Arnulfo inició una campaña internacional en busca de justicia por el genocidio y así condenar a los responsables. Foto: Especial

Arnulfo Oxlaj, sobreviviente de una masacre en Guatemala, busca justicia por el genocidio ocurrido en su pueblo

A 35 años de la masacre en Chiul, Cunén, Arnulfo Oxlaj, uno de los pocos sobrevivientes de este hecho, cuenta cómo ha sido su vida después de esta masacre y la campaña que lanzó para que el genocidio sea reconocido por el estado de Guatemala

Este 2023 se cumplen 35 años de la masacre en Chiul, Cunén, El Quiché, Guatemala, entre 1960 y 1996, en el que Arnulfo Oxlaj fue el único niño sobreviviente de entre los 116  hijos e hijas de los Aj q’ijab’, guías espirituales, contadores y señores del tiempo, así como de entre cientos de mujeres y hombres mayas que fueron torturados y asesinados con violencia y saña, ocasionando heridas profundas en las familias de las víctimas y en la población maya en general.

Hoy en día Oxlaj es un activista y defensor de los derechos humanos que se encuentra amenazado de muerte por ser el único testigo vital de esta masacre. Y aunque fue desterrado de su lugar de origen, desde otras latitudes exige justicia.

“Todo este tiempo ha sido como una tormenta. A veces me pregunto cómo sería si yo hubiera muerto junto con mis compañeros. Quizá sea otro, pero mi destino fue esto. No puedo decir qué sea mejor, porque estamos en una gran lucha.

“En el contexto cristiano, yo digo que estamos en una lucha como David y Goliat, porque son tan poderosos económicamente. Con esta masacre, el testimonio clama lo siguiente: Mientras que estábamos en el pozo, clamábamos por ayuda y piedad, pero en vez de eso, los asesinos se acercaron a la orilla y empezaron a orinarse sobre nosotros, alababan a su Dios cristiano ‘alabado sea el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, ningún indio, brujo, salvaje más sobre la tierra’”, narra Arnulfo a Reporte Índigo.

A la fecha, Arnulfo no comprende la saña y la violencia hacia su pueblo por “supuestos creyentes”. Y recuerda las palabras de su madre, una de las pocas sobrevivientes y testigo de esa masacre, Antonia Vicenta Oxlaj Cos: “Si yo tengo mucho amor a una ideología, a una creencia, tengo que ser digna”.

A través de la liga: www.change.org/Chiulesmemoria Oxlaj hace ña petición para que el genocidio perpetuado en Chiul, Cunén, El Quiché, sea reconocido por el Estado de Guatemala

La masacre de 1988 no es un evento aislado, sino parte de toda una práctica de genocidio contra el pueblo maya, para quienes la espiritualidad y el respeto hacia la madre tierra son núcleos de su identidad.

Este genocidio evidencia la ideología tanto de Efraín Ríos Montt, dictador de Guatemala en los años de 1982 y 1983, como de Vinicio Cerezo, presidente de Guatemala durante el periodo de 1986 a 1991, quienes son los principales responsables de estos delitos de lesa humanidad, con la implementación de estrategias de blanqueamiento social buscando fortalecer a la iglesia, la fe en la religión católica y evangelista a través de un régimen militar.

“Los políticos manipulan, los jueces manipulan y violan la ley. Estamos plagados de brujos. Los que son fanáticos de la religión cristiana, inclusive si fueran defensores de los derechos humanos, niegan acompañar este hecho”, lamenta el activista.

Arnulfo Oxlaj Inicia una campaña contra los culpables

La estrategia de exterminio contra el pueblo maya es un mecanismo que se sigue repitiendo hasta el día de hoy, por ello, Arnulfo inició una campaña internacional en busca de justicia por el genocidio y así condenar a los responsables, una reparación digna a los sobrevivientes, que se planteen medidas para que esto no se repita, ni se sigan entorpeciendo los intentos de exhumación de los cuerpos de las víctimas, ni criminalizando a los sobrevivientes.

Debido a que el legado de los genocidas continúa en el poder y, a su vez, estos gozan de protección, actualmente, Quetzalí Cerezo, hija de Vinicio Cerezo, es candidata a diputada, y Zury Ríos, hija de Efraín Ríos Montt, es candidata a la presidencia de Guatemala.

Además, junto con grupos ultraconservadores están impulsando una iniciativa de ley de amnistía total a los exguerrilleros, militares y miembros de fuerzas de seguridad del Estado, responsables de estos delitos, iniciativa que supondría un grave retroceso en materia de Derechos Humanos y la violación de tratados internacionales.

“Nuestra voz tiene grandes paredes y nosotros queremos traspasarlas. Quisiéramos que el pueblo amante de la justicia, la libertad y de la democracia dijera ‘pueblo maya estamos con usted’. Ese es el grito que nosotros buscamos. Porque la democracia que construyó el expresidente que encabezó esta masacre, Marco Vinicio Cerezo Araya, está fundada sobre la sangre de niños.

“Hoy sufro persecución, amenazas, atentados terroristas. El 13 de julio del 2022 fueron a explotar mi casa. Y actualmente un agente de la policía está haciendo trabajos sucios en nombre de los asesinos. Trabajadores del Estado son los que llevaron a cabo esta masacre. Ahora un trabajador del Estado está atentando contra mí”, relata.

“Mi madre y mi padre son mis grandes maestros de lucha, siempre decían que la muerte es sagrada, pero si alguien te arrebata la vida, ahí donde la muerte llora”
Arnulfo OxlajActivista

Arnulfo Oxalj exige a través de la plataforma change.org que el genocidio perpetuado en Chiul, Cunén, El Quiché, sea reconocido por el Estado de Guatemala. Con esto, precisa, servirá para honrar la memoria de los 115 niñas y niños asesinados el 21 de mayo de 1988.

“Queremos una sepultura digna a los cuerpos de las mujeres, niñas y hombres masacrados, que se lleve ante la justicia a los responsables, que las Naciones Unidas juzguen al Estado de Guatemala por este crimen y, sobre todo, que estas voces lleguen a la puerta del Estado del Vaticano para que se responsabilice de estos actos inmorales y crímenes asquerosos y racistas de sus seguidores”, exclama.

Arnulfo demanda que no se puede inculcar una creencia a punta de espada, terror, odio y violaciones. El 21 de mayo de 1988 recuerda que entre cientos de mujeres, seleccionaron a tres mujeres, a quienes violaron y abrieron el vientre.

“Los animales son nuestros abuelos, nos enseñan porque son maestros. Pero estos salvajes, que ni la madre tierra los quiere tener, han tirado en mares, cenotes y ríos a nuestros niños, los han quemado y violado. ¿Esto queda en el olvido? No. Esta masacre de 1988 reivindica que nosotros los mayas existimos y necesitamos que nos respeten. Queremos terminar esa era de sangre”, expone.

La gran maestra de su vida

La madre de Arnulfo Oxlaj, Vicenta Oxlaj Cos, falleció en 2022. Antes de su deceso le dijo a su hijo que siga en pie de lucha, sin miedo y no se avergüence de su pueblo.

Actualmente, Arnulfo Oxlaj está en trabajo de tesis en una universidad de Inglaterra sobre el conocimiento ancestral maya

“A los siete años me arrancaron de mi madre. Por protección, me tuvieron que mandar a Suiza. Un niño siempre necesita de la presencia de su madre, pero por dos años no tuve eso. Con los años aprendí que ser maya es un gran privilegio, porque gracias a la sabiduría ancestral supe que la justicia no es una venganza, es reeducar a los asesinos, la conciencia, y queremos darles la cura a través de la memoria histórica”, considera.

Las cifras

 Durante el conflicto armado interno que se vivió en Guatemala entre 1960 y 1996:

  • 200 mil personas fueron asesinadas, 83% de las cuales eran indígenas mayas y 45 mil están todavía desaparecidas
  • Un millón de personas se vieron obligadas a desplazarse
  • Más de 600 masacres fueron documentadas y 400 aldeas fueron completamente destruidas
  • 100 mil indígenas fueron víctimas de actos de “limpieza racial”
  • 25 mil de los cuales eran niñas y niños
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