La madrugada del 14 de octubre de 2011 Lucca nació y se murió. “Su hijo no se va a poder mover, ni hablar, ni caminar”, les dijo el médico a Bárbara Anderson y a su esposo.

También Bárbara se murió y volvió a nacer ese día, cuando les informaron de la parálisis cerebral de su hijo, tras la falta de oxígeno que padeció el feto antes del parto.

Había sido la mítica editora en jefe de la revista Expansión por muchos años y, para entonces, tenía cinco revistas a su cargo, al frente de más de 200 personas y trabajaba 18 horas o más al día.

Estaba acostumbrada a vivir a mil por hora, con agendas repletas y una vida milimétricamente planeada. Eso se acabó para siempre desde ese 14 de octubre. Su vida dio un vuelco. Dejó de ser la profesional obsesionada con el trabajo y con matarse para llegar a los resultados. Soltó el control.

“Cuando uno tiene un hijo con discapacidad aprende a esto, a que es lo que hay y hay que vivir con lo que se tiene y con lo que pase en ese día. Eso me ayudó mucho a no generar tantas expectativas, a no planear a largo plazo”, dice.

Sin saberlo, el nacimiento de su hijo le hizo desarrollar habilidades que hoy, en medio de la pandemia, la ayudan a adaptarse mejor y a salir adelante.

“Cuando tienes alguien con una discapacidad, las cosas siempre cambian: o tiene un ataque de epilepsia o tienes que internarlo, se enfermó… hay mil otras variables que no puedes manejar. Cuando no lo puedes manejar, hay que vivir con lo que hay. Y eso, la verdad es una excelente recomendación para esta época de contingencia”, dice la actual directora de Innovación Editorial de Grupo Milenio.

Tener un hijo con esta fuerte discapacidad que le impide moverse o hablar le enseñó que no puedes planear nada. Hoy enfrenta la pandemia y sus consecuencias de la misma forma que enfrenta su vida cotidiana: viviendo un día a la vez, enfocándose en lo que sí puede hacer y dejando a un lado lo que no.

“Una de las cosas que aprendí después de mucha terapia, de muchos avatares, de vivir con Lucca, es valorar lo que sí tiene y no preocuparme por lo que no tiene o no puede. Lucca no puede hacer un motón de cosas: no camina, no habla, no se mueve, es muy difícil que coma por su propia cuenta… Pero sí puede hacer muchas cosas: puede comunicarse con la mirada, puede hablar con una computadora, puede sonreír, disfrutar la tele. Entonces, me enfoco en lo que sí puede hacer. ¡Es maravilloso!”, asegura Bárbara, quien también es emprendedora social y activista a través del proyecto YoTambién.mx, una plataforma de contenidos sobre discapacidad, inclusión y accesibilidad.

Esta lección que Bárbara aprendió en octubre de 2011 con el nacimiento de su hijo es la misma lección que hoy todos debemos aprender con la pandemia. “En el confinamiento es igual: Si todos aprendiéramos a enfocarnos en lo que sí podemos hacer… que hemos descubierto que podemos hacer un montón de cosas encerrados, sería menos angustioso que enfocarte en las cosas que no estás pudiendo hacer.”

Y tú, ¿qué haces con lo que hay?

Genaro Mejía es periodista digital y de negocios con más de 20 años de experiencia y LinkedIn Top Voices 2019