Sigo impresionado con la noticia. El lunes me avisaron que Oscar Yasser Noriega había fallecido. Mi primer impulso fue escribirle a Jorge Alor, quien me confirmó la noticia. Él había sido su socio y quien me dio la primera oportunidad en el mundo editorial. Como yo, Jorge se leía muy triste. Oscar fue la persona con la que convivió, trabajó y soñó, hombro a hombro, por 10 años.

Yo conocí a Oscar Yasser poco después de graduarme. En ese momento yo sólo era un recién graduado, pero Jorge Alor me permitió arrancar como editor web y luego como coordinador editorial de la revista Sputnik.

Akira, como era conocido Oscar, había sido socio de Jorge Alor y aunque ya no estaban juntos, sus visitas eran constantes a la calle de Puebla, en la Roma, donde estaban las oficinas de Sputnik. Si bien iba a visitar a Alor, se daba el tiempo de saludar a quienes en su momento fueron parte de su equipo y darse una reta de FIFA. Años más tarde, comencé a colaborar en varios lados y fue así como terminó de ubicarme como periodista.

Nuestros encuentros eran esporádicos, pero curiosamente el tiempo nos fue dando la madurez y la óptica para que esos encuentros fueran cada vez más afectuosos. En algún momento de la vida nos vimos en Japón y ahí me contó de sus proyectos. Debo decir que no éramos tan amigos, sin embargo, justo por eso aprecié que se tomara el tiempo de saludarme y compartirme un poco de su vida.

Momentáneamente hubo competencia, ya que varios de sus proyectos para mí y mi equipo eran referencia y queríamos superarlos. Sin embargo, la vida hizo que esa competencia se transformara en un respeto mutuo.

Puedo decirles que, si bien todos conocemos su faceta de emprendedor editorial y tecnológico, hubo varios momentos que me dejó ver a la persona, sobre todo cuando decidía que sus seres queridos eran su máxima prioridad.

Nunca olvidaré cuando en esos momentos, donde la vida me llevó a límite, él estuvo ahí para decirme que “había que dejar de lamentarse y seguir adelante”. Todo eso hizo que el respeto que le tenía se convirtiera en admiración. Indudablemente tuvo retos y, claro, errores. Errores que todos aquellos que hemos emprendido hemos cometido.

La última vez que lo vi fue gracias a Google, cuando nos invitaron a cubrir un evento en el Hipódromo de las Américas, en noviembre del año pasado. Hablamos de mil cosas: su empresa, sus proyectos, su regreso de Japón a Guadalajara. Yo le conté un poco de mi vida y de los problemas que estaba por resolver.

Asimismo, me contó sobre las cámaras que usaba para sus streamings, coincidimos que OBS era una joya y me dio el tipo de un switcher virtual que utilizaba. Fue poco tiempo, pero en serio me dio gusto ver a alguien que, si bien me llevaba años de trayectoria, me veía como alguien más de su generación.

De haber sabido le pido más consejos. Se fue un ícono.