Reporte Indigo

ECONOMÍA

El Abenomics muestra fragilidad

Aunque la economía de Japón reportó un crecimiento del 2.6 por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB) durante el segundo trimestre del año, no es la cifra que el país esperaba.

Aunque esta cifra no sea del todo sorprendente, es un una buena noticia para Japón, que había estado estancado por un largo tiempo.

Sin embargo, esta es la era del Abenomics, la era de la supuesta reactivación económica auspiciada por el primer ministro Shinzo Abe.

Analistas especulan que el bajo y lento crecimiento se debe a la mala organización y productividad de los negocios. En donde las expectativas de flexibilización cuantitativa masiva ha debilitado el yen cerca de un 12 por ciento desde principios del 2013. 

Eso incentivó e impulsó las ganancias de los exportadores japoneses en gran medida. Sin embargo, la inversión empresarial cayó un 0.4 por ciento anual.

Como consecuencia, las empresas tendrán que empezar a elevar las condiciones, los salarios y los beneficios de los empleados, así como el desarrollo y tecnología de producción.

Amenazante deflación

Por lo pronto, este crecimiento mucho menor a lo esperado no habla mal del Abenomics, sino que muestra la fragilidad de la recuperación de Japón, en donde se esperan cambios más radicales para poder crecer con un ritmo constante, como el ya mencionado y posible impuesto sobre las ventas. 

Estas cifras abren el debate sobre si Japón será lo suficientemente fuerte para poder mantener un crecimiento mayor al 3 por ciento que se planeó para este año, aun con el posible impuesto sobre las ventas que se espera anunciado para finales de agosto.

Lo riesgoso de este impuesto es que puede contrarrestar el reciente logro de Japón por empezar a liberarse de la deflación, y comenzar con inflación de 0.4 por ciento, la primera subida de los precios en más de un año, y la cifra más elevada en cinco años. Implementar un impuesto sobre el consumo amenazaría a revertir ese crecimiento. 

Mientras que el Abenomics ha demostrado ser una bendición para las empresas mediante el fortalecimiento de sus beneficios e incremento de sus ganancias, aún tienen que aplicarse al plan y trabajar en la misma dirección que el gobierno, traduciéndose a la intensificación de la inversión, que resultó en una caída a un ritmo anual de 0.4 por ciento.

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