Las autoridades rusas volvieron a poner la mirada en Alexey Navalny, uno de los opositores más fuertes del presidente Vladimir Putin, en esta ocasión por crear y gestionar una “red extremista”.

Según informó el Comité de Investigación de Rusia, dicha red, la Fundación Anticorrupción (FBK) que lideraba Navalny, “tenía como fin desacreditar a las autoridades rusas e incitar sentimientos de protestas entre la población para hacerle creer la necesidad de un cambio de poder”.

Debido a ello, al opositor lo podría reprender con 10 años de prisión, sumándose a los dos y ocho meses que ya se le habían adjudicado en febrero pasado por haber violado el régimen de libertad condicional al acudir a Alemania para atender su salud tras ser envenenado, supuestamente por el gobierno de su país.


Actualmente, Alexey Navalny ya se encuentra en prisión tras ser detenido en enero pasado luego de permanecer en Alemania

Pero no sólo Navalny podría recibir esa condena, sino también ocho de sus colaboradores en la FBK, como Leonid Volkov, jefe de la oficina de Alexey; Iván Zhdánov, exdirector de la Fundación Anticorrupción, y Lyubov Sobol, abogada y mano derecha del también activista.

A diferencia de Navalny, quien actualmente permanece tras las rejas, tanto Volkov como Zhdánov no se encuentran en el territorio ruso desde inicios de este año, principalmente para evitar que las autoridades los detuvieran.

Eduardo Palacios Cabrera, miembro del Centro de Estudios de Países Post-soviéticos, con sede en Moscú, opina ante esta nueva acusación en contra de Alexey que es muy probable que el Comité de Investigación de Rusia concluya darle los 10 años de prisión, pues tendría todos los argumentos para hacerlo.

“Creo que sí tendría los argumentos para darle otros 10 años de prisión, pero tomando en cuenta que esto sea una acusación fabricada con fines políticos (…) Es como una manera de decir ‘hasta aquí, esto es lo que le va a pasar a todos aquellos que se opongan al proyecto de Estado ruso y lo pongan en riesgo’”, asegura.

Con esta acusación, Rusia confirmaría la represión a la disidencia que por años la ha caracterizado, y la cual se ha extendido a rubros como la censura del Internet y al hostigamiento y agresiones físicas contra periodistas, de acuerdo con Amnistía Internacional.


“Que no nos sorprendan este tipo de acciones. En Rusia el gobierno tiene prácticamente el control del Estado, y para que estos proyectos con un líder fuerte funcionen y continúen en el poder, necesitan de un férreo control de las instituciones estatales; entonces, no debe ser sorpresivo que a este opositor y a otros que vengan se les imputen crímenes y alegaciones con tal de mantenerlos fuera de la esfera política”

Eduardo Palacios Cabrera

Miembro del Centro de Estudios de Países Postsoviéticos

Oponerse desde el exterior

Además de Alexey Navalny, en Rusia han habido múltiples opositores que se han manifestado contra el gobierno, pero hasta ahora ninguno ha logrado el cambio de régimen que desea.

Por ejemplo, desde la llegada de Vladimir Putin al poder, la mayoría de sus disidentes han terminado en el mismo punto: encarcelados o muertos por supuestos envenenamientos.

Como Alexander Litvinenko, un antiguo oficial del Servicio Federal de Seguridad rusa quien, al terminar siendo crítico de Putin, perdió la vida envenenado tras reunirse en un hotel con Dmitry Kovtun, exagente de la agencia de inteligencia.

Bajo ese escenario, el maestro Palacios Cabrera destaca que los próximos opositores puede que no se representen como lo han hecho hasta ahora desde el interior de su país, sino desde el extranjero, donde a las autoridades nacionales les sea difícil ubicarlos.

“Claro que pueden seguir surgiendo disidentes tras el caso de Navalny, pero creo que estar jugando con las reglas de quien las impone no es lo más inteligente, sobre todo con regímenes tan autoritarios (como el de Rusia)”, opina.

Pero aunque surja un opositor ruso desde el exterior, el especialista considera que un cambio de régimen podría tomar bastante tiempo en ejecutarse tanto en Rusia como en cualquier otra república soviética, a menos de que nazca desde el descontento de la gente.

“Mientras la situación a nivel interno no llegue a estándares muy bajos de desarrollo social o de calidad de vida, la población no se va a levantar por sí misma”, sostiene el maestro.

Ejemplo de ese continuo soporte al actual gobierno, el cual estima un crecimiento económico para 2030 tras la crisis de la pandemia, fueron las elecciones legislativas del pasado 19 de septiembre, donde salió favorecido el partido de Vladimir Putin, Rusia Unida, con más del 45 por ciento de los votos.

De ese modo, al menos de manera temporal, no se prevé una futura caída del mandato ruso a pesar de sus actuales y futuros opositores.

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