Todo parecía luna de miel, los primeros meses de Samuel García como gobernador de
Nuevo León, planteaban “un nuevo comienzo”, una relación de mutuo respeto y
entendimiento con el (¿H.?) Congreso del Estado, quizá con el mal ejemplo reciente del
gobernador independiente que quebró toda relación con los legisladores… eso no
funcionó.

Entre disputas por el liderazgo político, con los que aún sin ser legisladores mueven los
hilos del PRI y PAN en Nuevo León, arrancó el distanciamiento; pero todo se derramó
cuando llegó la elección de un nuevo fiscal para el Estado.

Digámoslo como es, en el 2021 Movimiento Ciudadano volvió a ser un partido de figuras,
es decir, ganaron únicamente los que tenían un peso mayor al que ofrecía la marca
naranja. Samuel García en Nuevo León y Luis Donaldo Colosio en Monterrey, pero ninguno
de sus candidatos a diputados logró salir vencedor en las urnas, ninguno.

Eso solo lleva a un camino, negociar con el matrimonio del PRI y del PAN que, en honor a
la honestidad, llevan varias legislaturas casados; se sienten cómodos negociando entre
ellos y desde ahí repartiéndose todas las posiciones en los distintos poderes, gozando de
vía libre para colocar a sus más cercanos, quién sabe cuándo se llegue a ocupar una cara
amiga.

Pero dónde sí se pasaron de listos, es en la elección del nuevo Fiscal de Nuevo León.
¿Adrián de la Garza? El ex rival del hoy gobernador que en lo menos lo acusó de nexos con
el narcotráfico, de enriquecimiento inexplicable y de ser un “junior” de la política. El
mismo Adrián que se fue con todo y sus videos contra la familia de García Sepúlveda.

¿En verdad creyeron que tan pronto todo se olvida? Pecaron de vivos. Esa disputa ha
quebrado toda relación entre el Ejecutivo y el Congreso, ha cortado el “nuevo comienzo”
entre alcaldes y gobernador e incluso llevó a romper la Mesa de Coordinación
Metropolitana.

¿Cuál es el afán? Teniendo el suficiente capital humano de nuestras universidades,
personas con intachable reputación y, lo más importante, sin vínculos con los partidos,
decidieron otra vez tomar la Fiscalía y poner a uno de los suyos. Con el descaro de dejar
en la terna a 4 miembros de su grupo político, todos cercanos al ex alcalde de Monterrey.

Tan pronto salió en redes sociales la terna de candidatos a Fiscal y los ciudadanos la
rechazaron, ¿otra vez los mismos?, ¿no se cansan de querer el poder?, ¿cuándo dejarán el
lugar a personas técnicas?, preguntas que se repitieron junto a insultos en cada nota
referente a los “4 adrianes”.

Hoy la imposición del nuevo Fiscal ha generado un caos en el Estado, uno donde no hay
acuerdos, no hay consensos y el que sale perdiendo, como siempre, es el ciudadano de a
pie.

No les importa Nuevo León, les importa mantener el poder a costa de lo que sea. Han
hecho del Congreso la moneda de cambio para negociar posiciones y presionar a sus pares
políticos.

¿Los intereses ciudadanos? Al final, quizá les vuelvan a importar en la siguiente elección.
Lo dicho, ningún partido político ha sabido estar a la altura y la grandeza de un Estado
como el nuestro.

Pónganle el color que quieran, no hay distinción.