47%

de los japoneses llegan a los 20 años sin haberse jamás involucrado en una relación romántica


"La pregunta es ¿cómo podemos hacer mientras? Es un problema que no se resuelve de un año a otro, tarda mínimo dos décadas. Hay que ir planeando"

Shinji Hirai

Investigador del CIESAS

https://www.youtube.com/watch?v=LbJjE0lE1Kc

Mientras algunos países sufren los estragos de la sobrepoblación, el gobierno de Japón está preocupado porque sus ciudadanos están perdiendo el interés en el sexo.

Una reciente investigación de la Asociación Japonesa para la Planificación Familiar reveló que cerca del 50 por ciento de los adultos nipones no están teniendo relaciones sexuales. 

La encuesta, realizada a tres mil personas, halló que 48.3 por ciento de los hombres y 50.1 por ciento de las mujeres no habían tenido sexo en el último mes. 

Esto representa un incremento del cinco por ciento con respecto a un estudio similar que se realizó en el 2012.

Entre las explicaciones están que más del 21 por ciento de los hombres dijeron que estaban muy cansados después del trabajo y casi 16 por ciento aseguraron que ya no les interesaba el sexo porque su esposa ya había estado embarazada.

Al mismo tiempo, cerca del 24 por ciento de las mujeres mencionaron que el sexo les parecía aburrido y alrededor del 18 por ciento culpó al trabajo. 

Además, más del 20 por ciento de los hombres de entre 25 y 29 años, considerada la edad más fértil, indicaron que no estaban interesados en el sexo. 

Otra pesquisa, de la agencia O-net, descubrió que casi la mitad de los japoneses de 20 años confesaron que nunca han estado en una relación romántica y que uno de cada cinco nunca se ha enamorado. 

El sondeo también develó que 23.5 por ciento de estos nuevos adultos no quiere casarse.

Estos hallazgos se relacionarían con la disminución de la tasa de natalidad, que el año pasado se colocó en apenas 1.4 nacimientos por cada mujer. 

Golpe a la economía

Shinji Hirai, experto del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), advierte que este fenómeno es un gran problema para la economía, pues Japón perdería hasta 10 millones de trabajadores para el 2030.

Hirai afirma a Reporte Indigo que hay sectores industriales de gran crecimiento, como la construcción, que sufrirán escasez de mano de obra.

“(La preocupación del gobierno) tiene que ver con el riesgo que puede detonar en diferentes sectores de la industria, va a reducir el número de trabajadores”, expone el investigador. 

“Hay mucho trabajo, pero no hay gente”. 

Otro problema, añade, es que hay industrias que se enfocan de forma directa en los jóvenes, como la educación privada, que están en riesgo de desaparecer.

“Lo que va a suceder en los próximos años es la desaparición de muchas universidades privadas, que no tienen tanto privilegio, van a desaparecer o se van a fusionar”, sugiere.  

¿Abrir las puertas a los migrantes?

Shinji Hirai explica que hay naciones desarrolladas, como las europeas, que compensan sus bajas tasas de natalidad con altos índices de imigración.

Pero en Japón no sucede esto porque la idea no es atractiva.

“Hay un problema”, asevera, “como no se ha hecho abiertamente un debate sobre la necesidad de abrir la frontera del mercado laboral y cómo va a ser, el problema demográfico es muy grave.

“Por eso todavía la opinión pública de los japoneses es muy cuidadosa con relación a posibles llegadas de extranjeros, porque piensan que Japón se va a convertir en un país como Estados Unidos y algunos países de Europa, donde se nota la diferencia de clases y también el orden social, no va a ser lo mismo”. 

Las proyecciones demográficas estiman que, si el país oriental mantiene el actual índice de nacimientos, para el 2050 tendrá un población de 95.2 millones de habitantes, un 25 por ciento menos de los 127.8 millones que tenía en el 2005.

Por ello, Hirai argumenta que urge una discusión pública sobre el tema, pues los esfuerzos gubernamentales por estimular la procreación no son suficientes.

“El problema no se resuelve tan fácilmente y el gobierno está viendo cómo podría mejorar el índice de nacimiento”, indica. 

“(Pero) la pregunta es ¿cómo podemos hacer mientras? Es un problema que no se resuelve de un año a otro, tarda décadas, mínimo dos décadas. Por eso hay que ir planeando desde ahora”.