Los fenómenos naturales extremos son más frecuentes cada año e impactan con más fuerza a los sectores vulnerables por las pérdidas económicas que estos implican y la dificultad para reponerse de ellos.

Para medir el impacto de una lluvia torrencial, un terremoto, el incendio de grandes extensiones de bosques o una helada existen diversas escalas, pero hay un indicador universal que nos habla de los desastres provocados por estos fenómenos naturales extremos: el económico.

En todas las regiones del mundo y desde la conformación de las primeras civilizaciones el ser humano ha tenido que sortear la fuerza de la naturaleza, pero durante los últimos años estos acontecimientos son cada vez menos atípicos y generan mayores consecuencias para los sectores más vulnerables.

Del periodo de 1980 a 1999, el costo promedio anual por este tipo de desastres en México fue de 455 millones de dólares, mientras que del 2000 al 2018 llega hasta los dos mil 357 millones de dólares anuales para su atención, según datos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) brindados por Karina Leal, directora de Cambio Climático en Pronatura, organización civil dedicada a la conservación de la biodiversidad.

Estas estimaciones representan la suma de pérdidas tanto en el ámbito social como en el económico, aunque la clasificación de daños que se toma en cuenta se divide en: directos, los cuales abarcan infraestructura y vida humana; y los indirectos, estos son los que se relacionan a la producción económica y el gasto de reconstrucción.

“Los fenómenos naturales extremos que originan mayor impacto y ocurren con mayor frecuencia son los hidrometeorológicos, es decir, los ciclones tropicales, las lluvias extremas, las inundaciones, las heladas, las sequías y las olas de calor, los cuales abarcan cerca de un 80 por ciento en el país”, menciona Leal.

Sin embargo, los estragos de estos desastres naturales no serían tan extendidos sin condiciones previas de vulnerabilidad como las económicas, sociales, políticas y culturales que se identifican en comunidades y personas.

Esto se convierte en una cadena que permea en la sociedad; la insuficiencia de ingresos, la dependencia de una sola actividad y el índice de rezago social alto provocan carencias en los ámbitos de salud, educación y servicios básicos.

Incluso dentro de grupos vulnerables se presentan casos propios de estas situaciones en mayor medida, por lo general, los adultos mayores, las personas con alguna discapacidad, las mujeres y niñas, están expuestos a estas circunstancias.

Además, las catástrofes propician un aumento de 1.5 y 3.7 puntos porcentuales de la pobreza de acuerdo con un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señalado por Griselda Franco, gerente de Justicia climática y acción humanitaria de Oxfam México en entrevista para Reporte Índigo

Casos específicos de los sucesos climáticos muestran embates económicos por los infortunios. En Tabasco, por ejemplo, los frentes fríos de octubre y noviembre de 2020 que suscitaron lluvias intensas provocaron la muerte de 10 personas, daños en infraestructura del estado y pérdidas económicas calculadas en 13 mil millones de pesos, explica Leal.

El sismo del 2017 que repercutió en diversos lugares como la Ciudad de México, trajo consigo costos que oscilaron alrededor de los tres mil 264 millones de dólares, siendo uno de los desastres que ha tenido más impacto en el país, refiere Leal.

La privación de herramientas y recursos suficientes se vuelve un impedimento para quienes desean enfrentar de manera digna y con los medios necesarios las afectaciones de estos fenómenos.

Uno de los sectores que se ve más afectado por fenómenos meteorológicos es el agropecuario. “Durante el año 2000 hasta el 2012, este sector presentó las mayores pérdidas con 42 mil millones de pesos, así lo indica un estudio del Centro de Estudios de Finanzas Públicas”, detalló Franco.

En tanto, los desastres climatológicos son parte de la variabilidad natural, no se originan del cambio climático, sin embargo, la contribución de los gases de efecto invernadero y el calentamiento global ha alterado la manera en que se presentan estos fenómenos naturales aumentando su frecuencia e intensidad.

Reparación difusa ante fenómenos naturales

La prioridad ante un desastre recae en la prevención, atención inmediata y en la recuperación, sobre todo en ésta última por ser la más descuidada, ya que las personas de las comunidades afectadas tienen que hacer lo posible para resarcir los daños existentes sin apoyo gubernamental ni privado.

“En el huracán Grace, que afectó a Veracruz, Puebla e Hidalgo, lo que vimos es que para aquellos productores de sal y pimienta, su periodo de recuperación va a ser entre seis a 10 años”, expresó Franco de Oxfam México.

En los países menos desarrollados las afectaciones son mayores, el tiempo que tardan en recuperarse puede ser más prolongado que en otras partes del mundo, para ellos el retroceso y las pérdidas que les causan afectan de una forma más intensa en su crecimiento.

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