Hoy hay dos máquinas deseando ser escuchadas. Una tiene un motor industrial ochentero en su centro; la otra, engranes “Made In USA” que se mueven sin esfuerzo –casi telepáticamente– a la perfección. 

Se trata de los nuevos lanzamientos de dos bandas que, pese a su diferencia de edad, son legendarias: “Delta Machine” de Depeche Mode y “Comedown Machine” de The Strokes. En ambos discos, las bandas se encuentran operando casi en automático.

El álbum de Depeche Mode es lúgubre hasta en su primer sencillo: “Heaven”, el cual, pese a la belleza del piano de Andy Fletcher, es meditativo casi hasta el hartazgo. Nada de la chispa que usualmente es asociada con Dave Gahan está en esta canción. En “Angel”, Martin Gore recrea casi sin pensarlo la guitarra de “Personal Jesus” y la esconde bajo varias capas de efectos electrónicos. 

La semana pasada, Fletcher se quejaba en el show de Jonathan Ross de lo poco que la banda era escuchada actualmente en el Reino Unido, hasta que Ross lo interrumpió y le dijo la cruel verdad: “Deja de hablar de eso, aguántate, tengan otro éxito y asunto resuelto”. Ese éxito definitivamente no está en ninguna de las 14 canciones de “Delta Machine”.

Del otro lado de la industria, por lo menos parece haber un poco de diversión, pero por más entretenido que por momentos sea “Comedown Machine”, no parece haber mucho compromiso de parte de The Strokes para hacer algo más que 11 tracks que justifiquen un disco. 

No hay entrevistas ni nuevas fotos de prensa; el arte del disco es una portada retro que, además de minimizar el nombre de la banda, evita el tener que crear algo nuevo; el video de “All The Time” es una compilación desganada de imágenes en vivo de la banda que es más común para el video de un cuarto sencillo de un disco, que para el del sencillo principal; ni siquiera hay una gira programada. Es el disco de la ley del mínimo esfuerzo.

Pese a esto, The Strokes tocando al mínimo es 30 veces mejor que Nickelback tocando al máximo de sus habilidades. “80’s Comedown Machine” te confronta con un riff de guitarra vertiginoso e instantáneamente memorable. “Call It Fate, Call It Karma”, la canción que cierra el disco, es lo más cerca que el quinteto neoyorquino llegará al bossa nova. Puede que sus cinco integrantes ya no sean los amigos que eran al inicio, pero eso no parece afectar su capacidad de armar canciones inmediatamente distintivas.

“Comedown Machine” es superior a “Delta Machine” por la simple razón que cuando termina, es el que más ganas tienes de ponerle play de nuevo. Tienes que estar en un mood muy específico para que lo primero que desees sea escuchar “Delta Machine”.

Sin embargo, para ambas bandas, estos discos se escuchan mecánicos. Los sonidos de ambas están suficientemente formados como para que las canciones salgan casi en automático. Esto hace que el nombre de los discos sea increíblemente apropiado, máquinas al fin.