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Opinión

¿Tu crees que el dinero se da en maceta?” Esa es una frase de mi mamá con la que me instaba a ganarme la vida trabajando. El valor que le hemos dado al empleo, en un mundo como lo conocemos, está en los ingresos, con eso garantizamos la comida, el techo, la ropa y hasta el entretenimiento.

La cruda realidad; qué no ha dejado el virus, sino la falta de determinación en las decisiones públicas para anticiparnos o administrar esta crisis sanitaria; es que hoy hay más de 12 millones de personas sin empleo formal en este país. Esto sin sumar a los otros millones de afectados de la economía informal que también sostienen a México.

A meses de haber podido tomar acciones que permitieran reducir los riesgos e impactos negativos, tenemos a gente que no tiene trabajo, por lo tanto, ingresos, de tal manera, que ni siquiera para los frijoles ni las tortillas. Todos los días recibo mensajes para pedir apoyo porque de plano no se tiene ni para comer.

No dudo, que todos los políticos, organizaciones civiles, empresas, estemos en el entendido de ayudar. Pero de ayuda no se vive, se vive de trabajar. No es sostenible para nadie y, menos, cuando se viene una debacle económica.

Increíble que, a pesar de esta situación, no se tenga el sentido de urgencia necesario. Pensemos que a las dificultades por trabajo e ingresos, se suman otras circunstancias como la del Huracán “Hanna” que “pegó” fuerte a los estados de Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León.

Pese a eso, el presidente se da baños de optimismo surreal. Pese a que las estadísticas no mienten. A esta hora, tenemos una caída histórica del PIB, en escenarios como los de 1996 y con un peso mexicano que vuelve a cerrar con pérdidas. Algunos proyectan que la recuperación podría ser de hasta 6 años.

Y ayer, que estuvimos 14 horas de jornada legislativa en el Senado. Ahí sentados votando dictámenes que pueden esperar. Con peleas insulsas y con una realidad que nos está reventando en la cara.

Esta brutal caída del PIB es la mejor señal de oportunidad para revirar en estar haciéndole perder el tiempo a las y los mexicanos cuyas empresas quiebran, en dónde se siguen perdiendo sus trabajos formales e informales, que están en la incertidumbre de no saber qué nos espera y que sin afán de heroísmos históricos ni triunfalismos innecesarios, necesitamos estrategias.

Si bien es cierto que no somos los únicos, que estamos en recesión global, que esto no sea excusa para ser omisos ante la necesidad imperiosa de tener respuestas. Nada se da en maceta. Lo que sí está creciendo es la indignación, la desesperanza y el desencanto sobre aquel hombre que prometió que primero los pobres. Pero que a la distancia de una campaña, ni los pobres, ni los ricos, ni nadie.

Esta “pandemia” económica no tiene cura con una vacuna, como tampoco se cura el hambre. Dicen que los seres humanos sólo podemos vivir tres días sin comer. Bueno, no habrá solidaridad que alcance. Demandamos decisiones y acciones contundentes aunque ya no estemos a tiempo.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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