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Opinión
Nacional
Cable Rojo

Al tiempo que Donald J. Trump pierde terreno contra Hillary Clinton, las trompetas que se escuchan son más parecidas a las de “El último puesto” o “Taps”, melodía que se entona en los funerales militares de Estados Unidos.

Barack Obama siempre será recordado por convocar el “no hay Estados rojos o Estados azules, solamente existen los Estados Unidos de América”. Lo mismo dijo con respecto al espectro étnico y socioeconómico; no hay una América negra y una blanca, asiática o hispana, sólo existe América, como si esa América sólo fuera EUA, pero esa es otra historia.

Lo cierto es que en las entrañas de la “tierra de los libres y hogar de los valientes” -su célebre última estrofa del himno nacional- se vive otra cosa.

La implosión económica de 2008 aunada a la hoguera política de nuestro tiempo, y que en Washington es más bien como una guerra de comida, todos contra todos y mientras tanto todo pasa y no pasa nada; originó un retroceso del poderío norteamericano. Sumergido en las guerras de Irak y Afganistán, el imperio del norte perdió su estrella polar.

Hoy la apatía nacional es sonora,  el eco del !U.S.A., U.S.A.! se pierde entre la decadencia sociopolítica. El dinamismo americano, la vibrante economía y la espectacularidad de su infraestructura han sido arrasados por Asia.

Los grandes aeropuertos de Estados Unidos, cuentan con el mínimo mantenimiento, los puentes y carreteras que datan de hace más de medio siglo no han sido renovados.

Woodrow Wilson bien dijo que quien quisiera hacer enemigos intentara cambiar algo.

Obama lo intentó y en cambio recibió un impasse político y legislativo. Nos guste o no,

Trump va caminando por la misma senda. El problema es que los estadounidenses ya no saben que es lo que quieren cambiar, solamente saben que quieren algo lo más diferente posible a lo que han visto en las últimas dos décadas. Aunque en la hora cero, el verdadero cambio aterre a la mayoría y opte por un cambio moderado, justo e ilustrativo, pero no de fondo.

Pueblos como Staunton, Virginia, lugar de nacimiento de Wilson, recuerdan lo que Estados Unidos quiso ser, llegó a representar pero no se conservó. Las raíces coloniales traducidas por los padres fundadores en sueños liberales.

Pero cuando vemos a Milwaukee, Baltimore o Nueva Orléans divididos por el odio racial, y a Los Ángeles o Chicago, en donde la mitad de la población habla español, los Estados Unidos de Obama no parecieran ser uno solo.

Y no sólo por el sentido de homogeneidad y pluralidad, pero también por un híbrido sentido de asimilación.

Contrario a las tendencias electorales pasadas en donde el voto latino y el voto afroamericano definirían las elecciones, este estallido político ha llevado a la mayoría blanca estadounidense a replantear sus preferencias partidistas. Y es que esta vez no se trata de liberalismo y conservadurismo, sino de un voto entre el hartazgo y el miedo.

Pero, ojo, porque si uno ve al Trump de hoy no se ve al mismo de hace seis meses, si no a uno más mesurado y a una Hillary más agresiva en la retórica. La pregunta a reflexionar sería ¿fue la conducta más políticamente correcta de Trump lo que lo ha hecho perder terreno (12 puntos porcentuales de diferencia, de acuerdo con Gallup), es el miedo de la gente o más bien este es su cierre fuerte, que el pueblo estadounidense empiece a imaginarse a Donald Trump como su Presidente y por ello lo estrategas de Clinton la han orillado a subirle al tono?


* Esta opinión no refleja la del periódico

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