Con una ficción en la que la Iglesia es parte intrínseca de las decisiones sociales en el futuro, el director Gabriel Mascaro muestra en Divino amor, una reflexión sobre la falta de separación.

Viendo hacia el futuro, en 2027, donde en Brasil se vive una normalización de las actividades religiosas masivas, y casi institucionalizadas por el Estado, sucede la historia de Joana, una mujer sumamente devota del catolicismo, pero que a su vez trabaja como burócrata para conciliar divorcios entre parejas.

Joana está casada, ronda cerca de los 40 años, y desea fervientemente quedar embarazada. Incluso, junto a su pareja, acude a un grupo swinger religioso con tal de lograr el propósito, pero nada sucede; ella amortiza su penar, en el auto confesionario (tal y como sucede en un restaurante de comida rápida) bajando su ventanilla y platicando con un pastor todas las tardes.

Su único alivio es convencer en su trabajo a las parejas para que no desistan de estar juntos, hacerles ver que necesitan continuar siendo marido y mujer, para además traer más infantes a un mundo sobrepoblado y con graves problemas internacionales.


Después de haber recorrido el circuito de festivales, Divino amor llega ahora a salas comerciales de México

Esta es la trama de Divino amor (2019), película del director brasileño Gabriel Mascaro, con la que se busca reflexionar sobre la falta de laicismo en el país sudamericano y cómo esto afecta las decisiones integrales de la ciudadanía.

“Hoy percibimos mucha fuerza con la Iglesia evangelista, con una agenda muy conservadora en el Congreso brasileño, con un montón de pastores como miembros oficiales de la política brasileña; entonces, surgió una mirada muy personal, del interés de investigar”, comenta Mascaro, en videollamada.

El cineasta observó desde su juventud en la ciudad de Recife, donde él creció, que todas sus amistades se iban convirtiendo al evangelismo, y esto formó una fuerza política, que en la actualidad tiene una amplia presencia en las decisiones legislativas. Por ello decidió ir más allá, en el futuro, con su filme y mostrar lo que podría pasar en unos años.

“Es un trabajo muy grande el que la Iglesia está haciendo, está cambiando la cultura y la población de masas, que no tiene la fuerza del Estado; entonces, lo que pasó es que hicieron un trabajo de 30, 40, años y hoy en Brasil tiene mucha fuerza”, agrega el artista.


Después de haber recorrido el mundo por el circuito de festivales y tener un estreno limitado en la Cineteca Nacional, Divino amor llega ahora a salas comerciales de México para sumar a la conversación de la sociedad y de su decisión en torno a las instituciones religiosas

Atentando contra la libertad de Divino Amor

En Latinoamérica el feminismo marcó historia este 2020, desde las protestas para detener la violencia de género, hasta para despenalizar el aborto. Brasil, por su parte, vive su propia lucha, un tanto distorsionada de la realidad, según comenta Gabriel Mascaro.

“La mujer es casi institucional y oficialmente al estar al servicio de la familia, la procreación. Hay un Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, me parece que este es un gobierno que no esconde su propósito, es muy explícito (…) Por eso hice una película del intento estatal y religioso de controlar los cuerpos de las mujeres”, dice el director, en entrevista con Reporte Índigo.

En Divino amor, Mascaro muestra con el personaje de Joana a una mujer a la que se le ha adoctrinado para que su único propósito en la vida sea tener hijos y vea que el Estado siga manteniendo las uniones conyugales, lo que podría parecer una visión pro vida o a favor de la Iglesia, pero el cineasta hizo este personaje pensando en criticar este modelo opresor hacia el libre pensamiento.

“Aunque sea una película crítica yo intento investigar a una mujer de fe y de alguna manera jugar con las tradiciones de las películas bíblicas, de ciencia ficción y pornográficas, y por eso se mezclan un montón de elementos, para pensar una cinematografía como porno-gospel”, describe.

Mascaro trató de reflejar en la cinta lo que ve en el presente de su nación; sin embargo, el marca distancia de sus personajes y su ficción, ya que es una persona que se considera liberal y que está a favor de la despenalización del aborto, incluso, no cree en una superioridad divina, como a la que millones de brasileños le tienen fe día a día.

“Yo soy un ateo, pero intenté hacer una película sobre fe. Estoy en contra de la penalización del aborto, estoy a favor del aborto legal en un hospital. Lo que pasó con la película es que intenté hacer una investigación por dentro, apropiarme de las estrategias y creencias bíblicas para hablar de las contradicciones de la religión”, expresa en un claro español, con ligero acento brasileño.

Gabriel toma elementos del catolicismo, como el nacimiento de Jesús a través del espíritu santo, para llevarlos a la cinta, ya que el personaje de Joana eventualmente resulta embarazada, pero nadie de los hombres con los que sostuvo relaciones sexuales es el padre de su bebé; sin embargo, cuando ella acude con su sacerdote de cabecera, la tacha de blasfema

“Lo que funda la religión cristiana, de una manera u otra, es hablar de que el nuevo mesías va a volver para salvar a la humanidad, pero cuando uno dice ‘soy potencialmente un mesías’, ahí es lo peor que se le puede decir a un líder cristiano, porque es un tremendo pecado, es una contradicción filosófica interesante que me gustó como conflicto”, puntualiza.

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