El pasado 15 de mayo, el gobierno de Israel, representado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, bombardeó un edificio en Gaza, el cual albergaba las oficinas de diferentes medios internacionales, como Al Jazzera y Associated Press, bajo el argumento de que las instalaciones resguardaban armamento terrorista.

Ante esto, el embajador de Israel en México, Zvi Tal, publicó en sus redes sociales un llamado para que el Estado mexicano reconociera el derecho de los israelíes a defenderse de ataques palestinos.

Los mensajes de Zvi Tal llamaron la atención, ya que dejaron en claro que, si bien México no es un actor relevante en Medio Oriente como sí lo son otras potencias, Netanyahu sí lo mantiene en su radar, lo que representa un factor a considerar para Andrés Manuel López Obrador y su reconocimiento del Estado palestino.

En su historial, Netanyahu presume de haber desafiado a potencias occidentales cuando éstas buscan intervenir en el conflicto de Oriente Próximo. Tan solo la semana pasada, cuando el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pidió poner fin a las agresiones en Gaza, el veterano de las Fuerzas de Defensa Israelíes respondió que no pararía hasta “devolver la paz y la seguridad a los ciudadanos de Israel”.

Como antecedente directo están las tensiones diplomáticas entre Israel y países europeos, como Alemania, Francia, España, Portugal y Bélgica, los cuales amagaron con sanciones comerciales y hasta con reconocer al Estado palestino, si Netanyahu mantenía su plan de ocupar Cisjordania.

Pese a esto, el gobierno israelí siguió impulsando en Jerusalén el desalojo de ciudadanos palestinos para entregar el territorio a ocupantes de Israel, lo que terminó por detonar protestas a inicios de este año.

Ante esta situación, el doctor Moisés Garduño García, director del Taller de Estudios sobre Medio Oriente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, explica que la estrategia del gobierno mexicano debe enfocarse en resguardar las relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, al mismo tiempo de abogar por frenar la crisis humanitaria.

“Lo que hay que hacer es mantener estrictamente intocables esos intereses del Estado mexicano; por ejemplo, el acuerdo de libre comercio que hay con Israel, las inversiones que pueda haber aquí en términos de tecnología, pero siempre ponderando y equilibrando el reconocimiento de otros actores políticos que hacen posible que México tenga otra mirada en Medio Oriente, como Palestina”, dice.

Aunque desde 1998 México a Israel comenzaron negociaciones comerciales, no fue sino hasta el 2000 que ambos Estados acordaron crear un Tratado de Libre Comercio (TLC), un acuerdo que, aunque no se utiliza de manera cotidiana, sí signfica que Israel es el principal socio de México en Medio Oriente, realizando con él más del 40 por ciento de las actividades comerciales en la región.

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