Eran finales de abril, apenas había pasado un mes y medio del inicio del Gran Encierro, y nadie podía prever que estaríamos el resto del año semiaislados.

Fueron poco más de 40 días que recuerdo como un infierno aún al frente de Entrepreneur. De un lado, la presión por cumplir las exigencias del trabajo y las interminables juntas vía zoom. Del otro, tratar de trabajar en casa en medio del caos que provocan un bebé que exige atención, una esposa que también tiene trabajo que entregar y una casa en la que aparecen trastes sucios y desorden como por arte de magia.

En medio de todo eso apareció una nueva preocupación: empecé a notar que la salud emocional de algunos miembros del equipo se deterioraba muy rápido, pues llevaban ya un mes más de encierro que yo, ya que la empresa había tomado la decisión de mandarlos a casa mucho antes de que la restricción fuera obligatoria.

Para tratar de ayudar a mi equipo y ayudarme yo mismo, se me ocurrió hacer una reunión virtual una noche de viernes a la que llamé “terapia grupal con chela en mano”.La dinámica consistía en tres rondas de participación: una, para decir cómo se sentían y qué les preocupaba o angustiaba; la segunda, para decir qué nuevas habilidades habían aprendido en la pandemia, y la tercera, para dar un consejo o algo positivo que hubieran notado de estar encerrados y aislados.

Hicimos dos ejercicios similares. Debo decir que nunca me sentí tan cerca de ellos. Conocí aspectos de su personalidad y su vida que, pese a trabajar años juntos, ignoraba. Estoy seguro de que el sentimiento fue mutuo.

Descubrí que había una gran sabiduría en cada uno de ellos. Vi cómo las palabras de uno podían curar, darles herramientas y soluciones a los problemas de otro. Y todo por el simple hecho de bajar las defensas y decir: no sé, no puedo, no tengo la respuesta, vamos a averiguar juntos por dónde va…

Es algo muy positivo que trajo la pandemia: nos dimos cuenta cuánto nos hace falta el contacto humano que habíamos desdeñado por estar ‘clavados’ en el celular. Hoy, aunque encerrados y lejos, estamos más cerca de familiares y amigos, estamos más al pendiente de su salud física y emocional, y los traemos en el corazón.

“Hoy están descubriendo muchos líderes que pueden ser más cercanos, a pesar de la distancia física”, dice Tico Pérezgrovas, exfutbolista profesional, psicólogo, emprendedor serial y especialista en cultura laboral, que hoy codirige Empresas con Rumbo.

La fórmula parece sencilla, pero no lo es. Alex Ureña, experto en bienestar organizacional y liderazgo de alto rendimiento, uno de los 25 LinkedIn Top Voices de 2019 y también socio de Empresas con Rumbo, lo ve así: “Cuando confiamos en la gente que nos rodea, cuando sabemos que la gente va a dar su mejor esfuerzo, entonces no hay límites.”

Este cambio fundamental es, sin duda, algo que deben tomar en cuenta los líderes de las empresas y de cualquier organización porque es una oportunidad para avanzar a un liderazgo más humano, más compasivo y empático. ¿Lo lograremos?

Genaro Mejía es periodista digital y de negocios con más de 20 años de experiencia y LinkedIn Top Voices 2019