Para México fue una novedad que Alfonso Cuarón presentara Roma (2018) como una película basada en sus memorias infantiles, haciendo tributo a Liboria RodríguezLibo”, empleada doméstica que trabajó para sus padres y cuidó de él y sus hermanos; desde entonces, se han visto dos vertientes en la industria fílmica: el rescate del cine semiautobiográfico y el desentierro de aquellos quienes ya lo habían abordado en el pasado.

Un ejemplo es Federico Fellini, “vaca sagrada” del cine italiano, con gran parte de sus cintas autorreferenciales, es el caso de 8 ½ (1963) y Amarcord (1973), por mencionar sólo algunas; éstas además contienen visiones romantizadas de su mismo oficio y de la juventud que vivió en la ciudad de Rimini.

La cinta Los lobos (2019), de Samuel Kishi, hace un recuento de cómo su madre tuvo que migrar a Estados Unidos con sus hijos para buscar una mejor oportunidad

“No sé si son las que inauguran esta corriente, pero son las más antiguas de las que me acuerdo, junto con Los 400 golpes (1959), de François Truffaut, que, evidentemente, es todavía primero”, describe Julio César Durán, experto cinematográfico.

Al igual que Durán, Reporte Indigo conversó con Bianka Estrada y Nicolás Ruiz, periodistas especializados en la industria fílmica, para discutir sobre largometrajes que han estado antes y después de Roma, de Cuarón, porque, dicho sea de paso, en 2022 dos películas de este corte están nominadas a los premios Oscar.

Ruiz ejemplifica que, además de la ópera prima de Truffaut, existe otro largometraje realizado en 1933, Cero en conducta, del cineasta francés Jean Vigo, quien también hace de la infancia su pretexto narrativo, lo que hace precisamente el actor Kenneth Branagh con Belfast, cinta que compite a Mejor Película y seis categorías más.

“Los 400 Golpes, Amarcord y Cero en Conducta tienen como con Belfast y Roma esta nueva corriente del Oscar, la relación de Hollywood con la realidad y que tienen en común la infancia”, profundiza el reportero cultural de Noticieros Televisa.

Otro ejemplo reciente es Dolor y gloria (2019), de Pedro Almodóvar, en este drama el director manchego plasma dos visiones particulares, la de un cineasta harto y que no le ve propósito a seguir haciendo cine, y los recuerdos constantes de cuando él era un niño así como el apego que tiene a su madre.

“Nos da la visión del niño, pero también del Almodóvar maduro, cansado, a punto de estallar, y es lo que hace un poco Paolo Sorrentino, quien nos platica, a partir de un joven, su aspiración por el cine, aunque sí falta la mirada de él como niño”, describe Estrada.

Justamente, Sorrentino está nominado con Fue la mano de Dios, producción italiana que compite por el Oscar a Mejor Película Internacional, y tiene este corte autobiográfico visto desde la adolescencia y su familia napolitana.

¿Valor artístico o egocentrismo?

¿Este cine basado en los recuerdos de sus creadores tiene realmente un aporte cultural o artístico o sólo es una ventana para dejar escapar su egocentrismo? Ante estos cuestionamientos, Ruiz considera que se trata de un rescate a la cotidianidad, ahí radica su mérito.

“Hay algo bonito de las películas autobiográficas, que le está dando una importancia a lo común, a lo cotidiano y material, porque independientemente de la cursilería de la película, estás hablando de ciertos momentos dulces, por ejemplo, Eugenio Caballero (diseñador de producción), en Roma, defendiendo su neurosis de poner un póster del Cruz Azul en una escena, o ese monito de la lucha libre AAA que aparece a cuadro”
Nicolás RuizPeriodista

Estrada explica que otro largometraje mexicano que utiliza las memorias infantiles en su historia es Los lobos (2019), de Samuel Kishi, quien, más que querer contar la visión de su propia infancia, hace un recuento de cómo su madre tuvo que migrar a Estados Unidos con sus hijos, para buscar una mejor oportunidad.

“Pude platicar con él cuando presentó la película en el Festival de Cine de Guanajuato, y le preguntaba de dónde surgió esta historia y me platicó que él migró a la Unión Americana de la mano de su mamá y hermanos, pero dijo ‘la primera persona a la que me acerqué para poder contar esta historia fue mi mamá, la senté una tarde y le dije cuéntamelo todo, cada detalle’, su mamá fue su referente principal”, comparte la editora en SinEmbargo.mx.

Cine autobiográfico ¿Tendencia a futuro?

A la par de Roma, llegó Guerra fría, la cual también estuvo nominada aquel año, posteriormente Ray & Liz (2018) del cineasta británico Richard Billingham, además de las cuatro producciones mencionadas de Almodóvar, Kishi, Branagh y Sorrentino; incluso, Steven Spielberg ya se encuentra terminando The fabelmans, cinta que él mismo ha dicho es semiautobiográfica. Pese a estos ejemplos, Durán cree que se trata de una posible moda que, eventualmente, pasará.

“Es como cíclico, de repente hay alguien que necesita ir y regresar a su memoria, y decir que sí hay una historia interesante aquí, no sé, parecería que hay una moda, podemos contar varias películas, pero creo que es circunstancial”, reflexiona el reportero de F.I.L.M.E. Magazine.

Tanto Ruiz como Estrada, coinciden en que los cineastas y Hollywood están aprovechando parte del gusto por la nostalgia, lo cual se ve reflejada en el séptimo arte y se ha vuelto un recurrente. Por ejemplo, El irlandés (2019,) pese a que no es un filme autobiográfico, se siente como una de las producciones más personales de Martin Scorsese.

“Yo no sé si sea una moda, pero creo que los tiempos en los que estamos viviendo −no solamente por esto de la nostalgia− sí te orillan a pensar en tí mismo, ¿la pandemia qué hizo? Nos encerró y qué hacíamos Independientemente de las tecnologías, que nos hayan permitido una mejor comunicación, nos ensimismaban, y eso nos llevó a explorarnos y reconciliarnos, pero bueno, el campo fértil para la ficción ahí está”
Bianka EstradaPeriodista

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