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Morsi entra, Lugo sale

Indigo Staff

En Egipto, hoy Mohamed Morsi ha hecho historia de modo imponente, al convertirse en el primer islamista que gana la presidencia en la nación árabe más populosa.

Es un hombre cultivado que estudió en la Universidad del Sur de California, pero fiel a sus raíces. 

Pasó un tiempo en la cárcel del régimen de Hosni Mubarak, pero no tanto como otros islamistas.

Morsi, ingeniero educado en Estados Unidos, resulta un enigma: a pesar de su educación resulta desagradable para algunas élites seculares.


Jun 25, 2012
Lectura 8 min

"Sobre todo va a tener que luchar contra el ansia de poder de los militares que se resisten a ceder el poder al rais elegido en libertad”

- Ana Carbajosa

Corresponsal de El País en El Cairo

"La oposición simplemente no estaba de acuerdo con las políticas de Lugo y no aprobó la forma en que gobernó”

- Michael Shifter

Presidente de Diálogo Interamericano

"Morsi no tiene talentos, pero es leal y obediente a los líderes del grupos, quienes se ven por encima de otros musulmanes”

- Abdel-Sattar el-Meligi

Ex miembro de la Hermandad Musulmana

El nuevo presidente logró la victoria en la elección más libre en la historia de Egipto, y ahora debe probar su carácter encarando a la junta militar

En Egipto, hoy Mohamed Morsi ha hecho historia de modo imponente, al convertirse en el primer islamista que gana la presidencia en la nación árabe más populosa.

Es un hombre cultivado que estudió en la Universidad del Sur de California, pero fiel a sus raíces. 

Pasó un tiempo en la cárcel del régimen de Hosni Mubarak, pero no tanto como otros islamistas.

Morsi, ingeniero educado en Estados Unidos, resulta un enigma: a pesar de su educación resulta desagradable para algunas élites seculares.

El candidato islamista logró la victoria en la elección más libre en la historia de Egipto, y ahora debe probar su carácter encarando a la junta militar que en días recientes despojó a la presidencia de auténtico poder.

Mohamed Badei ha emulado concienzudamente la estrategia del grupo musulmán de amalgamar una doctrina de línea dura con pragmatismo a corto plazo. 

Por ejemplo, el actual presidente es antiisraelí, pero no ha pedido que se anule el tratado de paz de 1979 entre Israel y Egipto.

Sus antecedentes dejan claro que no será un interlocutor cómodo para Israel, como lo era Mubarak. 

Funcionarios de la Hermandad han dicho que el mandatario egipcio no se reunirá con israelíes, pero que tampoco impedirá que otros lo hagan.

Morsi ayudó a construir las bases electorales de la Hermandad al tiempo que efectuaba reuniones clandestinas para evitar la prisión por “pertenecer a un grupo prohibido”, según el gobierno de Mubarak.

El ahora presidente permaneció ocho meses en prisión en 2008, acusado de mostrar solidaridad con jueces independientes.

Después del levantamiento en enero de 2011 fue recluido por unos días en la cárcel pero logró escapar con ayuda de otras personas, logrando derribar los muros.

Se dice que el actual presidente nunca ha sido el hombre de las ideas en la Hermandad. Más bien ha fungido como un ejecutor de políticas. 

Sus detractores dicen que Morsi es parte del ala dura de la Hermandad que ha mostrado poca flexibilidad o voluntad para lograr acuerdos. 

“Él no tiene talentos, pero es leal y obediente a los líderes del grupos, quienes se ven por encima de otros musulmanes”, dijo Abdel-Sattar el-Meligi, un ex alto miembro de la Hermandad que se separó del grupo.

“Él cumpliría con cualquier labor que los líderes le asignaran, pero sin creatividad y sin cualidades únicas”.

Por su reputación, mucho se cree que el nuevo presidente  solo estará subordinado a las decisiones de quien será el poder detrás del poder: Jairal el-Shater, hombre fuerte de la Hermandad Musulmana.

El-Shater no pudo ser el candidato de la Hermandad porque fue sentenciado a pena carcelaria durante el régimen de Mubarak. 

Morsi fue postulado candidato suplente, lo que le ganó el nada halagador mote de “llanta de repuesto”.

El candidato islamista mostró cierta capacidad porque supo hacer ajustes durante su campaña. 

Al principio se inclinaba por aplicar la ley islámica, enfocándose sobre todo en clérigos e islamistas. 

Después de la segunda ronda y con Ahmed Shafiq como único contrincante, Morsi serenó su discurso para captar el voto laico, describiéndose a si mismo como “el candidato de la revolución”.

Mohamed Morsi viajó a Estados Unidos, donde obtuvo un doctorado en la Universidad del Sur de California.

A diferencia de muchos de sus paisanos, el actual presidente regresó a Egipto y enseñó mecanizado de precisión en superficies metálicas de 1982 a 1984.

El mandatario señaló que desea reformar las agencias gubernamentales corruptas e ineficientes de Egipto así como restaurar la economía del país. 

Sin embargo, en los últimos días, el consejo militar disolvió el parlamento, al que dominaban los islamistas, y se arrogó poderes amplios que dejaron al presidente con poca autoridad en asuntos políticos importantes.

La interrogante actual es si el nuevo presidente asumirá un papel protagónico para controlar a los generales y revertir los decretos de éstos, como exigen sus simpatizantes.

El día de ayer, el presidente electo inició consultas para formar el nuevo gobierno, dijo un asesor.

Aproximadamente la mitad de los votantes boicotearon la segunda vuelta electoral el fin de semana pasado.

La victoria de Morsi es un logro sorprendente para la Hermandad Musulmana y prometió que será un “presidente para todos los egipcios”.

Ahora el nuevo mandatario enfrenta una lucha formidable por el poder con los gobernantes militares del país, aún dominantes, quienes asumieron el puesto tras la caída de Mubarak.

Los generales dicen que las medidas tenían como fin llenar un vacío de poder hasta que no se redacte una nueva Constitución.

Yaser Alí, portavoz de la campaña de Morsi dijo que la prioridad principal de Morsi es la “estabilidad de la escena política”

Y Paraguay despide a su presidente

La débil democracia paraguaya nuevamente está a prueba a partir de los últimos sucesos. 

La mayoría en el Congreso enjuició y destituyó al presidente Fernando Lugo, tras ser acusado por la Cámara de Diputados de no desempeñar bien su cargo.

La destitución ocurrió siete días después de la muerte de 17 personas en un enfrentamiento armado entre policías y campesinos sin tierra, que fueron desalojados de una reserva forestal.

La revuelta fue el detonante, pues provocó acusaciones formales entre el ex mandatario y sus antiguos aliados.

“Los choques del viernes (pasado) por los conflictos de tierras fueron un catalizador”, dijo Grant Hurst, analista de la consultora IHS en Londres. “(Fue) magnificado por la tierra donde se produjo la invasión, de propiedad del ex senador Blas Riquelme”.

La gota que derramó el vaso fue el nombramiento de dos personas del núcleo duro de Lugo como Ministro del Interior y Jefe de la Policía sin ofrecer participación a los aliados que lo llevaron a la presidencia.

“Lugo ha sido un presidente políticamente débil desde el comienzo de su mandato”, dice Michael Shifter del Diálogo Interamericano. 

“La oposición simplemente no estaba de acuerdo con las políticas de Lugo y no aprobó la forma en que gobernó”, agregó Shifter. 

Se especula que la oposición manipuló el sistema, apegándose al pie de la letra a la ley pero apartándose del principio democrático. 

Fue la remoción de un presidente impopular.

Shifter concluyó: “si los presidentes fueron derrocados por las razones citadas, habría pocos presidentes latinoamericanos que se queden en la presidencia”.

La oposición política de Lugo creció en inconformidad cuando el presidente no los incluyó en la toma de decisiones importantes como el manejo de tierras por parte de las organizaciones campesinas. 

El gobierno del mandatario depuesto tuvo una agenda de izquierda que tampoco gustaba a sus antiguos aliados.

El reemplazo de Lugo es Federico Franco, con quien nunca tuvo una buena relación.

Franco se enfrenta al desafío de convencer a gobiernos de naciones latinoamericanas que han puesto en duda la legitimidad del nuevo gobierno paraguayo y han negado su reconocimiento.

La tensión creció enormemente en el país, pues la mayoría de las escuelas suspendieron clases por seguridad, debido a la movilización de campesinos.

En clínicas y hospitales se activó el código rojo para recibir grandes cantidades de heridos.

Paraguay no tiene una base tributaria. A partir de enero de 2013 instaurará el Impuesto a la Renta Personal a una tasa de apenas el 10% sobre ganancias y salarios.

El presidente chileno, Sebastián Piñera, mandó a llamar a su embajador en Asunción, Cristian Maquieira, para analizar la situación.

Piñera afirmó que “no se respetó el legítimo derecho a la debida defensa que está contemplado en la propia Constitución de Paraguay, y también en el derecho internacional”.

Por lo pronto, Franco recibe la espalda de la mayoría de los países de la región, quienes retiraron a sus embajadores de las sedes diplomáticas en Paraguay.

Franco completará el truncado periodo de gobierno de Lugo de cinco años hasta el 15 de agosto de 2013. 

(Con información de AP)


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