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Opinión

Hace unas horas en Palacio Nacional, el presidente declaró: “Por lo general no ha estado a la altura de las circunstancias (el INE), por eso los fraudes electorales, porque no hay autoridad electoral independiente que defienda el derecho de los ciudadanos a elegir libremente a sus autoridades. Han estado ahí gentes oportunistas, serviles, obedientes al poder, sometidos a los grupos de intereses creados, gente inmoral, que han avalado fraudes electorales”.

Desde el primer día de esta administración hemos atestiguado con gran preocupación el acelerado proceso de desmantelamiento institucional que ha llevado a cabo el partido en el poder. A 18 meses de gobierno poco queda de los órganos reguladores, o de la CNDH, que arrastra un serio déficit de legitimidad.

Habrá que ver el futuro que les depara a instituciones en materia de derechos humanos, género e infancia como Conapred, CEAV, Conavim y SIPINNA, que han sido descalificadas por el presidente López Obrador arguyendo su alto costo y su supuesta falta de resultados.

Difícilmente podremos encontrar otro caso al que haya mantenido bajo acecho permanente como lo hace con el Instituto Nacional Electoral (INE), lo que representa un riesgo para nuestra democracia, máxime cuando el presidente pretende convertirse en el guardián de las elecciones, invadiendo con ello las funciones y autonomía del INE.

En los procesos electorales de 2021 se renovará la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas, 30 Congresos locales y mil 900 ayuntamientos, todo ello programado para el primer domingo de junio de ese año, y en el que se prevé la participación de 95 millones de electores.

Los intentos para lograr la captura del árbitro electoral no han cesado, han presentado iniciativas que proponen la desaparición de los institutos electorales estatales, y que los consejeros locales del INE sean nombrados por la Cámara baja, con lo intención de tener el control del órgano electoral, ya que éstos son quienes nombran a los consejeros distritales; además de acortar a tres años la presidencia del instituto, destituyendo con ello al actual consejero presidente, Lorenzo Córdova Vianello.

También han buscado que se entregue el padrón electoral a la Secretaría de Gobernación, han utilizado su mayoría legislativa para aplicar reducciones sustantivas al presupuesto del INE sin ninguna racionalidad, y hoy la exigencia, es la institucionalidad de los cuatro consejeros a elegir.

El INE cuenta con el valor más importante que es la confianza de millones de ciudadanos y también con un sólido reconocimiento internacional. No es casual que en las últimas dos décadas a partir del nacimiento del entonces IFE, hayamos vivido tres alternancias pacíficas en la Presidencia de la República.

Por lo que no hay manera de afirmar que el INE ha respondido a los intereses del partido dominante o a otro grupo de interés, y así debe seguir siendo. Como toda institución es perfectible, pero ante todo, es indispensable que defendamos nuestra democracia y libertades, y eso pasa por la defensa y fortalecimiento del Instituto Nacional Electoral.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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