El Barba Azul es conocido como salón de baile, para muchos es un simple cabaret, pero para doña Olga este es un centro nocturno al que acuden a bailar en grupo, entre amigos, con pareja o de manera solitaria y donde, claro, se pueden contratar “damas de compañía”.

Ella afirma que a las mujeres que trabajan en este tipo de bares se les debe nombrar así o “trabajadoras sociales”, porque están para pasar el tiempo con el cliente, escucharlo, tomar una bebida y también salir a la pista de baile; su oficio es digno, dice, ya que no es prostitución.

En una visita a la Ciudad de México, como turista y gustosa del baile, la realizadora de documentales Laura Herrero Garvin visitó este mítico lugar y en el baño de mujeres encontró a la señora Olga –que utiliza este nombre como pseudónimo– en una esquina, doblando papel higiénico y anunciando a las clientas que pasaban al sanitario que ella se encargaba de la faena, de limpiarlo después de su uso.

De esta primer visita al bar, en enero de 2015, surgió una amistad entre las dos, con más encuentros recurrentes en el sanitario cada que ella iba al centro nocturno, por lo que la documentalista decidió hacer una película experimental que retratara el paso de las trabajadoras de baile en el Barba Azul, de cómo es el momento previo a que comiencen su labor y el transcurso de su noche, pero desde la mirada de Olga, quien es por todas llamada como “La mami”.

Después de tres años de rodaje intermitente, la directora española obtuvo el documental que deseaba, lo pasó por festivales con el título de La mami y ahora llega a México a salas alternativas e independientes.

“Siempre digo que, de un lugar como el Barba Azul, existen tantos documentales, como miradas en el mundo (…) A mí me interesaba mirar este baño, porque había algo que yo necesitaba aprender de ahí, yo no me sentía atraída por el cabaret en sí, para grabar el documental me sentía atraída por ese baño, ‘La mami’ y lo Confesiones desde el baño de mujeres que sucedía ahí con las mujeres”, justifica Herrero, en videollamada.

Olga, quien claramente guarda su privacidad tanto a cuadro como ante medios de comunicación, está complacida con la mirada documental que realizó Herrero. Para ella es importante reafirmar que las mujeres que se dedican a este oficio, también llamadas ficheras, son dignas y se les debe quitar los tabúes que cargan.

“Esta película es para que entiendan y comprendan a la mujer que trabaja en la noche, para que no la juzguen, no la critiquen, porque tiene motivos y razones para estar ahí”, expresa “La mami”.

Ante la pandemia que se vive, y sobre cómo este tipo de antros han tenido que cerrar sus puertas, Herrero cree que la vida de este entretenimiento podría llegar a su fin, aunque doña Olga sí espera que el Barba Azul pueda nuevamente regresar a operar como centro nocturno.

El control del escenario en el cabaret

Para poder captar la esencia de cómo ocurre una noche en la pista de baile de El Barba Azul, la documentalista tuvo que recrear con el público habitual del lugar esta secuencia de manera planeada, por lo que les pidió a los clientes recurrentes, a los que estuvieran dispuestos, que se hiciera esta grabación en un día de rodaje para la producción.

“Todo lo demás fue retratar el baño de mujeres, estar ahí con ellas, observar, esperar, era grabar conversaciones que a lo mejor eran de dos horas, pero en la película duran seis minutos, fue un proceso de observación el resto del rodaje”, dice Herrero.

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