El pasado domingo, quienes nos manifestamos en defensa del Instituto Nacional Electoral (INE) dimos ejemplo de la civilidad política, de que la lucha por un bien común no es un agravio para alguien en específico, aunque así se quiere ver.

Estoy convencida de que descalificar, adjetivar y señalar a aquellos que tenemos una opinión y opción de país distinta de quienes gobiernan no suma a la civilidad política.

Quienes salimos libremente a defender al INE lo hicimos porque queremos vivir en una democracia, la cual ha costado muchos años tener en México.

Por eso hago un llamado a la civilidad política, a que se respeten todas las expresiones y las diversas maneras de pensar.

Lamento que desde la más alta autoridad del país se incite a la polarización, a la descalificación y se hagan señalamientos que llevan al odio social porque es justamente la más alta autoridad quien debe llamar a la paz, a la construcción de acuerdos, a la conciliación nacional.

A la ciudadanía lo que le urge es atender con una verdadera estrategia la seguridad que evite tanto daño y tanto dolor; a las familias lo que les urge es saber que nadie va a acabar con su patrimonio, que nadie va a desaparecer a una hija o a un hijo. Nos urge que las niñas, niños y adolescentes no sean cooptados por el crimen organizado y que las mujeres no sean víctimas de feminicidio. 

Urgen mejores empleos, que tanto hombres como mujeres tengamos más oportunidades, mejor educación, salud; son muchas las urgencias del país y son éstas en donde debemos ocuparnos quienes legislamos, quienes gobiernan y quienes hacen valer la justicia.

México necesita unidad no confrontación, mucho menos enfrentamientos verbales que llevan a dividirnos, cuando al final, todas y todos, buscamos vivir en paz, en armonía, con seguridad y con una economía sólida.

A todo lo anterior es a lo que nos debemos abocar y trabajar, independientemente del partido en el que estemos, porque la confrontación y la división nunca han llevado a nada bueno. Está comprobado que la confrontación no es buena en una familia, en una comunidad, en un municipio, en un estado, mucho menos en un país.

La marcha en defensa del INE y la democracia fue una muestra de que aunque pensemos distinto, aunque tengamos profesiones distintas, trabajos diversos, credos diferentes, cuando se trata del bien común podemos ser un solo México.

Una lucha de vencidas no es precisamente lo que le urge y necesita el país, cuando de por sí ya es violento el entorno en donde vivimos, debido a la expansión y presencia del crimen y la delincuencia organizada.

Hagamos civilidad política. Hoy, como nunca, vale la pena recordar nuestras clases de civismo, hoy la sociedad mexicana no quiere un país dividido ni confrontado, quiere y exige una nación unida.