En épocas electorales es común lo que los expertos llaman “confirmación de sesgo” (la tendencia a aceptar un resultado estadístico cuando confirma nuestros sesgos y rechazarlo cuando no los cumple).

Claro, tampoco ayuda mucho que en varias ocasiones los resultados parecen contradecirse entre sí, ya  que esto alimenta la noción de que los medios están “comprados” para reportar a favor de un candidato.

Tomemos por ejemplo la última encuesta del periódico El Norte en Monterrey, en la cual 31.3 por ciento de los respondientes dijeron que votarían por el candidato independiente Jaime Rodriguez (El Bronco), seguido por Ivonne Alvarez (PRI) con 26.1 por ciento y Felipe Cantú (PAN) con 20 por ciento. 

Contrastamos esto con otra encuesta de El Horizonte, otro medio local, en dónde tanto Ivonne como El Bronco obtienen 32 por ciento y la historia parece ser enteramente diferente. ¿Alguien miente?

La realidad es que difícilmente podemos tomar a ciencia cierta estos ejercicios de pseudo-estadística, porque pecan de usar una metodología fallida. 

La primera encuesta toma como unidad de muestreo el distrito electoral. Es decir, se dividió al estado por sección electoral, tomando un porcentaje de posibles votadores a quienes les aplicaron la encuesta. 

De acuerdo con la metodología, si los encuestadores llegaban a una vivienda y los rechazaban (como sucedió en casi la mitad de ellos), escogían otra en ese mismo distrito e intentaban otra vez.

Por otro lado, la segunda encuesta tomó como medida de unidad el municipio, siguiendo un proceso similar. ¿Cuál es el impacto en la encuesta de esta pequeña diferencia? 

Para empezar, en la práctica los encuestados se están auto-seleccionando. 

Si los encuestadores llegan a tu casa y te hacen saber que vienen de El Norte o de El Horizonte, las personas que no están de acuerdo con el periódico, no lo conocen o simplemente tienen otras cosas que hacer, rechazan al encuestador. El resultado es una encuesta contestada, con cierto sesgo, por lectores del periódico que realiza el estudio. 

Pero incluso si los encuestadores eliminan este sesgo, por ejemplo evitando decir de cual periódico vienen, existen más peculiaridades que vale la pena observar.

Digamos que hay 20 habitantes divididos en dos municipios y cuatro distritos. Un municipio, cuyos habitantes favorecen al candidato A, tiene casi la mitad de población que el otro, por lo que el tamaño de su muestra es más pequeña. 

Si los ciudadanos se tienden a dividir en preferencia partidista de acuerdo a su municipio, esta metodología estaría sobre-estimando el impacto del partido A en la elección. La encuesta le está “atinando”, pero le da una ventaja de 3 a 1 al candidato A, cuando en realidad la distancia es de solo 10 puntos. 

Usando los mismos datos y el mismo tamaño de muestra, pero segmentando por distrito, (asumiendo que cada uno tiene la misma cantidad de habitantes) obtenemos resultados que favorecen al candidato del partido B, al ubicarlos en un empate técnico. 

Aunque se trata de números muy pequeños, este pequeño ejemplo ilustra como un cambio metodológico tan sencillo puede hacer una diferencia considerable en el pronóstico de los resultados. 

Sumándole el hecho de que los periódicos no mencionan el error estadístico de cada observación, obtenemos un indicador básicamente inútil.

Otra de las propiedades de las encuestas a la “antigua” es el espacio de tiempo en el que estas se realizan, especialmente en México. 

Al preguntar a los votantes en un espacio de 10 días (la metodología de El Norte) estamos en realidad viendo un promedio de intenciones de voto. 

Por ejemplo, si en el noveno día un escándalo influyó de manera importante en el electorado, esto no lo observamos. 

Con mensajes instantáneos, redes sociales, alianzas y escándalos, no resulta descabellado pensar que los encuestados cambian frecuentemente de preferencias. 

Asimismo, la manera en que se pregunta y hasta el color de ropa del encuestador influye de manera “artificial” en los resultados.

¿Entonces cómo saber qué encuesta es la correcta?

Un buen indicador podría ser la tendencia, pues a diferencia de una observación puntual, está te dice al menos que candidato podría entrar a la elección con una buena racha. La tendencia también nos ayuda a ver con un poco de claridad a través del error de muestreo, pues asumimos que el error en cada encuesta será más o menos parecido.

Sin embargo, lo único cierto es lo que muchos políticos profesan en estas épocas: la encuesta más importante es la del 7 de junio.