Esclavos de la comida

Dietas, ejercicio, huelgas de hambre, se hace todo para bajar de peso y, simplemente, la báscula sigue marcando lo mismo o tan solo hay una diferencia de gramos.

Si la persona no tiene alguna enfermedad ligada al sobrepeso, como problemas de la tiroides o diabetes. Y tampoco sufre de algún mal congénito que impida que le funcionen las dietas, podría empezar a voltear a ver su plato de comida y los hábitos alimenticios que lleva. 

María Alesandra Pámanes María Alesandra Pámanes Publicado el
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tiene un problema clínico con este tipo de sueño

Dietas, ejercicio, huelgas de hambre, se hace todo para bajar de peso y, simplemente, la báscula sigue marcando lo mismo o tan solo hay una diferencia de gramos.

Si la persona no tiene alguna enfermedad ligada al sobrepeso, como problemas de la tiroides o diabetes. Y tampoco sufre de algún mal congénito que impida que le funcionen las dietas, podría empezar a voltear a ver su plato de comida y los hábitos alimenticios que lleva. 

Debido a que después de años de comer –y comer en exceso– se dañan los canales por los que le llegan las señales al hipotálamo, el área del cerebro que se encarga de regular el metabolismo.

Este efecto se agrava si la persona tiende a alimentarse de comida rápida y/o chatarra.

De acuerdo a Louis Aronne,   director del Comprehensive Weight-Control Program del New York Presbyterian Hospital dijo a Melanie Haiken –de la revista Forbes– que, finalmente la ciencia encontró la respuesta al misterio que gira en torno a que hay personas que no bajan de peso, pese a sus esfuerzos y tácticas para adelgazar: las células que llegan al cerebro.

“La evidencia es convincente –comer alimentos que engordan causa que se inflamen las células que llegan al hipotálamo”, explicó Aronne. Esto provoca que las neuronas se sobrecarguen, “lo que origina el daño neurológico”, añadió.

Y subrayó que, según investigadores de la Universidad de Liverpool –en Gran Bretaña–,  una dieta rica en grasas saturadas y carbohidratos (que se le antoja a la mayoría) “dispara una reacción en cadena de ‘disfunción metabólica’ que involucra  la regulación del apetito sobre la leptina y la grelina”. La leptina es una hormona que se encarga de suprimir el apetito y la grelina de aumentarlo.

El exceso de azúcar y grasa contribuye a que se dañe la función de la leptina y la grelina, así como la capacidad que tiene el cuerpo para regular el peso y el metabolismo.

Además, se sabe que los carbohidratos alteran la plasticidad del cerebro.

La teoría sobre la inflamación de las células que llegan al hipotálamo fue publicada en British Journal of Nutrition en febrero de este año, y desde entonces han surgido iniciativas para prevenir y contrarrestar que se inflamen las células, más allá de la alternativa de dejar las papas fritas, las hamburguesas y los hot dogs con chili.

¿Cómo evitar que se dañe el cerebro por la comida?

Aunque en algunos casos el daño en el hipotálamo es irreversible, los expertos recomiendan que las personas actúen rápido. Es decir, que cambien su dieta por una en la que destaquen alimentos saludables, bajos en grasas saturadas y azúcares.

“Es cuestión de biología”, mencionó Aronne, “entre menos se consuma comida que engorde, se reducirá la tasa del daño”.

No importa qué tipo de dieta prefieras poner en práctica para tu vida diaria, lo importante es que dejes las calorías, la grasa y que trates de consumir la menor cantidad posible de carbohidratos.

Y claro, algunos expertos ya  se encuentran investigando qué medicamentos podrían revertir los daños y/o prevenir el riesgo de que se sobrecarguen las neuronas que llegan al hipotálamo.

A su vez, planean elaborar tratamientos que incluyan una dieta balanceada y nutritiva, junto con un medicamento, si la persona lo requiere.

Solo se trataría de alterar el trabajo de la leptina y de la grelina y de “aligerar” la carga de células en los canales que llegan al hipotálamo.

Sin embargo, se debe tomar en cuenta que un tratamiento con medicamentos también conlleva riesgos, ya que en los casos de personas con sobrepeso u obesidad, al administrarles medicamentos, aumentará su riesgo de sufrir ataques del corazón e incluso de muerte.

La comida chatarra causa pesadillas

Algunas de las pesadillas más recurrentes son las que involucran algún elemento de comida, incluso algunas personas “interactúan” con dulces, donas y pizzas mientras están dormidas.

Se sabe que cuando la cena fue pesada, es muy probable que se sueñe con pesadillas. Esto se debe a que comer antes de irse a la cama aumenta la temperatura y el metabolismo.

Según el Cleveland Clinic’s Sleep Disorder Center, comer y acostarse casi enseguida también aumenta la actividad cerebral durante la etapa del sueño REM (movimientos oculares rápidos en inglés y periodo en el que se sueña).

Un artículo en The Journal of the Mind and Body indicó que la comida chatarra –como nieve, dulces y chocolates– provoca que se dispare la actividad cerebral en siete de cada 10 casos de personas que sueñan pesadillas con frecuencia.

Además,  según  Prevention Magazine, dormir boca abajo –sobre el estómago– propicia sueños emocionalmente más cargados.

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