En las últimas dos semanas, se han cometido tres masacrares en tres escuelas de tres estados distintos de Estados Unidos. El primer día de octubre, en Oregon, y el viernes pasado en Arizona y Texas. 

A raíz de la balacera en Oregon, en sus declaraciones el presidente estadounidense Barack Obama se vio notoriamente agotado por la alta recurrencia del tema. Insistió que Estados Unidos es el único país donde siguen existiendo este tipo de asesinatos absurdos. Además, se lamentó por no poder asegurar que no habría más asesinatos de este tipo durante su administración: seguramente no imaginaba lo pronto que iba a volver a suceder. 

Esto nos lleva al debate sobre la regulación de armas. 

Aparte de la clásica estrategia de recurrir a la Segunda Enmienda Constitucional, el siguiente argumento ha sido utilizado ampliamente desde la tragedia de Oregon: las masacres son un problema de salud mental, no un problema de armas.

La extensión de la frase popular “las armas no matan a la gente, la gente mata a la gente” es ridícula, sobre todo si se ve desde un punto de vista probabilístico. 

La lógica que corre detrás de la gente que defiende este argumento es la siguiente: 1) la mayoría (o todos) de los asesinos de este tipo de masacres padecen alguna enfermedad mental, 2) la gente con enfermedades mentales tienen tendencias a cometer asesinatos, 3) la solución es enfocar las estrategias en que los enfermos mentales dejen de cometer asesinatos, sin necesidad de establecer controles más estrictos de armas.

Este enfoque es erróneo por una simple razón: es diametralmente distinta la probabilidad de que un asesino que cometa este tipo de masacres tenga una enfermedad mental, a que una persona padeciendo una enfermedad mental cometa este tipo de asesinatos.

Tres hechos: 

1) En Estados Unidos existen millones de personas diagnosticadas con enfermedades mentales

2) En las últimas décadas, el número de masacres no supera más de varias decenas

3) La mayoría (o todas) de las masacres son causadas por gente que padece enfermedades mentales

Esto significa paradójicamente que la probabilidad de que una tragedia de este tipo sea perpetuada por alguien que padezca alguna enfermedad mental es cercana a 100 por ciento, pero la probabilidad de que un enfermo mental cometa una masacre es cercana al 0 por ciento. 

Han existido ideas terribles propuestas por gente que procesa mal estas probabilidades. Esto incluye una propuesta para que la policía tenga acceso a la historia médica de los pacientes con enfermedades mentales y así prevenir asesinatos. 

Ya que la probabilidad de que un enfermo mental comita una masacre tiende a cero, de nada le sirve a los policías tener acceso a los expedientes. Lo único que ocurriría es que la información de los pacientes corra el riesgo de ser mal manejada. 

Plantear mal la lógica de este problema endémico ha causado y seguirá causando muertes, hasta que se tome en serio la discusión sobre regular armas.