La soledad de no hallarte en tu país de origen

Al regresar de una temporada en el extranjero es común experimentar una especie de depresión. Al desconcierto de regresar a un sitio que ha cambiado mientras el viajero estuvo lejos, se le añaden las transformaciones personales que experimentó y con ello la añoranza por volver. A esa dificultad para readaptarse se le conoce como choque cultural, un concepto que se ha documentado desde hace varias décadas por los científicos. La buena noticia es que no dura por siempre. 

Indigo Staff Indigo Staff Publicado el
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Al regresar de una temporada en el extranjero es común experimentar una especie de depresión. Al desconcierto de regresar a un sitio que ha cambiado mientras el viajero estuvo lejos, se le añaden las transformaciones personales que experimentó y con ello la añoranza por volver. A esa dificultad para readaptarse se le conoce como choque cultural, un concepto que se ha documentado desde hace varias décadas por los científicos. La buena noticia es que no dura por siempre. 

La psicoterapeuta Adriana Costa dijo a Reporte Índigo que el choque cultural se da cuando una persona no se siente identificada con el lugar en el que está ya sea por las costumbres, las circunstancia o la actitud de los demás. Explica que al irse la persona experimenta todo un proceso de adaptación que Incluye ansiedad, expectativas, miedo y euforia. En la ‘luna de miel’ se siente emoción. Una vez integrados a su nuevo entorno es común que los viajeros idealicen su lugar de origen.

Luis Sosa, cuenta que a su regreso de las temporadas que ha vivido lejos de México le fue complicado volver a adaptarse: “Pega muy fuerte” dice Sosa. Recuerda que cuando regresó sentía fatiga y lloraba continuamente: “Extrañaba esa sensación de empezar de cero aunque irse también sea angustiante”.

Por su parte Scarlett Castelán dice que su experiencia al regresar fue traumática puesto que al volver la ciudad le pareció mucho más caótica. “Cuando regresé no tenía ganas de nada y no me daba hambre. Sólo quería volverme a ir”.  

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Ambos dicen que no le encontraban sentido a haber vuelto y que no se sentían cómodos a su regreso. La psicóloga Costa dice que al sentir que no pertenecen, surge la añoranza por irse de nuevo. Cuando esa sensación se alarga demasiado se le conoce como el ‘síndrome del viajero eterno’. 

Costa apunta que durante el proceso para restablecerse el viajero quiere evitar esa sensación desagradable de sentir que se perdió de sucesos o de que hay cosas que nunca cambiarán, por lo que hace lo que puede para volver a irse. Sin embargo, esto no siempre es posible.

A su retorno hay una ruptura y empiezan a notar los cambios que ocurrieron en su ausencia. “No culturales, pero se dan cuenta que pasaron cosas de las que no fue parte” dice la especialista. Además, las personas se deshabitúan a las prácticas sociales de su país, desde quien como Castelán se acostumbró a no saludar de beso, o como Sosa que se habituó a que en el metro la gente esperara a que salieran los del vagón para entrar. El trato en países no latinos suele ser más frío y menos invasivo, apunta Costa.

La psicóloga dice que normalmente el proceso para retomar la vida en el país de origen toma unos seis u ocho meses. “Una persona con las herramientas suficientes, y sano en términos psicológicos, después de un año ya está establecido” dice Costa. 

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Si después de aproximadamente un año continúa la sensación de sentirse fuera de lugar, surge lo que se conoce como síndrome del viajero eterno. En estos casos la persona alivia su sensación de malestar viajando más, si es que puede, y comúnmente pierde muchas relaciones interpersonales. 

La psicóloga aconseja a quienes se encuentran en la etapa inicial de readaptación, hacer conciencia de que se trata de un proceso y que hay muchas cosas que se idealizaron. Recomienda platicar con gente cercana que haya vivido los cambios que se perdió para reconectarse a través de relatos. “Hay que entender que uno cambió y sobre todo saber que va a pasar”.

El choque cultural a veces se acompaña de manifestaciones físicas y psicológicas como la ansiedad que puede provocar taquicardia, cambios de temperatura o dificultades para respirar. También se puede presentar aburrimiento, desinterés, apatía e irritabilidad. Adriana Costa recomienda que si después de un año no ha disminuido el sentimiento de malestar o ha aumentado, se debe pedir ayuda. 

 

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