Rencor tatuado, historia de una justiciera feminista

La película mexicana Rencor tatuado propone la historia de una figura femenina anónima que castiga a los violadores de mujeres en 1995; el director de la cinta afirma que buscaron reflejar que la violencia de género es atemporal en el país, incluso, reconoce que ahora es peor que en la década de los 90
Hidalgo Neira Hidalgo Neira Publicado el
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La película mexicana Rencor tatuado propone la historia de una figura femenina anónima que castiga a los violadores de mujeres en 1995.

Entre copas y canciones, la seducción llega con la noche. Aída, una joven, comparte con un hombre que le dobla la edad caricias que sugieren partir a un lugar menos público. En la intimidad del cuarto de un hotel, Una el señor se desviste y con el último trago cae inconsciente en el piso de la habitación.

Cuando recupera la lucidez, se encuentra amarrado en la cama, la actitud de Aída ha cambiado, ahora se muestra ruda e impasible. Mientras le recuerda al secuestrado que él gustaba de torturar a menores de edad, revela que su cuerpo flácido y desnudo ha sido tatuado mientras dormía, por lo que él grita de dolor y arrepentimiento.

Con esta escena, que es parecida a la novela Los hombres que odian a las mujeres (2005), de Stieg Larsson, comienza Rencor tatuado, cinta mexicana que se estrenó en cines el 14 de febrero y que tardó décadas en realizarse, ya que su guionista Malú Huacuja del Toro afirma que realizó el primer tratamiento del libreto en 1995.

La ficción fílmica se sitúa hace 25 años, decisión que se tomó a con – ciencia, según describe el director del largometraje Julián Hernández.

Julián observa que, lamentablemente, México sigue igual o peor en cuestión de los feminicidios y crímenes de odio contra la mujer, además reconoce que en este presente el tema del feminismo puede generar una mayor conversación.

“Ahora que finalmente el filme se estrena, vemos muy lamentable y con cierto horror que los temas de los que habla son más vigentes que nunca. Creo que es un momento terrible en el que aparecerá en cines, pero creo que la película también tiene mucho que decir”, describe Hernández, en entrevista con Reporte Índigo.

Diana Lein, quien interpreta a Aida Cisneros, una vigilante anónima que auxilia a mujeres que han sido violentadas, indica que en la película más que un ajuste de cuentas personal del personaje, la protagonista actúa por iniciativa propia porque necesita imponer la ley a los delitos cometidos contra el género femenino.

“La película se trata, más que de la venganza, de buscar justicia a todos estos crímenes de género. Estamos acostumbrados a ver superheroínas de Marvel, y no, esta es una historia de mujeres reales mexicanas, donde Aída más que una vengadora en realidad es una justiciera”, argumenta la actriz.

Ante los parecidos con la historia de Larsson, que después se llevó a cine en Suecia en 2009 y posteriormente se realizó la versión estadounidense en 2011, el director de Rencor Tatuado platica que nunca fue propositivo el copiar al autor sueco.

“Malú la registró en aquel año, si alguien en algún caso quisiera buscar, puede ir a derechos de autor y ver que sí estaba esa historia registrada en el año 95 (…) Para cuando hice la película en 2016, por supuesto ya tenía toda la referencia de la película y la novela (de Larsson), lo que hicimos de manera deliberada fue eliminar secuencias del personaje principal, de cómo tatuaba a los delincuentes y los criminales”, dice el cineasta

Rencor tatuado tuvo un presupuesto aproximado de 15 millones de pesos y contó con el estímulo fiscal FIDECINE

Hernández le imprimió un sello específico visual, haciendo parecer la película como si fuese rodada en la época del Cine Negro de detectives, aunque tuvo que grabarse de manera digital.

“Esta película tiene una fuerte relación y vasos comunicantes con aquel género conocido como Cine Negro, con el Film Noir, y en ese sentido me parecía que lo mejor para contar esta historia, que es oscura además, tendría que ser en blanco y negro”, explica el director.

El sabor de la nostalgia en Rencor tatuado

Además de grabar en un formato monocromático, Hernández redujo el espectro visual a un encuadre similar al que ofrecían las películas filmadas en 16 mm, solamente que para Rencor tatuado la atmósfera apenas se simula, quedando a deber la ausencia de celuloide real.

“Yo soy de esos nostálgicos que preferiría seguir filmando en negativo, pues genera desde el set una relación distinta entre la gente que está haciendo la película, el digital generó muchos cambios tanto buenos como malos. En el caso de este proyecto, mi planteamiento en 2010 era filmarla en 35 mm”, argumenta el realizador.

Con una duración de 140 minutos, la película sale de la duración regular de un largometraje. Hernández comenta que este corte definitivo plasma su visión como director; sin embargo, confiesa que llegó a tener una primera versión de cuatro horas, además de que redujo el guión antes de comenzar la producción.

“Creo que esta duración es extensa, sin duda, pero es la que le ajusta más a la complejidad de la película (…) Hubo un recorte del guión, justo antes de la filmación, yo le dije a Malú que necesitaba que la película durara menos”, platica.

Guiño a Señora Venganza

Las femme fatales en el cine y en la literatura tienen su propio apartado, el cual cada vez crece más con ejemplos multiculturales, comenzando desde Nikita (1990) de Luc Besson, hasta la misma Lisbeth Salander que publicó Larsson hace 15 años, cuando Lein se propuso encarnar a Aída Cisneros; estuvo repasando varios largometrajes hasta que encontró uno en particular.

“Vi todas las películas que pude sobre heroínas, pero una que me impactó especialmente y de la cual tomé más referencia es Señora Venganza (2005) de Chan-Wook Park. Aída, como Nikita, es una antiheorína, y lo que me gusta mucho de Rencor tatuado es que tampoco es que pretenda que las mujeres somos entes irreales, no, aquí están los personajes, con sus habilidades, sus vicios, sus defectos, sus virtudes, están en su plena humanidad”, revela Lein.

La actriz española que radica en México desde hace poco más de 30 años observa el momento histórico por el que atraviesa el país y ella está convencida de que todo lo ocurrido el año pasado en torno al género femenino marca al fin una postura, porque las mujeres están decididas a alzar la voz por sus derechos.

Las mujeres no estamos dispuestas a seguir callándonos, y eso es esencial, pues ¿quién va a saber si una no alza el grito?
Diana LeinActriz

“Todas estas pintas, las marchas, son absolutamente necesarias, porque nos estamos uniendo las mujeres para decir: ¡Ya basta! Esta realidad de violencia es generalizada, pero especialmente con más de la mitad de la población, que somos mujeres, la situación es invivible”, explica la artista.

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