Hoy en día se está volviendo cotidiano leer en los periódicos o escuchar en las noticias que menores de edad perdieron la vida durante un enfrentamiento armado. Son inocentes y parte del saldo de la violencia armada, de la inseguridad a la que están expuestos.

Un reporte de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) señala que, hasta mayo de 2022, se han cometido 451 homicidios dolosos contra menores de cero a 17 años, de los cuales 338 murieron en el fuego cruzado de grupos delincuenciales o del crimen organizado.

Redim destaca que casi cuatro menores son asesinados a diario en el país, lo que significa que mientras en los primeros 100 días de guerra en Ucrania perdieron la vida 242 infantes, 320 murieron en México por la violencia.

El especialista en seguridad Javier Oliva dijo al periódico 24 Horas que es “alarmante la violencia contra los menores, quienes son completamente ajenos a las situaciones y víctimas directas de los ataques y de los perpetradores, lo cual debería llamar la atención de los gobiernos federal y locales”.

“Evidentemente es un proceso de deterioro, ya vimos lo que pasó en la fila para la vacuna en Puebla y cómo unos asesinos se metieron a la casa de alguien en Apaseo el Grande y mataron a un niño de diez años y a su mascota; así hay muchos casos en los que vamos cruzando líneas rojas”, sostuvo.

El pasado 2 de julio, en la comunidad Guadalupe La Patrona, perteneciente al municipio de Amatlán de los Reyes, en Veracruz, se les arrebató la vida a dos adolescentes, de 13 y 15 años, durante un enfrentamiento entre civiles armados y elementos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).

Ambos se encontraban lavando una camioneta al interior del domicilio de su primo cuando comenzó el fuego cruzado. La madre de éstos dijo que esa era la forma en la que se ganaban dinero, “ellos eran niños de trabajo, de estudio”.

Las historias de niñas, niños y adolescentes asesinados o heridos en enfrentamientos no deberían ser noticia, mucho menos, entenderse como parte de una cotidianidad o normalizarse.

Las imágenes de menores tirados al piso en sus escuelas, en un centro de vacunación, en plazas públicas o en sus casas, son devastadoras, son alarmantes, son una llamada de atención de cómo el Estado les está fallando.

No necesitas una masacre como las que ocurren en las escuelas de Estados Unidos, si diariamente hay niñas, niños y adolescentes perdiendo la vida en enfrentamientos, presos de la barbarie.

Ojalá que la campaña “Con los niños, no”, incluyera a todas y todos nuestras niñas niños y adolescentes, y no solo a quienes son hijos de figuras públicas, porque nuestra niñez y adolescencia no tienen partido ni ideologías, tienen derechos, y hasta ahora, por lo menos en este sexenio, nuestros menores de edad están invisibilizados y no son un tema prioritario ni para la Federación ni para los gobiernos estatales y municipales.