Estamos ante un hecho histórico: el colapso de la humanidad a nivel global como consecuencia del avance del Covid-19.

Este hecho y este tiempo marcarán la trayectoria de la humanidad como un periodo de inflexión en la historia del siglo XXI, que dio pauta a la ecuación exacta entre la emergencia sanitaria, una crisis económica y la transformación de la vida en sociedad, al traer consigo bifurcaciones en el capitalismo a nivel mundial sin vuelta atrás.

En México, desde mediados de la década pasada, el fantasma que nos ha venido persiguiendo es el del estancamiento económico, aunado a la pobreza y desigualdad social en que las pasadas administraciones sumieron a nuestro país.

Después de la crisis del 2008- 2009 vino un periodo de recuperación y después de estancamiento. Al comercio mundial junto con la globalización se le sumaron el alza de los precios de las materias primas y un mayor crecimiento económico impulsado por el aumento de las exportaciones.

Además de esto, la economía mexicana manejada en el pasado por un puñado de tecnócratas neoliberales, hicieron que nuestro país estuviera subordinado a los vaivenes de la economía global inmersa constantemente en la incertidumbre.

Con todo, en los primeros meses de este 2020 llegó la enfermedad del Covid-19, como cereza del pastel, al convertirse en marzo en una pandemia mundial, empeorando más la situación social y económica de México y América Latina, que ya sufrían los efectos de una economía mundial en franca desaceleración, pero ahora, con la producción y el comercio internacional casi paralizados.

En menos de dos meses hemos transitado por varias etapas, desde la expectativa de alcanzar mejores condiciones económicas para nuestra nación, hasta la posibilidad de vivir uno de los peores estancamientos económicos en la historia del México moderno.

Aún no podemos definir los alcances de los posibles efectos negativos de esta tendencia generada por una emergencia sanitaria mundial, lo que sí es seguro es que tendremos que tomar acciones económicas emergentes, para que nuestra sociedad y nuestras finanzas no salgan aún más lastimadas.

Tanto México como la región de América Latina se encuentran ante una lucha de vida o muerte contra la pandemia, con el condimento de una mayor fragilidad macroeconómica.

Las cifras son alarmantes y empeorarán con el avance de los días, pero el manejo de la crisis que ha hecho el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido el correcto y genera confianza, tal como lo reconocieron los responsables de la OMS (Organización Mundial de Salud), sobre las fortalezas de México respecto a la organización y reorganización para enfrentar la pandemia en sus diferentes fases.

Por otra parte, resulta indispensable concentrarnos en apoyar a las Pymes, por lo que debemos enfocarnos en lo que el Gobierno de la República planteó hace unos días: la posibilidad de incrementar 3 millones de créditos adicionales a las micro, pequeñas y medianas empresas; dando a conocer además, y solicitando a 15 grandes empresas que cumplan con el pago de sus impuestos que ascienden a más de 50 mil millones de pesos.

Si las empresas morosas pagan las grandes cantidades de dinero que deben a la hacienda pública, lograríamos tener más recursos para poder enfrentar la grave pandemia, así como aportar al rescate de las micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas que hoy sufren las consecuencias de la parálisis mundial.

El reto presente es lograr justicia en la distribución de la riqueza a favor de las y los mexicanos, pero sobre todo, de ser solidarios y estar unidos.