En 2020, cuando la mayoría de los gobiernos europeos decidieron implementar el confinamiento para prevenir contagios por COVID-19, un fenómeno fue ocurriendo día con día: las emisiones de dióxido de carbono (CO²) por la quema de combustibles fósiles disminuyeron.

Según las estimaciones de la Oficina Europea de Estadística, Eurostat, las emisiones en la Unión Europea (UE) cayeron un 10 por ciento con respecto a 2019 a medida que los países miembros impusieron estas cuarentenas.

Así, mientras Grecia tuvo la mayor caída con 18.7 por ciento, le siguió Estonia con 18.1; luego Luxemburgo, con 17.9; España, con 16.2, y finalmente Dinamarca, con 14.8.

Los que experimentaron menores reducciones fueron Malta, con uno por ciento; Hungría, con 1.7; e Irlanda y Lituania con 2.6.

A lo largo de la última década, los cuatro emisores principales de CO2 , de acuerdo con la Organización de la Naciones Unidas (ONU), han sido China, Estados Unidos, la Unión Europea y la India, contribuyendo al 55 por ciento de las emisiones totales, mientras que los miembros del G20 generan el 78.

A finales de 2019, Naciones Unidas había pronosticado una disminución en las emisiones de CO² para 2020, destacando que esa caída no sería relevante a menos de que los países involucrados hicieran algo al respecto.

“La crisis del COVID-19 solo ha desencadenado la disminución a corto plazo de las emisiones mundiales y no supondrá una contribución de peso a la reducción de las emisiones para el 2030, a menos que los países aspiren a una recuperación económica que incluya una descarbonización enérgica”, aseguró.

El Programa para el Medio Ambiente explica que para que el calentamiento global se estabilice, es esencial que la reducción en las emisiones se mantenga con vistas a llegar a las cero emisiones netas de dióxido de carbono.

Situar a los gases de efecto invernadero en el cero neto provocaría la cúspide del calentamiento global y su descenso a partir de entonces.

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