Después de vivir toda su niñez y su juventud pegado a la cocina, ayudando en el negocio familiar, a David Camacho le llegó el hartazgo y se rebeló.

Decidió estudiar guitarra clásica en la Escuela Nacional de Música para alejarse de todo eso. Muy pronto, cuando necesitó dinero, tuvo que volver a su casa y pedir ayuda de sus padres. Ahí se reencontró con la cocina y con su historia.

David Camacho unió sus dos pasiones, la comida y la música, para fundar varios negocios en el sector restaurantero hasta que logró su sueño más preciado: Mexicano Masaryk, donde convierte una comida en una experiencia multidisciplinaria llena de música, arte y bebidas mexicanas, donde las protagonistas son las cocineras tradicionales con sus platillos y sus historias.

Para David, la resistencia de su negocio en la pandemia se logró haciendo alianzas y sabiendo adaptarse a las nuevas circunstancias. “Mi plan es hacer comunidad en cada uno de mis negocios”, dice.

“Porque todos tenemos un casete de cómo crecimos en este sistema mexicano capitalista y hoy estamos rompiendo esos sistemas, y necesitamos adaptarnos a todo lo que está sucediendo. La cosa es estar atentos hacia dónde está este camino y montarnos allí, pues es hacia donde tenemos que caminar.”