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La música de Mikhael Paskalev es universal, por la simple razón de que Mikhael es un melting pot en sí mismo: es noruego de nacimiento pero con familia búlgara, estudió música pop en Liverpool pero se inspiró en el rock sureño estadounidense de los sesenta. Además, tiene una inclinación por insertar palabras en español en algunas de sus letras.

Por ende, su disco debut “What’s life without losers” es “melting pop”. 

“Jive baby” es una canción de fiesta que se convierte en libertinaje gracias a una sucia guitarra que suena como si hubiese sido rescatada de un pantano americano. Es un sonido estimulante que lleva a la canción a un clímax frenético en el que Mikhael es parte crooner de los cincuentas y parte proto-rockstar. Puntos extras por el excelente video filmado en la villa de Ustina, Bulgaria.

Su música es el producto de tener influencias tan dispares como Paul Simon, The Everly Brothers y los soundtracks de Quentin Tarantino.  

“I spy”, en cuyo video Mikhael recrea de manera torcida la escena más famosa en la filmografía de Tom Cruise, es una aproximación folk que termina convirtiéndose en un tema mucho más peligroso cuando aparece el coro. Esa es la gran habilidad que se mantiene a lo largo de su disco, tomar estructuras y géneros familiares, para convertirlos en algo novedoso y excitante.

Mikhael podrá ser la nueva estrella de la música noruega, pero en realidad es un artista cuyas mezclas de sonidos no conocen fronteras.