Clóset lleno, ‘corazón’ contento

Cuando estamos de vacaciones adoptamos mejor que nunca la actitud de "vive el ahora" y "el presente es un regalo".

Salirnos de la rutina nos invita a vivir bajo una filosofía hedonista. Nos desconectamos de la vida cotidiana, las preocupaciones y el estrés.

Relajamos la mente, pero también aflojamos nuestros bolsillos.

La mayor parte de nuestros gastos por impulso –consumo emocional– se debe a que recurrimos a la "terapia de compras". 

Eugenia Rodríguez Eugenia Rodríguez Publicado el
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Cuando estamos de vacaciones adoptamos mejor que nunca la actitud de “vive el ahora” y “el presente es un regalo”.

Salirnos de la rutina nos invita a vivir bajo una filosofía hedonista. Nos desconectamos de la vida cotidiana, las preocupaciones y el estrés.

Relajamos la mente, pero también aflojamos nuestros bolsillos.

La mayor parte de nuestros gastos por impulso –consumo emocional– se debe a que recurrimos a la “terapia de compras”. 

Expertos coinciden en que las personas suelen darse un gusto o consentirse cuando quieren mejorar su estado de ánimo, como sucede con los infalibles alimentos de consuelo (o “comfort foods”, en inglés).

Así lo explicaron los mercadólogos Aparna A. Labroo, de la Universidad de Chicago, y Anirban Mukhopadhyay, de la Universidad de Michigan, en un estudio publicado en el 2009, en Journal of Consumer Research: 

“Las personas gestionan sus acciones de forma estratégica tanto para lograr sus intereses a largo plazo, como para obtener placeres inmediatos. Si creen que necesitan tomar acción para regular sus sentimientos en el aquí y en el ahora, tienden a darse placeres inmediatos (…)”. 

Peggy Wynne, reconocida terapeuta de matrimonio y familia en San Francisco, California, comentó en TIME que algunos de los focos rojos que indican que las compras habituales se han salido de control es cuando las personas mienten o esconden sus compras de sus seres queridos o cuando se sienten avergonzadas o culpables de sus adquisiciones.

También, cuando faltan al trabajo y dejan sus obligaciones para irse de compras y sienten que esta actividad ya no es divertida, sino una necesidad. 

“Si parece que no se acuerdan (de lo que compraron) o son vagos en sus respuestas, sé que por lo general es un signo de un hábito de consumo emocional”, dijo a The Wall Street Journal Marlene Dattilo, asesora financiero de MassMutual, en Rochester, Nueva York.

Entre más ‘apretados’, más gastados

No solo gastamos en tiempos difíciles para el alma, sino también cuando nuestra situación económica está “en aprietos”.

Está demostrado que el estrés –causado por deudas financieras, por ejemplo– agota nuestros recursos cognitivos, lo que nos hace menos capaces de resistir las tentaciones y, por ende, tomamos decisiones irracionales o adoptamos conductas insensatas, como llenarnos de deudas. 

“Cuando sometemos a las personas a situaciones de escasez en experimentos, caen en las trampas de pobreza”, dijo a The New York Times Eldar Shafir, profesor de psicología y asuntos públicos en la Universidad de Princeton. “Solicitan préstamos con altas tasas de interés que los perjudican, en formas que conocían cómo evitar en tiempos menos precarios”. 

En un estudio publicado en noviembre del 2012 en Science, se demostró que las situaciones de pobreza pueden provocar que las personas se enfoquen demasiado en sus necesidades a corto plazo, sin prestar atención a las consecuencias a largo plazo. 

El estudio consistió en una serie de experimentos que involucraron rondas de juegos en las que se asignaban recursos –tiempo y dinero– a los participantes con distintos presupuestos. 

“La escasez modifica la manera en la que las personas destinan su atención: los lleva a involucrarse a fondo en algunos problemas, a la vez que descuidan otros. Esto puede (…) ayudar a explicar comportamientos como el exceso de endeudamiento”, señaló el reporte de la investigación, encabezada por Anuj Shah, docente de ciencias de la conducta en la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago. 

Otros estudio publicado en enero de este año en Psychological Science y realizado por  Vladas Griskevecius, de la Universidad de Minnesota y Joshua Ackerman, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), demostró que las personas que crecieron en un ambiente de bajos recursos tienden a tomar decisiones financieras más riesgosas en la edad adulta cuando atraviesan una mala racha económica. 

¿La razón? El psicólogo social Randy Stein explicó en Scientific American que las personas que crecen en entornos económicamente más pobres desarrollan estrategias “más rápidas” que aquellos de familias con mayor poder adquisitivo. “Como resultado, la pubertad y la conducta sexual comienza antes, las relaciones son más causales y la impulsividad es mayor”.

Terapia que funciona

Con moderación, la terapia de compras puede convertirse en nuestro mejor aliado para sentirnos bien con nosotros mismos. 

Como expresó a la revista TIME la terapeuta Peggy Wynne: “todos disfrutamos de un poco de terapia de compras de vez en cuando. En dosis pequeñas y manejables, ésta puede confortar el alma”. 

Kit Yarrow, investigadora galardonada en el comportamiento del consumo y presidenta del departamento de psicología de la Universidad Golden State, en San Francisco, escribió en TIME acerca de algunos beneficios terapéuticos que se obtienen del shopping con mesura.

Entre estos, Yarrow destacó la posibilidad de visualizar el futuro, de manera que nos podamos preparar para una transición crucial en la vida –el sillón de una nueva casa, la cuna del bebé que está en camino, por ejemplo–. 

Además, cualquier tipo de compra –en línea, en tiendas físicas o incluso observando los aparadores– nos ofrece un escape, una pequeña vacación mental, explicó Yarrow. Otro beneficio de acudir a la plaza comercial es la oportunidad de establecer contacto con personas que tengan gustos similares en productos o marcas. 

“Si hay un antídoto a la angustia emocional, es la conexión humana. Somos una especie que debe estar con los demás”.  

Cambio de código postal como terapia

En aquellos casos de personas que se encuentran en medio del duelo emocional, afrontando circunstancias difíciles en la vida como la pérdida de un ser querido o un divorcio, la terapia de compras puede quedar en segundo plano. En cambio, ven en el cambio de hogar una oportunidad para sanar su dolor y comenzar de nuevo. 

“Nuestra casa representa la comodidad y otra manera de identificarnos. La pérdida cambia tu identidad, por lo que también piensas en cambiar de casa (…) Se trata de un mecanismo de defensa”, dijo a The New York Times, Gail Saltz, profesor de psiquiatría del Hospital NewYork-Presbyterian.

Pero esta estrategia no necesariamente garantiza el éxito. “No procesamos las cosas de forma inmediata”, expresó Saltz. “Guiarse por el deseo de huir puede llevar a que tomes una decisión financiera o emocionalmente poco inteligente para ti”. 

— Película recomendada: “Loca por las compras”
Director: Paul John
“P. J.” Hogan
[Estados Unidos, 2009]

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