Una semana después del referéndum, miles de ciudadanos de Cataluña protagonizaron este domingo una movilización histórica, la cual llega en medio de la fuga masiva de bancos y otras grandes empresas que ponen en un serio predicamento al Gobierno catalán, principal impulsor del independentismo y que, a pesar de todo, podría declarar de forma unilateral en las próximas horas la separación de España.

Las imágenes de la manifestación, con la calles de Barcelona desbordadas, ponen en entredicho el discurso oficial del presidente catalán, Carles Puigdemont, quien con los dudosos resultados de la consulta del 1-O ha seguido adelante con su intentona separatista.

Y es que no se puede pasar por alto que una de las medidas de presión utilizadas por los independentistas en las semanas previas al referéndum fue precisamente la movilización masiva en las calles para exigir al Gobierno central su derecho a la consulta.

Alrededor de 350 mil personas, según la cifra de la Guardia Urbana, o más de un millón de personas, según la Societat Civil Catalana (organizadora del acto), son la clara muestra de que no se puede generalizar que toda Cataluña quiere salir de España.

Bajo el lema “Recuperem el seny” (Recuperen la sensatez), la multitudinaria manifestación contó con el respaldo de la cúpula del Partido Popular y Ciudadanos, y culminó con dos discursos del expresidente del Parlamento europeo, Josep Borrell, y el Nobel de Literatura peruano, Mario Vargas Llosa.

El escritor fue especialmente crítico con los impulsores de la independencia catalana, e hizo un llamado para acabar con el nacionalismo, advirtiendo que éste ha llenado la historia de España y el mundo de guerra, sangre y cadáveres.

“La democracia española está aquí para quedarse y ninguna conjura independentista la destruirá”, sentenció Vargas Llosa.

La movilización comenzó a las 11 de la mañana en la Plaza Urquinaona de Barcelona, y se desarrolló de forma pacífica, entre gritos y consignas como “Viva España y viva Cataluña” o “Puigdemont a prisión”.

Álex Ramos, vicepresidente de la Societat Civil Catalana, llevó a cabo la lectura de un manifiesto del movimiento en donde piden acabar con la marginación hacia los catalanes no nacionalistas así como con la confrontación, la confusión y el dolor que se vive tras el 1-O.

350

Mil personas participaron en la marcha, según la Guardia Urbana

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Millón de personas acudieron a la manifestación, según la Societat Civil Catalana

Bajo presión

Carles Puidgemont, presidente de la Generalitat, ha pedido comparecer el día de mañana en el Parlamento catalán, presumiblemente con la intención de decretar de forma unilateral (e ilegal) la independencia de Cataluña.

Sin embargo, los más recientes acontecimientos podrían obligar a los independentistas, si bien, no a dar marcha atrás al proceso, sí a aplazar la decisión para reorganizar las fuerzas.

Y es que en los últimos días, los dos grandes bancos catalanes, CaixaBank y Sabadell, anunciaron que saldrán de Cataluña, además de otros de menor tamaño que se han fusionado o han sido absorbidos por otras instituciones mayores ante el temor de una crisis económica en caso de que se decrete la independencia.

A los bancos se ha sumado también el éxodo de importantes empresas como Gas Natural Fenosa o la firma de biotecnología Oryzon, que ante la incertidumbre jurídica han aprovechado las facilidades del Gobierno español para trasladar su sede principal a ciudades como Madrid o Mallorca.

Incluso se espera que en los próximos días o semanas, la lista se siga incrementando.

Este fenómeno ha sido calificado como de extrema gravedad por el presidente del Gobierno catalán, Carles Puigdemont.

Las repercusiones económicas que podría traer esta fuga masiva de capitales de Cataluña se está volviendo uno de los principales problemas para el gobierno autonómico y sus aliados, a tal grado que ha causado divisiones entre aquellos que impulsan la soberanía.

La diferencia de criterios se debe primordialmente a la velocidad y al manejo de los tiempos para, como ellos dicen, aplicar los resultados del referéndum y decretar la independencia de Cataluña.

Mientras persiste una corriente que busca acelerar la declaratoria asumiendo las consecuencias posteriores, el Gobierno catalán podría estar yendo en el sentido contrario y ganando tiempo para intentar tranquilizar al sector empresarial y por tanto aplazar la decisión de la declaración de independencia.

Al interior del Ejecutivo catalán y en las cúpulas de los partidos aliados independentistas el debate se empieza a centrar en la conveniencia de declarar la separación de inmediato o postergarla, tomando en cuenta el alcance que han tenido estos factores.

Muchos de quienes siguen convencidos de declarar la independencia aseguran que nunca habían estado tan “cerca” de lograrlo -aún con todo lo que significa- y por tanto insisten en pisar el acelerador, aunque otros creen que con el entorno actual cualquier prisa podría terminar con el “sueño”.