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Opinión

La proliferación masiva de la información en la era de la digitalización ha servido, en gran medida, para minar los regímenes de gobierno y los sistemas políticos contemporáneos que se han mostrado añejos y obsoletos.

Ahora, inmersos en un ciclón de información, las democracias enfrentan un gran reto. El de la militarización de la información. Esto no significa que los ejércitos se adueñen de la información. Por el contrario,  se trata de que la información se ha convertido en un arma per se. Una que así como ha contribuido al clímax democrático de la sociedades, en esta era de hoguera política en donde los sistemas están colapsando, la información convertida en desinformación amenaza y hace daño al colectivo hiperinformado.

Me explico, la base para que una democracia funcione requiere de que sus ciudadanos estén bien informados y así pueda existir la participación ciudadana. El problema está en que cuando la información se digitalizó llegando a cada rincón del planeta, también lo hicieron las viejas formas de propaganda. Y si bien, la desinformación siempre ha existido, hoy el flujo, la velocidad y su capacidad de proliferar le empieza a ganar a la capacidad de la sociedad de procesar lo que es cierto de lo que no es cierto.

Por ejemplo, más allá del debate de moda sobre la enérgica respuesta de los millennials de organizarse, informar y ayudar durante la tragedia que dejo el sismo del 19-S – todo digno de aplaudirse – se suscitaron focos rojos en torno a la información que inundó las redes sociales y el internet en general. La cantidad de desinformación, tergiversada o no, cobró vidas. ¿Cómo? Desviando recursos de rescate hacia lugares falsos, reportando incidentes falsos que obstruyeron vialidad o rutas de rescate y en general entorpeciendo la rápida reacción de las autoridades y de los voluntarios.

Si, los millennials, usted y yo quisimos ayudar en la medida de nuestras posibilidad compartiendo lo que nos pedían en redes sociales o en grupos de Whatsapp. Pero la realidad es que mucha de esa información estaba diseñada con el único propósito de; desinformar y sembrar pánico o terror colectivo.

Existen algunos ejemplos en específico, cómo; el mensaje masivo en Whastapp que informaba que Telmex había abierto su red inalámbrica al público, que lo único necesario era introducir una clave a una red con determinada terminación numérica. Esto era parcialmente cierto, ésta compañía sí abrió su red al público en general, pero no era necesario introducir ninguna clave. Entorno a eso, las autoridades detectaron que esto era un anzuelo para conectarse a una red que pretendía utilizar malware para extraer información de los teléfonos móviles.

Un mensaje en redes sociales que indicaba que la ONU aseguraba y alertaba de una réplica con mayor magnitud que el sismo inicial, las innumerables aseveraciones de inmuebles cayéndose que resultaron falsas y la joya de la corona de la desinformación: Frida Sofía.

Las redes sociales y el internet no pueden, ni deben, ni serán censurados.

Eso nos regresaría un siglo a las practicas más autoritarias.  Sin embargo, es fundamental crear consciencia sobre este fenómeno intangible, pero que ha logrado que lo improbable pase, cómo instalar a Donald Trump en la Casa Blanca a través de mecanismos digitales de manipulación que van desde ejércitos de bots, hasta clickbaiting y micro-targeting.

Y es que la tragedia del pasado 19 de septiembre, nos hizo recordar de que está echo el pueblo mexicano, la entereza y la capacidad de unificarnos, organizarnos y sobresalir. También nos probó que en efecto existe una generación que así como tomaron las redes, también está dispuesta a salir a las calles, y que ya en las calles, existe el susurro de que las tomarán y construirán las bases de los sistemas políticos modernos. Sólo hay que llevar cuidado en que el arma que nosotros los jóvenes creamos y utilizamos para manifestarnos – la información digital- no la usen los detractores en contra de nosotros para destruir nuestros sueños y esperanzas. Al tiempo.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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