"(Putin) puede querer que Rusia diriga la nueva Unión Euroasiática, pero no desea conquistar el mundo"

George Parker

The New Yorker

Las piezas se siguen moviendo, muy sutilmente, en el tablero de Vladimir Putin. 

El presidente del Kremlin conmovió corazones con su discurso tras el referendo en “Crimea, que siempre ha sido parte de Rusia”. Y a pesar de las amenazas de la comunidad internacional continúa haciendo de las suyas, sigilosamente. 

“La anexión de Crimea es lo que Putin llama un ‘hecho consumado’. No será deshecho en mucho tiempo, si es que nunca. Y aunque el referendum fue ilegal a los ojos de la ley ucraniana y la ley internacional, y fue llevado a cabo fuera de circunstancias de libertad, el resultado probablemente reflejó la voluntad de la mayoría”, publicó The New Yorker el pasado 23 de marzo.

“Estados Unidos (EU) y Europa no van a arriesgarse en revetir la anexión, pues tienen un mínimo interés en Crimea, mientras Rusia, con gran interés, puede arriesgar casi todo para mantenerla”, agregó la revista estadounidense. 

En el texto realizado por el escritor George Parker,  se afirma que sería ingenuo creer en la palabra de Putin cuando dice que no tiene pensado tomar territorio ucraniano fuera de Crimea. El mandatario ruso necesita una atmósfera de crisis  y agravio continua para mantener el apoyo de su nación y así distraer a su público de la “corrupción, estancamiento y represión que han sido sus verdaderos récords como líder”. 

Pero ha sabido mover tan bien sus cartas que ni Bill Clinton, ni George W. Bush ni Barack Obama han podido descifrar su juego. 

“Por 15 años, Vladimir V. Putin ha confundido a los presidentes estadounidenses que lo han tratado de descifrar, solo para  juzgarlo mal, una y otra vez”, informó The New York Times el pasado 23 de marzo. 

Rusia aislada

Aunque al presidente ruso le sean indiferentes las represalias que la comunidad internacional toma en su contra, estas le han costado a Rusia la enajenación. 

El G7 que agrupa a las siete mayores potencias del mundo –EU, Japón, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia– se reunió ayer para analizar las sanciones que impondrán al Kremlin por anexar a Crimea. 

Esta misma reunión resultó en la expulsión de Rusia del G8, según comunicó ayer la Casa Blanca. 

“Debemos ser claros. No habrá reunión con Rusia este año”, aseveró el primer ministro británico, David Cameron.  

Mientras “el G7 parece más interesado en evitar que la escalada de tensión se propague a otras regiones de Ucrania que en recuperar Crimea”, apuntó ayer el diario español El Mundo. 

Y este no sería el único precio que Putin deberá pagar por su nuevo triunfo. Las sanciones financieras impuestas por EU y la Unión Europea empezaron a hacer ruido en Rusia. 

“El mercado de valores cayó fuertemente el viernes (…). Los inversores en valores rusos están preocupados por las sanciones, un acuerdo que se ha convertido en una amenaza cada vez más tangible”, informó The New Yorker el pasado 21 de marzo. 

Y a pesar de todas las consecuencias, la mayoría de los expertos coinciden que el presidente del Kremlin va por más, pues parece no conformarse, jamás.