La resurrección de los muertos

La resurrección de Jesús no es el final feliz de un cuento de hadas, no es un final feliz de una película, sino que es la intervención de Dios Padre, allí donde está desecha la esperanza humana. Papa Francisco

La Semana Santa da más luz a la vida a los misterios de la vida que el resto de los días del año, quizá porque en esos días revivimos los más dramáticos sucesos de la existencia humana: final y principio, dolor y gozo, muerte y resurrección.

Pablo Mier y Terán Pablo Mier y Terán Publicado el
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La resurrección de Jesús no es el final feliz de un cuento de hadas, no es un final feliz de una película, sino que es la intervención de Dios Padre, allí donde está desecha la esperanza humana. Papa Francisco

La Semana Santa da más luz a la vida a los misterios de la vida que el resto de los días del año, quizá porque en esos días revivimos los más dramáticos sucesos de la existencia humana: final y principio, dolor y gozo, muerte y resurrección.

Apenas antes del inicio de esta Semana Santa por razones de salud, Gabriel García Márquez anunciaba su retiro de la vida pública, afirmando que si Dios le regalara un trozo de vida aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera, y justo el Jueves Santo nos enterábamos que ya había muerto. Y no es que Dios no haya regalado al poeta esos días que solicitaba; quizá se los regaló y todos, pero eso solamente él lo sabe y no estoy seguro de que en esta ocasión nos lo pueda contar. 

En esta ocasión sin embargo necesito compartir, amigo lector, la historia cercana de una niña morena y ágil, la misma  de la que Lorca escribiera: “que el  sol que hace las frutas y cuaja los trigos, hizo su cuerpo alegre, sus ojos luminosos y su sonrisa de agua”, la misma que un día -domingo de pascua, por cierto-  hace 4 años, se marchó del planeta.

Esa niña de negra melena que jugaba con el sol como un estero y era, parafraseando a Lorca, la delirante juventud de la abeja, se llamaba Mónica y viajó lejos antes de morir porque no hubiera podido despedirse de otro modo, no hubiera sabido hacerlo. Su adiós fue su viaje, su muerte un misterio.

¿Por qué se fue y porqué murió Moni? ¿Dónde está Mónica? En la fecha  de su partida tenemos la mejor respuesta, pero mientras no es la Pascua su madre llora y canta con Serrat al  Amigo que la ama:

 “Si la ves en primavera, corre con ella  por los trigales, arrancando amapolas, avena y grama para adornar el jarrón que hay junto a su cama”.

Y mientras canta adorna a diario de flores su lápida. 

“Si la ves cuando el verano -canta su madre-corre su mano  seca y calina, 

mécela entre tus brazos frescos de río. 

Y vuelve para contármelo amigo mío”. 

Y mientras su madre mira, escucha y recuerda todo lo que a ella llega de ella.

 “Si la ves cuando el otoño -reza su Madre…- cuéntale que la llevo como el abrojo, prendida en el pelo, el alma, el vientre y los ojos”. 

Como llevan siempre las mejores madres a sus hijos ausentes y presentes.

“Si la ves cuando el invierno -dice su madre al Amigo- viste su terno blanco y helado,  cuida que por las noches no sienta frío. 

Y vuelve para contármelo amigo mío”.

Dos ángeles tiene esa familia, uno en la tierra que da y puede llenar a todos de amor y paz y otro en el cielo de quién todos extrañan su alegría, su mirada y  su voz suelta y delgada, pero pueden colmarse también con su memoria.

Finalmente no olvidemos que las abejas trabajan siempre y que esta morena mariposa con espíritu apoideo verá nacer en su cuna hermosas flores de cuyo néctar y polen los suyos podrán volver a alimentarse. 

Mariposa morena y dulce, aun no estando también estas entre nosotros.  

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