La parte más sexy

Durante  años se han publicado resultados de encuestas en las que se intentó averiguar el secreto para dar placer tanto a hombres como a mujeres. Pero un estudio de la Bangor University (en Reino Unido),  publicado hace unas semanas, da la primera respuesta científica a la pregunta.

El estudio consistió en entrevistas a 800 personas de las islas británicas y África subsahariana, que debían ordenar 41 partes del cuerpo según la intensidad del placer que provocan al ser acariciadas.

Ana Paulina Valencia Ana Paulina Valencia Publicado el
Comparte esta nota

Durante  años se han publicado resultados de encuestas en las que se intentó averiguar el secreto para dar placer tanto a hombres como a mujeres. Pero un estudio de la Bangor University (en Reino Unido),  publicado hace unas semanas, da la primera respuesta científica a la pregunta.

El estudio consistió en entrevistas a 800 personas de las islas británicas y África subsahariana, que debían ordenar 41 partes del cuerpo según la intensidad del placer que provocan al ser acariciadas.

El área genital se encontró a la cabeza tanto en hombres como en mujeres. Estas últimas ignoraron la parte trasera de las piernas, mientras que ellos las pusieron en el mismo nivel de importancia que las orejas.

Las orejas, a su vez, estuvieron entre los primeros lugares, junto con los labios. 

Y  las manos recibieron calificaciones más altas de los hombres que de ellas.

Los resultados sorprendieron a los científicos, que esperaban una confirmación de la teoría que sugiere que los pies son una zona erógena importante porque, en la corteza somatosensorial primaria del cerebro –en la que hay una especie de mapa del cuerpo– estos se encuentran a un lado de los genitales.

La calificación de los pies fue muy baja, lo que llevó a la conclusión de que Vilayanur Ramachandran, creador de la teoría original, “pudo haber cometido un error al confundir el gusto por ver con el gusto por ser acariciado”.

También se refutó la idea de que las mujeres tienen más zonas erógenas, y de que estas son algo condicionado por la cultura. “Todos compartimos las mismas”, explica el investigador Oliver Turnbull, “ya seas una mujer blanca en sus cincuenta (…) o un hombre gay viviendo en una villa africana”.

Show Player
Síguenos en Google News para estar al día
Salir de la versión móvil