¿Alguna vez, siendo niños, les preguntaron cómo se sentían con el trato que les daban los demás, o ustedes a ellos?

Probablemente no, pues desde pequeños, antes de velar por nuestro bienestar emocional, los adultos se dedicaron a imponernos rituales religiosos, conductas, guías sociales y roles para comportarnos de determinada forma por haber nacido mujeres o varones. Estereotipos de género, les dicen.

No llores, exigen a los varones. Trata a las mujeres como princesas o como sirvientas, según te convenga. No puedes jugar fútbol porque es para hombres, se les pide a las niñas; sé bonita para que alguien se enamore de ti, se case contigo y pueda darte una familia.

Pero, ¿qué pasaría si, en lugar de imponerles cosas, les preguntamos qué quieren y cómo se sienten?.

¿Cómo cambiarían las cosas si, en vez de decirle a un niño varón que no puede llorar, se le invita a expresar abiertamente sus emociones? ¿o si, en lugar de exigirle a una niña que sólo juegue con muñecas, se le permite también ensuciarse los pies jugando al soccer?.

Esta es la escena: varios niños y niñas juegan en un parque. Un pequeño intenta llamar la atención de una niña, comportándose como un príncipe atento, romántico y encantador sin conseguir que ella le haga caso. Entonces opta por ser un “ogro” y la trata con violencia, con lo que la niña se aleja todavía más.

“Qué quieres ser, un príncipe o un ogro?”, le preguntan al pequeño. “Ninguno de los dos, mejor algo que sea real”, responde él.

En la dinámica, los niños aprendieron cómo tratarse entre sí para no faltar el respeto a otras personas ni a sí mismos, quitándose además los estereotipos de género que, afortunadamente, están desaprendiendo.

Y es que el manejo de las emociones y conductas desde la infancia, define si llegamos a una edad adulta responsable, integral, sana y nos prepara para prevenir la violencia intrafamiliar, tal como lo hace la iniciativa Ciudadanitos en Acción.

“A nosotros los hombres nos enseñaron a proteger a las personas que amamos, no importa que eso signifique que nos convirtiéramos en un ogro”, dice un varoncito. “A nosotras las mujeres nos enseñaron que los hombres deben ser unos príncipes maravillosos para que nos libren de todo el mal”, responde una pequeña.

Y concluyen:


“El amor no es ser ni un príncipe ni ogro, es ser tú mismo y aprender a respetar a los demás”.

Educando seres humanos, en lugar de orgos y princesas

Ciudadanitos en Acción es un modelo de educación desarrollado por la asociación Despierta, Cuestiona y Actúa A.C. (DCA) que ofrece a niñas y niños capacidades de comunicación más allá de las tradicionales.

El objetivo es que, desde pequeños, sean perfectamente conscientes sobre su sexualidad, la igualdad, estereotipos de género, masculinidades positivas y prevención de violencia; para convertirlos en súper mujeres y súper hombres cuando lleguen a la edad adulta.

Para Cecilia García Montoya, directora general de DCA, es más fácil erradicar patrones de violencia machista desde pequeños, pues en la infancia es donde se aprenden los modelos culturales que más tarde son difíciles de eliminar.


“Trabajamos con niños de 7 a 12 años y es un trabajo preventivo, porque a diferencia de nosotros, si bien los niños tienen algunos patrones machistas en la familia, todavía no entienden si está bien o mal, sino que están todavía decidiéndolo. Es un momento perfecto para hacerlos reflexionar”.

Ciudadanitos en Acción nació diez años atrás, como un modelo de participación política para niñas, niños y adolescentes en escuelas públicas de colonias con altos índices de violencia, marginación y vulnerabilidad.

Durante una década, la iniciativa ha intervenido a más de 65 mil niños en Nuevo León, Coahuila, Jalisco, Aguascalientes y Puebla.

A través de juegos y actividades lúdicas, el esquema de enseñanza los invita a reflexionar sobre sus propias emociones, expresarlas y entender también lo que sienten quienes los rodean. Empatía, se llama, palabra “nueva y neoliberal” según el presidente de México.


“En las actividades les enseñamos que el niño puede barrer y llorar y no pasa nada. A veces los niños crecen con patrones que les hacen sentir de cierta forma y es lo que los obliga de adultos a continuar con la violencia”.

Y es que la violencia se aprende, en primer lugar, en el que debería ser el lugar más seguro para todos: el hogar. Después se refuerza en otras instituciones, como la escuela, y son tantos los contactos con ella que puede convertirse en parte de la normalidad.

Esa normalización de la violencia provoca que existan hombres agresivos y mujeres permisivas; que desde pequeños idealicemos un “amor romántico” como fin único de la vida, en lugar de priorizar las metas de desarrollo personales.

Y es la causa de que muchas generaciones de humanos reproduzcan los patrones hacia sus hijos y nietos, creando una espiral de violencia, machismo y desigualdad que debe frenarse en seco.

Los súper humanos del futuro

Con el control temprano de las emociones no sólo podríamos ser mejores seres humanos, sino evitar problemáticas mentales como la ansiedad, depresión y padecimientos relacionados con la censura que alguien ejerció sobre nosotros, y más tarde, nosotros mismos producimos en los demás.


“No se trata de lo que les digamos si algo está bien o mal, sino hacer que ellos mismos descubran cómo se sienten al respecto. No es algo que podamos aprender como aprendemos matemáticas; es muy difícil hacer estos cambios de conducta si no es a través de lo que ellos sienten”.

La intervención también incluye un modelo integral de educación sexual. México es el país que regala más preservativos para impulsar la planeación familiar, pero también es quien encabeza las tasas de embarazo adolescente, explica la directora de DCA.

Por ese motivo es correcto explicarle a los niños, desde muy pequeños, qué significa tener un pene o una vagina y todo lo relativo a su sexualidad. Con ello no sólo se evitan embarazos no deseados, sino también es la base para prevenir el abuso sexual.

En unos años, muchos de estos niños no serán adultos comunes, sino seres humanos más completos, con una mejor salud mental y menos estereotipos. Eso se traduce en una mayor calidad de vida en todos los aspectos, dice Cecilia.


“Queremos que estos niños sean hombres que en los próximos 20 años acompañen la lucha a favor de la igualdad, que cambien las conductas; y que las mujeres se empoderen cada día más para que ocupen por sí mismas los mismos espacios que ellos”.

Es la sociedad civil organizada quien está educando a los niños para convertirlos en grandes seres humanos en lugar de delincuentes, con contenidos que aún no existen en las políticas públicas de nuestro país ni en los planes de estudios de educación básica.

Incluso, dice Cecilia, los maestros en las escuelas públicas todavía se sienten incómodos cuando la asociación interviene a los niños con temas de sexualidad, porque están llenos de estigmas.

“También algunos papás nos dijeron que no les habláramos de esos temas a sus hijos. En una ocasión, un niño llegó a escondidas y decidimos seguir con el programa para él. Al final de cuentas, el papá nos agradeció porque él no sabía cómo hablarle de esos temas a su hijo”.

En México, dice, las políticas de salud reproductiva se resumen en regalar condones, con lo que las autoridades piensan que los embarazos no deseados terminarán para siempre.

La educación requiere crecer, no sólo en conocimientos teóricos, sino en habilidades prácticas para la vida diaria.


“El sistema de educación en México se centra en darnos conocimiento, pero no competencias. Lo que necesitamos en este siglo y en la era digital, es enfocarnos competencias interpersonales e intrapersonales que después se conviertan en comunitarias”.

Un ciudadano completo ejerce todos sus derechos, incluyendo la salud reproductiva y el derecho a la no violencia. Si el gobierno invirtiera en educación, explica Cecilia, ahorraría mucho más presupuesto que lo invertido en los problemas de la edad adulta, como la corrupción, delincuencia y abandono infantil.

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