La impunidad siempre ha estado enquistada en la sociedad. Foto: Archivo/Especial

Al amparo de la impunidad

En la mediana impartición de justicia, la investigación y castigo de quienes cometen delitos o violaciones a las garantías individuales no pasa del quemón público en redes sociales

Desde tiempos inmemoriales se confrontan las capacidades neuronales de distintos entes ciudadanos, políticos y sociales, todos con sus razones y modestias; a otres solo les provoca un cortocircuito interrogantes como: ¿Por qué no hay castigo para quienes la cagan en el servicio público? ¿A quién acudimos cuando un político, siendo candidato, propone un montón de soluciones obvias a malestares públicos? ¿Por qué no hay cárcel para quienes tienen influencias? ¿Por qué la justicia es solo para unos cuantos? Y así le continuamos a la cantaleta; la impunidad siempre ha estado enquistada en la sociedad.

Es relevante tener presente que además las lagunas en leyes, decretos y reglamentos se complementan con la corrupción. Esos hoyos negros están diseñados para ser susceptibles de recursos legales; que sean revocados por los mismos que hacen las leyes y la corrupción ejecutiva y judicial como son los que las aplican.

Y lo de menos son los datos, cifras y presentaciones, ya que por donde se le busque hay casos, sin soluciones, sin remordimientos, ni penalidades; es letra muerta en todo ese loqueron que no hace más que agüitarnos y sobre todo pasar por alto cada vez que nos patean los políticos sin tacto y los servidores públicos sin escrúpulos.

Lo que sí es de resaltar es que la posibilidad de que un delito sea resuelto es de apenas el 0.9 por ciento – y aquí no hay magia ni marketing de espejitos, solo apatía y desconfianza obvia ante los nulos seguimientos de la verdad.

Entonces si no las cumplen; ¿por qué no tienen sanción? A diferencia del mundo real, donde dizque existe la procuración de justicia para los consumidores de productos y servicios como lo es la Profeco, en donde en las denuncias mejor fundadas, con su respectivo seguimiento y sentenciadas, se dan indemnizaciones y en el mejor de los casos la devolución del dinero, porque en el peor de ellos solo se da el desistimiento tácito.

También está el instrumento jurídico que expone las ineficiencias en los procesos como es el Juicio de Amparo, que además es la consecuencia o circunstancia de la mediana impartición de justicia, de la mediocridad del sistema, donde la investigación y castigo de quienes cometen delitos o violaciones a las garantías individuales –o nombrados ahora como derechos humanos– no pasa del quemón público en redes sociales. Y así como de costumbre se disuelven los ánimos de denunciar, porque nunca pasa nada.

Pero también están los servidores públicos de los tres poderes que se entrelazan por distintos compadrazgos, motivos carnales, acuerdos nupciales, hermanamientos, complicidades familiares, rubros comerciales y colaboraciones entre sí –¡y todo queda en pandilla!

Estos son algunos de los miles de ejemplos de impunidad, esa que solo deja costra, pero nunca cicatriza: placas (2012), ejidatarios y avecindados de ciudad Mina, NL (2017), desfalcos y daños patrimoniales con Kia y Monterrey VI (2017), el cobijagate (2015), las broncofirmas (2019), Nueva Castilla y DIF Fabriles (2022), más todos los que se recuerden incluyendo los ejercicios indebidos de funciones, nepotismo y los clásicos peculados.

De todas formas, o por donde lo señalen la Fiscalía Anticorrupción es una vacilada; fue un truco mercadológico de la chaparra administración pasada para dar esperanza a cuentagotas: no hay cómo explicar el objetivo si no hay ni consignaciones ante algún juez –al cabo pueden ingresar otras tres mil carpetas y no sucederá nada, porque no solo los delincuentes profesionales se pasean con amparo bajo el brazo; ahora hasta la clase política en todos sus encuadres.

Otra onda que hay que recordar es el “péinate, Nuevo León” desde su anuncio a pocos días de asumir la gubernatura el adolescente ejecutivo con su línea temporal; inservible e inútil como tanta propuesta llana y de pocas buenas intenciones e inservible contra la corrupción.

Y lo que son las cosas: el destape definitivo de intenciones por la grande se da justo en el estado de Jalisco, el epicentro naranja; y también la cuna de una de las bandas más chingonas del rock setentero mexicano, que conjuntamente es el soundtrack perfecto a escasos días de las previas electorales. Shit City ´71 de la Revolución de Emiliano Zapata, fue, es y seguirá siendo un himno contestatario emanado de la hostilidad y represión que siempre nos ha jodido.

Pero para todo esto y más vienen los frentes ciudadanos llenos de furia, hartazgo, razón y mucho que denunciar, por las buenas o por las malas, porque como dijo Emiliano Zapata: “si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno”.

 

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