes experimentadores de principios del siglo XX, muchos de ellos decidieron apoyar la Revolución y después la Revolución les pagó prohibiéndoles, metiéndolos a la cárcel, reprimiéndolos y exigiéndoles”, explica Ruy-Sánchez a Reporte Índigo.

Posteriormente, estos mismos artistas fueron obligados a crear la estética del régimen soviético, el realismo socialista, es decir, se les negó el derecho a ser ellos mismos para volverse propagandistas del Estado.

Pero Anna, destaca el escritor, no sólo fue una mujer rebelde, ella era íntimamente distinta, porque su rebeldía era profunda y no la dirigía hacia un militarismo abierto, sino al ejercicio de su práctica poética.

“Siempre me interesó de ella esa enorme, enorme, diferencia con todos, había construido su propia voz antes. Si ves, Eisenstein comenzó a ser teórico y experimentador después de la Revolución y ella se hizo, muchos años antes, de una voz poderosa, firme, que le ayudó a atravesar todos los momentos negros de su historia”, relata.

La novela-documental es narrada por la mujer policía encargada de vigilarla. Ella, al principio, cumple el encargo de sus jefes, pero decide no hacerle daño a Anna; con ello, deja ser una mera militante del Partido para ser una persona que piensa por sí misma y toma decisiones.

“Ahora, diríamos, sería una feminista auténtica y se solidariza con Anna, traiciona al hiperpatriarcal jefe que era el tirano y paga las consecuencias”, describe Ruy-Sánchez.

Expresar sus limitaciones

Así, mientras está en prisión narra sus vivencias junto a la poeta rusa a través de hojas de abedul, las cuales fueron recortadas de una corteza de los árboles. Son textos breves, como los que se pueden leer en la novela del escritor mexicano, donde cada página es un fragmento de la vida de Anna contado por otra mujer.

Este ejercicio de escritura, cuenta el también editor, lo ha hecho desde hace muchos años, cuando escribió El quinteto de Mogador, donde entrevistó a casi 600 mujeres embarazadas para, así, narrar su pasión erótica.

“No solamente es la escucha de la gente viva, sino de los testimonios escritos, leer lo que ella escribe, deteniendo mi fuerza de interpretación y escuchándola y asumiendo mis limitaciones y, tal vez, la de los hombres. Las mujeres que yo entrevisté me enseñaron que hay que detenerse y seguir escuchando”, narra el autor de Los sueños de la serpiente.

Sobre sus limitaciones, se refiere a las de cualquier otro hombre: “un mexicano maleducado que reacciona como muchos hombres que lo rodeaban, porque una cosa es el macho psicópata, talla Stalin, y después los hombres cotidianos; incluso, quienes la amaban”, comparte.

Desde el menosprecio, hasta querer explicarle el mundo a la mujer, todo ello se puede tachar de machismo, actitudes que lamenta Ruy-Sánchez.

“Todos los hombres que se dicen feministas, a mí me parece que empiezan mal, porque el feminismo no es una toma de partido, es una actitud cotidiana, es algo que tú necesitas renovar todos los días, no es una credencial de partido, es algo que tú necesitas estar renovando siempre”, opina.


El escritor ya se encuentra preparando su siguiente libro, en él reunirá testimonios de gente que, en las ambulancias, padece una especie de “delirio”, de sueño entre el dolor y la anestesia

Ruy-Sánchez Contra los estereotipos

Al editor siempre le ha asombrado que gran parte de su público lector sean mujeres, esto lo relaciona a que se detuvo a escuchar. Sobre esto recuerda una anécdota. Alguna ocasión un señor de su misma edad le dijo que era un “claudicante”, algo que lo toma con comicidad pues, cuenta, en sus libros nunca pone su voz ni sustituye la palabra de las mujeres que aparecen en ellos.

“Despertar tu sensibilidad no es una cuestión de opinión, es más profundo y por lo tanto más radical. Cuando salió la novela todos los hombres de mi generación reaccionaban: ‘afeminado, es una pose, es cursi, ñoño’, tengo una lista bellísima de todos los apodos, el que más me gusta es claudicante”, declara.

Estas posturas han sido una constante a lo largo de su carrera, de encontrarse con opiniones masculinas que lo han señalado por declarar, sin prejuicios y abiertamente su cercanía con temas que habitan en la frontera entre el deseo y el amor erótico.

“Toda mi generación rechazó el libro, tuvo que pasar gente, prácticamente 10 años más jóvenes que yo, para que los hombres empezaran a leer el libro. Entonces, mi conclusión es que todos los hombres vamos atrasados en sensibilidad”, dice.


“A mí siempre me acusan de haber sacado mi feminidad, yo no sé si merezco tan buen adjetivo, pero obviamente hay identificaciones, la necesidad de tomar distancia y reconocer que uno está desde otro lugar viendo y sintiendo”

Alberto Ruy-Sánchez

Escritor y editor

Así como en aquella época existió la represión, Alberto Ruy-Sánchez lamenta que las cosas se repitan. En el caso de Anna existía un desfase entre la sensibilidad que tenía con la de todos los hombres que la rodeaban, figuras patriarcales que se le impusieron.

Además, el papel y el dominio del régimen autoritario es determinante, de éste, comenta el escritor, lanza a la sociedad hacia un retroceso en su autonomía.

“Lo que nos enseña el caso de Anna es que un retroceso es posible, es algo que nosotros podemos vivir y lo estamos viviendo. La libertad que hubo en los años 60, la ley del tema del aborto; lo que está sucediendo en México, el juicio a los científicos, la extinción de los fidecomisos, el quitarle el derecho a la salud a la gente, todo eso es un retroceso”.

“El hecho de que vemos a feministas que eran radicales que deciden, de pronto, hacer el elogio del macho porque es del Partido, eso es terrible, te rompe el corazón, pero es el retroceso de los regímenes autoritarios, la imposición, el peor aspecto del patriarcado imponiéndose a todos”, opina.

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