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Opinión

Para el quarterback de los Santos de Nueva Orleans de los años 70, Archie Manning, cuya carrera tuvo algunos destellos como viajes al Pro Bowl o récords individuales, pero siempre sin presión alguna sobre los hombros al ser el líder de un equipo perdedor por costumbre, su nombre no sería sino una referencia más en las estadísticas de la NFL, de no ser porque bajo su tutela, surgieron entre sus tres hijos dos enormes jugadores: Peyton y Eli, el segundo y tercero de los hijos de la sólida familia formada con…

Su novia de la universidad

Olivia (Williams) Manning y Archie se conocieron en la Universidad de Ole Miss, en Mississipi. 

Saliendo de la Universidad contraen matrimonio y se mudan a Nueva Orleans, apoyando la carrera de Archie, que había sido reclutado por los Santos para esa temporada de 1971.

Tuvieron tres hijos, el mayor Cooper, muchos dicen que el de más talento para jugar “American Football”, debió renunciar a jugar en la Universidad por una rara enfermedad en la espina dorsal. Hoy es un exitoso hombre de negocios en Nueva Orleans.

Nadie le dice ‘doña Olivia’…

Pero si viviera en México así la llamarían muchos. Ella es el eje de esta familia a la que ha sabido mantener unida a lo largo de cuatro décadas, además de sus muchas actividades en apoyo a la comunidad de esta Nueva Orleans ó “Manning City”.

Los otros dos hijos, Eli y Peyton, desayunaban, comían, cenaban, dormían “casi casi” con un balón de americano como almohada y mochila.

Peyton estudia artes finas

Tras una decisión muy personal y en contra de los deseos de su padre, Peyton decide ir a la Universidad de Tennessee y no al “Alma Mater” de Archie, Ole Miss, fue como un rompimiento drástico pero necesario para quitarse la tutela de “papá” Manning sin dejar rencores.

Me queda clarísimo que para Peyton, y luego Eli, la Universidad era solo el trampolín para la NFL, eso de graduarse en “Artes Finas” no es como para batallar con los libros.

La decisión fue más que acertada, Peyton y Tennesse alcanzaron en esos primeros tres años lugares en los Tazones Colegiales, hubo agentes que le tentaron a dejar la Universidad para irse al Draft de la NFL, Peyton nunca dudó, regresó para su último año en 1997, sabedor que su generación estaba lista para un título Nacional del Futbol colegial.

Llegaron ranqueados número tres al Orange Bowl para enfrentar al siempre poderoso Nebraska,  ahí se estrellan recibiendo una paliza de 42-17 en su juego de despedida, ya listo para la NFL. 

Y el número uno es… ¡Peyton Manning! 

Los Potros de Indianápolis, entonces muy cuesta abajo, lo seleccionan número UNO global en el Draft de 1998, en donde hace su debut de inmediato logrando grandes números no solo en su año de novato, sino en las 13 temporadas que jugó para Indianápolis, en donde fue, es y será siempre respetado y muy querido a pesar de su salida a Denver hace un par de años.

La cena de Acción de Gracias y Navidad

“Doña Olivia” convoca cada años a que las tres familias de los hijos Manning se reúnan en la casa paterna-materna (expresión políticamente correcta) para celebrar esas dos fechas tradicionales en familia.

Los Manning, todos, son muy orientados a la religión cristiana que profesan.

Si Peyton o Eli tienen juego en esas fechas y las distancias lo permiten, llegan más tarde a la cena, ahí se abren regalos y se disfruta como esas familias sólidas y bien formadas.

Los tres anillos de los Manning

Seguramente a la hora del brindis ya después de la oración y la cena, Archie agradece en silencio ese enorme privilegio de ver reflejado en sus dos hijos los anillos de Superbowl a los que él ni en sueños pudo acceder. 

Peyton es el gran líder, la leyenda, el dominador, solo que Eli, que es un excelente quarterback pero no con los alcances de Peyton que ubicamos entre los cinco más grandes, luce dos anillos de Campeón del Superbowl con los Gigantes, mientras que Peyton tiene solo uno.

Los dos anillos de Eli los obtuvo en los dos únicos Superbowls que jugó con los Gigantes, su equipo hasta hoy.

Peyton, la leyenda, el estrella de los Manning, tiene “solo” uno a cambio de dos derrotas, el próximo domingo 7 de Febrero jugará no solo su último Superbowl, su último partido en la NFL, sino la última oportunidad de empatar su récord a “dos-dos”, sino de alcanzar a su hermano menor, Eli y así lucir iguales, al menos en los anillos de Superbowl… Así de fácil.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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