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Opinión

Se sabía desde hace tiempo que el azufre de la refinería de Pemex que está en Cadereyta, Nuevo León, es uno de los nodos de contaminación no sólo más visibles sino más nocivos para la salud pública. Que, además, resalta cada vez que hay contingencia ambiental en la Zona Metropolitana de Monterrey salta el problema a la vista de todos.

Algunas personas han propuesto su desplazamiento, pero la realidad es que el debate más álgido lo tenemos en el cambio de decisiones en materia energética. Tenemos que aceptar que ya no podemos vivir así. Los altos niveles de contaminación tarde o temprano tendrán más muertes que la propia pandemia y estamos haciendo muy poco para frenarlo.

Por eso, más allá de las múltiples denuncias por parte de diferentes actores e instituciones o estas propuestas de desplazamiento, lo más importante es instalarnos en la celeridad de la transición energética, las urgentes respuestas que necesitamos al cambio climático, y la imperiosa necesidad de producir energía limpia y de una forma limpia

Si tan sólo se usaran nuevas tecnologías como en su momento se hizo en Baja California, o diéramos un “golpe de timón” para ya no construir más refinerías, estaríamos hablando de otra historia. Porque también hay que ser claros, los problemas ambientales no tienen fronteras. Toda consecuencia de cada negligencia ante esta contaminación, impacta en el planeta.

Pero más allá del medio ambiente, las refinerías comienzan a ser obsoletas y poco rentables. La de Cadereyta lleva 40 años con algunas denuncias de inclumpliento de contratos, desperfectos y, además, con una promesa de “rehabilitación” que a estas alturas nos coloca en el rezago energético en lugar de anticiparnos a lo que viene.

La política energética impuesta por el presidente hará más daño al país de lo que promete “reparar” los errores del pasado. Necesitamos mayor inversión privada, más tecnología (con esta se puede detener esta contaminación excesiva de lo que ya hay), más producción de energía limpia, más incentivos del Estado para esa producción y consumo.

No sé cuántas personas muertas y enfermas más esperamos no sólo en Nuevo León, sino en el país. Mientras algunos países ya tienen experiencia sobre cómo avanzar hacia esa dirección.

No es que Pemex no tenga futuro, tal cual, pero ya no es futuro. Necesitamos con urgencia que se sepa con esa claridad y contundencia. Así como con claridad y contundencia se nota en ese video que se viralizó de la “fumarola” de la refinería, que sí se está contaminando, que no se debe jugar con nuestro derecho a un medio ambiente sano y que en donde hay futuro es en la independencia de combustibles fósiles.

Si esto no se entiende, podrán existir todas las denuncias y todos los juicios, pero no las decisiones públicas sobre materia energética y la voluntad política para anticiparnos con el sentido de urgencia que esto merece, estamos frente a decisiones históricas y vamos muy tarde. Porque en lo que escribo esto, nomás pregúntese qué está respirando y para eso no hay cubrebocas que sane ni qué alcance.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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