“El crecimiento económico sin inversión en el desarrollo humano no es ético ni sostenible”

Amartya Sen

Economista indio

El capitalismo es el sistema económico que más riqueza y progreso material ha generado en la historia. Eso no lo discute nadie. Sin embargo, el modelo económico actual no ha sido suficiente para distribuir los beneficios del crecimiento. El atraso permanente de las regiones más pobres del mundo rompe con la teoría ortodoxa de desarrollo que plantea que, eventualmente, los países pobres convergerán hacia condiciones similares a las de los países ricos.

Esta noción se reafirma en un reporte publicado por la Fundación Bill y Melinda Gates, la que es, probablemente, la institución filantrópica de mayor impacto en el mundo. El documento expresa que, bajo la trayectoria de desarrollo actual, las Metas de Desarrollo Sostenible que la Organización de Naciones Unidas planteó hace dos años para el 2030 son, en su mayoría, inalcanzables.

Aún bajo escenarios optimistas, es poco probable que se cumplan los objetivos respecto a la incidencia de pobreza, mortalidad materna, mortalidad infantil, subdesarrollo infantil,  tuberculosis e infecciones VIH.

Esencialmente, el documento de la Fundación Bill y Melinda Gates no representa una crítica frontal del sistema económico capitalista, que hoy enfrenta las críticas más duras desde que acabó la guerra fría. El auge de los movimientos populistas en las democracias de Occidente se ha leído como un síntoma político del estrés económico que ha generado la automatización, la concentración del poder de mercado en un sinnúmero de industrias y las consecuencias de una política monetaria que, en la opinión del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, ha profundizado la brecha de desigualdad de ingresos y de riqueza.


Pese a los contextos favorables, es poco probable que se cumplan los objetivos respecto a la incidencia de pobreza, mortalidad materna e infantil, subdesarrollo infantil, tuberculosis e infecciones de VIH

Un grupo de economistas argumenta que estas tendencias han propiciado una dinámica de estancamiento de la productividad y, por ende, estancamiento del crecimiento, factor preponderante para la reducción de pobreza.

A pesar de que los críticos de las Metas de Desarrollo Sostenible consideran que  éstas son objetivos humanitarios extremadamente ambiciosos, el rezago entre el resultado esperado y el resultado proyectado bajo la tendencia actual es referido por la Fundación Bill y Melinda Gates como un asunto extremadamente preocupante. Melinda Gates, la esposa del fundador de Microsoft, dijo que el reporte representa una llamada de atención para algunos líderes globales: “Cándidamente, es poco probable que alcancemos todas las metas, algunas realistas y otras aspiracionales, pero eso no nos absuelve de la responsabilidad de acercarnos al objetivo lo más que podamos”.

Las palabras de Melinda Gates tenían un destinatario evidente: Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, quien, bajo la bandera de su política aislacionista de “América Primero” ha propuesto reducir sustancialmente la ayuda asistencialista de Estados Unidos etiquetada para el desarrollo social de naciones más pobres.


“Cándidamente, es poco probable que alcancemos todas las metas, algunas realistas y otras aspiracionales, pero eso no nos absuelve de la responsabilidad de acercarnos al objetivo lo más que podamos”

Melinda Gates

Cofundadora de la Fundación Bill y Melinda Gates

India, China y la pobreza

Uno de los objetivos prioritarios de las Metas de Desarrollo Sostenible es la erradicación total de la pobreza extrema para 2030. Esto sugiere que para el 2030 no debería de existir ningún ser humano viviendo con menos de 1.90 dólares al día.

Este planteamiento no luce particularmente descabellado si se observa la tendencia de reducción de pobreza de largo plazo. En 1990, el 35 por ciento de la población global vivía en condiciones de pobreza extrema. Para el 2016, la cifra se redujo a un 9 por ciento.

Se proyecta que, bajo las condiciones económicas actuales, el 6 por ciento de la población global vivirá con menos de 1.90 dólares al día en el 2030. La Fundación Bill y Melinda Gates argumenta que la desaceleración en la reducción de pobreza se debe en gran medida a que el avance en el combate a la pobreza se atribuye sustancialmente al dinamismo económico de China e India en las últimas dos décadas.

Actualmente, estos dos países representan las economías de mayor crecimiento en el mundo. El Fondo Monetario Internacional espera que la expansión económica de China para este año sea de 6.7 por ciento y que la de India sea de 7.2 por ciento. Goldman Sachs prevé que en el 2050 China será la primera economía del planeta, superando a Estados Unidos, y que India ocupará el tercer puesto.

Se trata de dos Estados fuertes que utilizaron una mezcla de una apertura económica relativa con objetivos muy específicos de política industrial. Los economistas de desarrollo, especialmente aquellos que hacen énfasis en el rol del institucionalismo en el crecimiento económico, sugieren que será muy difícil  replicar esta receta en otros países rezagados de África, Asia e incluso América Latina.

Como se demuestra en los indicadores de pobreza que se presentan en esta publicación, el costo humanitario de este rezago es elevadísimo.


Las palabras de Melinda Gates tenían un destinatario evidente: Donald Trump, quien bajo la bandera de su política de ‘América Primero’ ha propuesto reducir la ayuda asistencialista de EU para el desarrollo social de las naciones más pobres