De un día para otro, como en un parpadeo, Los lobos, Max y Leo dejan México y cruzan a Estados Unidos sin mirar atrás, sin saber qué les depara el destino, lo único que tienen en mente es que su madre, Lucía, les ha hecho una promesa: en ese viaje llegarán a Disneylandia.

Pero no todo es tan fácil ni tan rápido como lo piensan los dos hermanos, primero llegan a una ciudad diferente, llamada Albuquerque, en Nuevo México, donde en un departamento, casi sin muebles, tienen que esperar a que su mamá regrese y les explica que antes de llegar a “el lugar más feliz del mundo”, ella tendrá que ahorrar dinero trabajando en este nuevo país desconocido.

Entonces, Max y Leo, de 8 y 5 años, respectivamente, comienzan a vivir una rutina diaria en ese pequeño espacio y para sobrevivir, Lucía les deja una serie de instrucciones grabadas en cassette, el cual deben escuchar una y otra vez para aprender a respetarse, sin salir del departamento y, lo más importante de todo, recordar que juntos podrán sobrevivir, salir adelante y cuidarse en manada, como los lobos.

Esta es la historia de vida del cineasta Samuel Kishi, quien decidió transformar su experiencia en una película; al igual que él, miles de mexicanos e inmigrantes en Estados Unidos viven, desde hace décadas, este éxodo de desplazamiento forzado, debido a la falta de oportunidades y de violencia, porque en México se ha dejado de ofrecer un bienestar. Con esta inspiración por delante hizo Los lobos (2019) su segundo largometraje como director.

“Empezamos a generar un universo con nuestra ‘mamá grabadora’, y más adelante nos grabamos nosotros, entonces, escribí esto y lo primero que pensé fue que podía ser una película o se quedaba como una anécdota”, platica el también guionista.

La película fue rodada con los hermanos Maximiliano y Leonardo Nájar, quienes convivieron durante meses con la actriz Martha Reyes Arias haciendo ejercicios de improvisación e, incluso, quedándose en su casa con permiso de los padres para tener esta dinámica de madre e hijos.

Reyes, además, hizo labor de investigación personalmente, viajando a Estados Unidos y conociendo la cotidianeidad de los migrantes latinos. La actriz observó el hartazgo en todos los sentidos, una falta de pertenencia al lugar, más las exhaustivas jornadas laborales de lo que realmente es el llamado “sueño americano”.


“Fui a trabajar a Santa Ana, California, ahí estuve yendo a limpiar casas, oficinas, y conocí muchas mujeres migrantes, la mayoría eran madres solteras, independientemente, si habían ido con pareja o no, casi todas dejaban a sus hijos encerrados en sus casas, en lo que ellos salían de la escuela y regresaban de trabajar, esta situación es muy común y todas compartían ese sentimiento de no pertenencia”

Martha Reyes

Actriz

Después de haber recorrido festivales alrededor del mundo, Los lobos llega este 10 de junio a cines independientes en México; actualmente, Max y Leo todavía no logran ir a Disneylandia fuera de la ficción, aunque Kishi prometió que sí los llevará algún día.

Realidad disfrazada de juego en Los Lobos

Leo y Max siguen siendo niños y cómo es su naturaleza, son inquietos, juegan durante la entrevista en videollamada y a veces Martha Reyes los calma con un gesto amable y cariñoso. Ellos aseguran que les gustó participar en una película, sobre todo, “visitar lugares”.

“Conocí muchos lugares, fuimos al zoológico, a unas montañas y a un lugar para patinar”, dice Max; mientras Leo recuerda que fueron a un inflable, “pero con la lengua de afuera”.

Samuel Kishi expresa que rodar Los lobos con ellos fue un proceso didáctico, como un juego, así es como logra describir un tema tan preocupante e impactante como el desplazamiento forzado, pero a través de la mirada de los niños.

“Son niños reales, va a sonar bien raro eso, pero no son niños actores que parecen adultos chiquitos, dijimos ‘vamos a respetar las infancias y vamos a hacerlo de esa manera’, no eran niños de ‘vamos a recitar un monólogo y hacer esto’, sino que entendían que el proceso de actuar es jugar”, narra el director.

Sin políticas migratorias

El cine y el arte, en general, en México manifiestan lo que la sociedad vive en el país, por ello existen ejemplos como Los lobos, que, aunque es una película de ficción, está basada en la misma vida de Samuel Kishi.


El realizador piensa que, en la actualidad, el gobierno federal está desinteresado en tener políticas migratorias que eviten este éxodo de miles de familias hacia el extranjero y dentro de la misma nación

“Es muy fuerte, acabo de hacer también una visita a Ciudad Juárez, Chihuahua, donde encontré mucha gente de Centroamérica, pero lo que me sorprendió muchísimo es que también hay bastante gente del interior del país que se está moviendo, que están siendo desplazados de sus ciudades y sus pueblos, esto cada vez se está acrecentando”, agrega.

Kishi, quien fue un migrante desplazado, pide empatía por parte de las autoridades para que esta población vulnerable sea incluida en los programas sociales, por ello con su película buscó mostrar un retrato empático para cualquier ciudadano común.

“Me preocupaba muchísimo con Los lobos ponerle un rostro a los números y olvidarnos de hacer el retrato de la miseria que nada más le gusta a cierto sector crítico y de los festivales, sino hacerlo cercano, de cómo hablamos de estos temas tan importantes, tan dolorosos, también para nuestra población en general y cómo se pueden identificar”, puntualiza.


“Es muy fuerte, acabo de hacer también una visita a Ciudad Juárez, Chihuahua, donde encontré mucha gente de Centroamérica, pero lo que me sorprendió muchísimo es que también hay bastante gente del interior del país que se está moviendo, que están siendo desplazados de sus ciudades y sus pueblos, esto cada vez se está acrecentando”

Samuel Kishi

Director

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